viernes, 17 de diciembre de 2010

¿HABRA SIDO UN ANDROIDE? -- Vivian Ibarra




¿HABRA SIDO UN ANDROIDE?

Vivian Ibarra




Era la noche de un día agitado (I should be sleeping like a dog). Pero como siempre, estaba preocupada. No había pasado ni una hora del día sin que me preguntara por el origen real de aquel tipo. Cualquier persona hubiera pensado que era un tipo de verdad (la verdad, ni siquiera se lo habrían preguntado). Pero para mi ojo experto de cazadora de androides, ese rubio tenía algo de falso. No era su forma de hablar ni de sonreír. Era la manera de despegarse siempre, de poner kilómetros de distancia afectiva. Claro que ahora, con todos esos avances nucleares y la maldita realidad virtual, uno no podía saber a ciencia cierta quién era qué. A veces yo misma dudaba de mi real nacimiento y de todos los recuerdos y memorias a los que recurría con asiduidad. Hasta me veía sangrar y me dolía el vientre como a cualquier mujer. Hasta creía recordar haber tenido orgasmos. Pero, siempre dudaba.
El rubio, a quien había perseguido por órdenes expresas del capitan general de la CXV interacial, era exageradamente inteligente y culto. Y esas eran características casi inalcanzables para el ser humano promedio. Incluso cuando yo había entrado al primer nivel de entrenamiento militar para detectar androides a corta, mediana y larga distancia, había fallado en preguntas simples sobre cultura general.
¿Quién no sabía que el libro sagrado de los cristianos se llamaba Biblia y que la palabra misma significaba libro? Pues yo... el primer cadete con honores que al final de la inspección corporal había resultado mujer. Mis compañeros me llamaban Hanna Solo por lo antipática, visceral e inteligente que había sido desde mi llegada a la unidad (y, por supuesto, en honor de aquel personaje de película antigua a quien la mayoría de los otros actores detestaban).
Las pruebas a que eran sometidos los posibles androides eran muy simples. Tenían que serlo porque esas máquinas eran decididamente tan inteligentes que nunca racionalizarían una cosa sencilla.
Al principio, utilice con él la técnica del reposo. Es decir, dormir a su lado pero sin ningún tipo de roce epidérmico. No se inmutó. Pero esa prueba es muy simple de rechazar ya que con la vieja historia del Sida y con el archivo secular del asexualismo postmodernista, casi nadie quiere compartir sensaciones. Además, gracias al sexo por Internet, la gente suele aplicarse solo automasajes aliviantes.
Después, en vista de mi fallido intento, aplique masajes a su espalda tratando de descubrir algún lunar que encubriera alguna entrada de energía. Pero una vez más, la polución nuclear y el hueco en la capa de ozono habían contribuido a que todo el mundo tuviera lunares, verrugas y manchas solares. Segundo fallo.
La prueba de historia antigua, también la pasó. Se podía todos los libros que se habían escrito en los siglos 20 y 21 sobre ciencia ficción (tema obligado en las escuelas primarias del mundo subterráneo). Tercer fallo.
Estaba realmente desesperada. Sobre todo porque yo sentía cierta afinidad corporal con el tipo (y eso que se me habían eliminado todas las sensaciones emotivas... o eso creía yo). Me gustaba tocar su piel pues el roce me producía estática (muy parecida a la que tienen las telas sintéticas al acercarlas a la pantalla de una computadora). También me gustaba su olor, pues no tenía ninguno. Algún día, alguien confiaría en mi experiencia e incluiría los olores o su falta como prueba determinante en la localización del objetivo. Mientras tanto, nadie daba un cinco por esa teoría.
La prueba decisiva salió a flote casi casualmente. Una de mis amigas (la cual no tenía ninguna vinculación política ni religiosa con mi comando de búsqueda y rastreo), me dió la idea. Me invitó a salir con el rubio y su amigo... para ver que salía de aquella cita. Una noche de copas en el mejor bar de la estación MIR36 (mejor dicho, un antro para solitarios, desesperados y buscadores de recompensa).
El amigo resultó otro rubio. Bastante normal, porque 20 minutos más tarde se había desaparecido con mi amiga, huyendo hacia los reservados con pantalla multivideo para sexo sin contacto.
Al otro rubio, singular objeto de mis investigaciones y deseos, lo dejé solo en la barra, rodeado de espectaculares mujeres llegadas desde todas partes del mundo. Le llovieron las oportunidades. No me sorprendió en lo más mínimo que no reaccionara ante las provocaciones femeninas. Al final de cuentas, yo estaba segura de que era un androide.
En cuanto se dispuso a salir del lugar, me apresuré a seguirlo. Después de todo, me pagan para eliminarlos. Y no debo experimentar ningún tipo de compasión por ninguno de ellos. En un pasillo de corredor automático, apunte hacia su espalda con mi arma dotada de un microchip borrador de energía.
No funcionó. Siguió caminando. Pensé, "tiene un procesador incorporado para eliminar la banda de ultrasonido". Así que decidí cortar su cabeza para detener el flujo.
Cercenado en dos. Me acerco con precaución. Eliminado. Saco su documentación y observo.
Oppss! También era un buscador de androides... y andaba detrás de mí!


FIN

jueves, 9 de diciembre de 2010

BESTIARIO DE CIENCIA-FICCION // EL HURKLE

CIENCIA-FICCION



Theodore Sturgeon


Lirht está situado en un plano diferente del universo, o bien en otra galaxia. Tal vez estos términos signifiquen lo mismo. El hecho es que Lirht es un planeta con tres lunas (una de las cuales es desconocida) y un sol, que es tan importante en su universo como el nuestro.
Lirht está habitado por los Gwik, su raza más desarrollada, y por otras especies que lo están menos, que, a propósito de esta narración, pueden pasarse por alto. Exceptuando, por supuesto, a los hurkle. Estos son muy apreciados por los gwik como animales domésticos, si bien es necesario tener en cuenta el hecho de que un hurkle es tan afectuoso que no puede ser leal. Los hurkle más bonitos son los azules.
Ahora bien, en la ciudad más grande de Lirht se plantearon graves problemas, de los que no hablaremos puesto que no hacen a esta historia, y un gwik llamado Hvov, a quien pueden olvidar ahora mismo, hizo volar un edificio que era muy importante, por razones que no comprenderíamos. Este suceso causó una gran agitación y los habitantes dejaron sus hogares y sus trabajos en las fábricas, acudiendo hacia el centro de la ciudad. Así sucedió que quedó abierta una puerta en cierto laboratorio.
A pesar de que ocurran grandes sucesos, los pequeños menesteres de la vida diaria siguen su curso habitual. Durante los «Diez días que conmovieron al mundo», los cafés y teatros de Moscú y Petrogrado permanecieron abiertos, la gente se enamoró, pleitearon unos contra otros, murieron, derramaron sudor y lágrimas, y algunas de éstas fueron de risa.
De la misma forma, en Lirht, mientras se llegaba a la decisión sobre lo que le sucedería al miserable Hvov, los gwik siguieron fansendo, blarteando y campendo. El pulso agitado de la vida continuaba y en los anams crecían los corsons.
En el laboratorio mencionado, que había quedado abierto a raíz de tales importantes circunstancias, remoloneaba un cachorro de hurkle. Estaba muy feliz de hallarse allí, pero indudablemente el hurkle es, por naturaleza, un animal feliz.
Examinó, sin temor alguno (podía volverse invisible si se lo asustaba) y dedicó un brillo de simpatía a las patas de las mesas y a las luminosas paredes. Se movía sinuosamente, arqueando la espalda y jugueteando en el suelo. Sus patas delanteras y traseras eran rígidas; el par de patas de en medio tenía dos juegos de articulaciones en la rodilla, uno hacia adelante y otro hacia atrás.
Su contextura era ingeniosa como la de un escorpión, y su color, el más perfecto azul.
Casi la cuarta parte del laboratorio estaba ocupada por una enorme e intrincada máquina, todavía no colocada en su sitio, que tenía signos de que en ella estaban trabajando en varios proyectos que incluían toda la galaxia: conexiones temporales entre uno y otro componentes, cables que terminaban en pinzas metálicas, aparatos de medida que se hallaban situados en mesas auxiliares cercanas.
El cachorro examinó la máquina con curiosidad y ánimo amistoso, dedicándole una serie de radiaciones que hacían que brillara, lo que equivalía a un ronroneo. Saltó delicadamente de uno a otro lado, presionando con suavidad, pero con firmeza, una llave situada en el suelo. El cachorro miró curiosamente y descubrió, dentro de la maraña de alambres y resortes, la más atractiva escena que jamás hubiera visto.
Era como la reverberación del calor sobre un campo en barbecho, como un torbellino de humo, como las luces de neón sobre el pavimento húmedo. Para el animal, ese parpadeo anaranjado era como el olor de la menta para el gato, o como el del anís para los terriers terrestres.
Se dirigió hacia el resplandor, afirmó las patas en un soporte - afortunadamente no había desviación de la energía a tierra - y trepó. Subió desde el transformador a la unidad energética, retozó cerca de un condensador - cuyo ajuste se modificó - desapareció momentáneamente al sentir el calor de un tubo y finalmente se meció sobre el límite del resplandor.
Este se hallaba suspendido en el aire, dentro de una especie de gabinete, rodeado de grandes bobinas que poseían, cada una, decenas de miles de vueltas de alambre delgado y voluminosas asas condensadoras.
Uno de los lados de la parte delantera del gabinete se hallaba abierto, y el cachorro se quedó allí, fascinado, meciéndose hacia adelante y hacia atrás, al ritmo de una música inaudible que él mismo hacía para contrastar con esta llama que surgía de la nada.
Hacia adelante y hacia atrás, hacia adelante y hacia atrás, se mecía y balanceaba, en una onda de deliciosa, excitante sensación.
Y entonces sucedió que desplazó su centro de gravedad demasiado lejos de su punto de apoyo. Esto bastó para que cayera en el gabinete, dentro de la llamarada de color.

Un mediodía sofocante de junio, un maestro apellidado Stott, cuyos deberes incluían la enseñanza de siete materias a cuarenta alumnos en la escuela de una pequeña ciudad, estaba escribiendo en una pizarra.
Escribía la palabra Madagascar, y el aire era tan cálido y húmedo que sentía cómo la camisa se pegaba y despegaba, en su espalda, cada vez que hacía una a.
Detrás de él sintió un leve murmullo, proveniente de los alumnos de séptimo año. Sus reflejos, bien entrenados, le permitieron no volverse hasta que terminó de escribir la palabra, momento en que el cuarto vibraba con el alboroto de los niños.
Stott se enfrentó a ellos, abrió la boca, pero la volvió a cerrar. Una cosa como ésta requeriría más que una reprimenda de compromiso.
Sus cuarenta pilluelos se retorcían y rebullían sin descanso, y el sonido que producían, una especie de risa seca y nerviosa, era único.
Aquí, una mano rascaba frenética una nuca, allá un muchacho escarbaba ansiosamente debajo de la camisa, más atrás una pequeña damisela, compuesta y arreglada, frotaba sin descanso su cuero cabelludo.
Con plena conciencia del valor del enfoque individual, Stott preguntó:
- ¡Hubert!, ¿qué sucede?
Inmediatamente, la actividad disminuyó en el cuarto, si bien proseguían las fricciones.
- Nada, señor - dijo Hubert.
Stott paseó su mirada por la sala. Dondequiera que la posaba, se interrumpía el rascado, reemplazándolo un angustioso control.
La cosa parecía empezar por meneos y contorsiones. Stott se pasó el pulgar por la costilla inferior izquierda.
Alguien dejó escapar una risa. Antes de poder identificar al causante, Stott comenzó a experimentar una intensa picazón.
Trató de reprimir el impulso de rascarse, cerró firmemente las mandíbulas y se prometió a sí mismo que no se dejaría vencer por la tentación mientras estuviera al frente y fuera el centro de todas las miradas.
- Bueno, alumnos, ahora... Comenzó a decir, y se interrumpió.
Había algo en el alféizar de la ventana abierta. Parpadeó y volvió a mirar. Notó la existencia de una nubecilla traslúcida, de color azul, casi imperceptible.
Era menos que algo, pero ciertamente era más que nada. Si, con esfuerzo, trataba de discernir, podía llegar a imaginar una criatura arqueada, con demasiadas patas.
Pero, por supuesto, eso era ridículo. Apartó la vista y regañó a la clase.
Había tenido dos tristes experiencias con bombas de mal olor, y recordaba haber visto alguna vez una cosa que se anunciaba en un escaparate denominada algo así como «polvo que causa picazón».
¿Sería aquello el causante de este tormento? Sin embargo, era prudente no acusar a nadie todavía; si se equivocaba, corría el peligro de darles a estos pequeños genios algunas ideas poco recomendables.
Trató otra vez:
- Alumnos... - Tragó saliva. Este picazón era... - Bueno, alumnos...
Notó que una cabeza, y luego otra, y luego otra, se volvían hacia la ventana.
Entonces comprendió que si la clase se interesaba demasiado por lo que él había visto en el alféizar, pronto tendría que enfrentarse a un pánico.
Agitadamente, trató de encontrar el puntero y golpeó con él dos veces sobre el escritorio.
Hay que decir que su control no era el de siempre; golpeó demasiado fuerte, y sonó como si fueran disparos.
La clase entera se volvió hacia él, y la forma que apareció en la ventana comenzó a verse mucho más claramente.
Era azul, de un azul verdaderamente hermoso. Tenía una cabeza pequeña y esférica, y en el otro extremo se veía una forma similar.
Además poseía cuatro patas rígidas y rectas, y dos centrales, que parecían no tener huesos. Sobre esto, un cuerpo sinuoso.
Donde estaba la cabeza, vio cuatro pares de ojos, de tamaño gradualmente distinto.
Se mantuvo moviéndose allí durante unos diez segundos, y luego, sin un sonido, saltó por la ventana y se fue.
Mr. Stott, pálido y - tembloroso -, cerró los ojos. Sus rodillas se aflojaban y sobre su labio superior apareció un reborde de sudor.
Se aferró al escritorio y forzó a sus ojos a permanecer abiertos, y luego oyó la campana que terminaba otro día de clase, inundándole de tranquilidad, calmando su terror, devolviéndole el autocontrol.
- Pueden retirarse - farfulló, y se echó hacia atrás en el asiento.
Los alumnos recogieron sus cosas y se levantaron pasando de los murmullos agitados al alboroto caleidoscópico que los apretujaba en la puerta.
Mr. Stott se hundió en la silla, notando que el terrible picazón había desaparecido desde que golpeó con el puntero sobre el escritorio.
Ahora bien, Mr. Stott era un hombre metódico. Se enorgullecía de su habilidad para enseñar a sus alumnos a usar sus poderes de observación y todo aquello que la lógica ponía en sus manos.
Tal vez recuperaría, después de un rato, estos dos poderes, de los que creía poseer más de lo que suele ser habitual en la gente.
Se sentó, mirando sin ver la ventana abierta, sin reparar tampoco en la pradera bañada por el sol que se hallaba más allá.
Luego de repasar una media docena de veces lo sucedido, retuvo dos hechos importantes:
Primero, el animal que había visto, o que pensó que había visto, tenía seis patas.
Segundo, era de tal naturaleza que cualquiera que lo viera, o que pensara que lo veía, podía creer que se había vuelto loco.
Estos dos hechos tenían dos corolarios: Primero, que todos los animales que había visto hasta ahora, poseedores de seis patas, eran insectos.
Segundo, que si algo había que hacer con respecto a esta extraña criatura, era mejor que lo hiciera él mismo. Sin olvidar que cualesquiera que fuesen las medidas a adoptar, habría que tomarlas inmediatamente.
Se imaginó teniendo que cerrar las ventanas, con este calor, para dejar a la cosa fuera, y el pensamiento lo acobardó.
Preveía el posible efecto de un animalejo tal en medio de una clase de niños de alrededor de diez años y la idea le asustó. No, ciertamente no cabían demoras.
Se acercó a la ventana y examinó el alféizar, sin hallar nada. La inspección le reveló un lugar vacío. Se quedó pensando un rato, mientras se mordía el labio inferior.
Finalmente bajó a pedirle al encargado una bolsa de más de dos kilos de DDT «para un experimento». Se armó de una ancha caja de madera y un ventilador, colocándolos en una mesa que luego puso cerca de la ventana.
Entonces se sentó a esperar, por si la extraña bestia azul volvía a aparecer.

Cuando el cachorro de hurkle cayó, se preparó para llegar hasta el suelo, o por lo menos hasta la parte inferior del gabinete.
Recibió una sorpresa cuando vio que no caía, que descansaba sobre una superficie plana. De todas formas se sintió muy atemorizado y miró para todos lados, respirando anhelosamente y con los reflejos prestos para reaccionar.
El gabinete había desaparecido. El resplandor también. Y el laboratorio, con sus ventanas iluminadas por la coloración anaranjada del cielo de Lirht, con sus innúmeras hileras de instrumental reluciente, con sus voluminosas y complejas máquinas, tampoco estaba allí.
El animal se desperezó sobre la extensión que lo rodeaba, algo así como un prado. Los colores eran rarísimos; todo parecía hallarse a media luz, desenfocado. Había árboles, pero no pequeños y chatos como los de Lirht, sino enormes, de troncos rectos y majestuosos.
Los gases atmosféricos, distintos a aquellos a los que estaba acostumbrado, tenían colores; una especie de neblina débilmente coloreada velaba y delineaba todo.
El cachorro retorció sus cafmores y movió sus kum sin moverse del lugar donde se hallaba. Era indudable que ningún aprendizaje previo podía ayudarlo en la situación en que se encontraba.
Finalmente, trató de desplazarse; y allí fue cuando tuvo su segunda sorpresa. En vez de arquearse, comenzó a flotar en el aire, y volvió a tierra luego de haber dado el mayor salto que recordara.
Se acurrucó en el extraño césped, que parecía salido de un sueño, mirando azorado hacia todos lados, hacia arriba y hacia abajo. Se sentía solo y aterrorizado, y lo estaba pasando muy mal.
Vio su sombra a través de la leve neblina, y esto lo asustó mucho, porque en Lirht no proyectaba sombra cuando se asustaba.
Aquí todo sucedía mal y al revés: en vez de hacerse invisible cuando se asustaba, se hacía más fácil de distinguir; sus piernas parecían no funcionar bien y no había un solo malapec a la vista.
Creyó oír cierta música alegre, que sonaba bien dentro de su cabeza, pero que de alguna manera no resonaba en la forma debida.
Trató, con extrema precaución, de volver a moverse. Esta vez su trayectoria fue mucho más breve y mejor controlada.
Probó con un paso corto y rasante, y le pareció que lo había logrado. Luego se balanceó en su flexible par de patas de en medio y con completo abandono, se impulsó hacia arriba.
Subió hasta unos cinco metros, dando vueltas y vueltas, y aterrizó sobre sus patas rígidas. Esta sensación era verdaderamente encantadora. Recuperándose de la extraña y deliciosa sorpresa volvió a saltar.
Esta vez fue más lejos y más alto y al tocar el suelo rebotó alegremente dos veces. Todas estas agradables experiencias habían hecho que el miedo se le pasara.
El hurkle, como sabemos, es un animal feliz. Corcoveó, surcó el aire, se remontó y volvió a elevarse, y finalmente encontró en su camino una pared de ladrillos, con resultados asombrosos y desagradables.
Estaba aprendiendo, a golpes, la diferencia entre peso y masa. El efecto no fue grave, pero sí doloroso. Justo cuando comenzaba a sentirse bien...
Miró hacia arriba y vio lo que parecía ser una abertura en la pared, a unos tres metros del suelo. Lleno de espíritu de aventura, saltó y quedó parado sobre el alféizar, hazaña de la que se enorgulleció.
Se agazapó en este nuevo lugar, mientras se atusaba, y miró hacia dentro. El panorama que observó le pareció de lo más agradable.
Más de cuarenta feos y divertidos animales, aparentemente sujetos a maderos a la altura de sus extremidades inferiores, movían las cabezas, gesticulaban y murmuraban. Al otro lado del cuarto vio a otro monstruo, más alto y esbelto, con una cabeza desnuda en comparación con la de los otros, los atrapados, que tenían más pelos que un huevo de mauson.
Al poco rato de observarlos, el cachorro se dio cuenta de que sólo uno de los lados de la cabeza tenía pelo; pero el alto, al darse la vuelta para hacer unas raras marcas en la pared, mostró que tenía pelo en ambos lados.
El animal, enormemente entretenido, comenzó a radiar lo que en Lirht equivalía a un ronroneo, o sea un resplandor. En este extraño lugar tal cosa no fue visible, y en cambio los feos especímenes respondieron con los más extraños movimientos, meneos y frotamientos susurrantes del cuero que los cubría.
Esto puso muy contento al cachorro, que estaba encantado cuando era el centro de atención, y que redobló su emisión. Los movimientos de los animales se volvieron casi frenéticos.

Entonces el alto se volvió. Emitió uno o dos raros sonidos y finalmente, tomando un palo de la plataforma situada delante de él, lo dejó caer con gran estrépito.
El ruido asustó tremendamente al animal. Procuró volverse invisible, pero como las cosas estaban invertidas en este extraño mundo, sus contornos se hicieron aún más nítidos.
Se dio la vuelta y volvió a saltar al suelo. Antes de aterrizar sintió un sonido intenso y metálico. Del cuarto partía un ruido a cháchara y confusión que dio aún más ímpetu al terror del cachorro.
Huyó hacia unos arbustos y se escondió entre las hojas. Pronto, sin embargo, volvió a manifestar su buen natural.
Se quedó allí tendido, descansando y observando el movimiento suave de los tallos y de las hojas (algunas de ellas tal vez fueran flores) en la brisa. Una criatura con alas se acercó, zumbona y danzarina, a rodear uno de los capullos.
El animal se apoyó en una de sus patas de en medio, y con la otra atrapó al extraño ser. Este clavó en la pata del hurkle una rara aguja negra.
El cachorro no se inmutó. Se comió a la criatura y eructó. Se quedó quieto durante unos minutos, saboreando aún a la abeja. Pero, súbitamente, el experimento fracasó. Se comió dos veces más a la abeja, y luego abandonó el intento.
Volvió a prestar atención a la ventana, preguntándose qué harían ahora los extraños animales. Parecía estar todo tan tranquilo... Audazmente, el cachorro abandonó su escondite y volvió a saltar hasta la ventana.
Se hallaba muy contento consigo mismo; estaba alcanzando verdadera precisión en los saltos que daba en este loco mundo. Se atusó el pelo, y balanceándose miró otra vez hacia dentro.
Le sorprendió ver que los animales pequeños se habían ido.
El más grande se hallaba detrás de la plataforma en el extremo del cuarto. El cachorro y el extraño ser se miraron durante un largo rato. Finalmente el animal se inclinó y ajustó algo en la pared.
Inmediatamente se oyó un zumbido mecánico, y una cosa situada en un estante cerca de la ventana comenzó a dar vueltas.
Cuando el cachorro se quiso dar cuenta, se hallaba envuelto por una nube de polvo de olor picante. Se ahogó, y se volvió tan visible como asustado estaba, lo que era mucho.
Durante un largo rato fue incapaz de moverse; pero gradualmente fue sintiendo una sensación aguda y dolorosa, que lo penetró. Se abandonó a ella. Le fue invadiendo una onda tras otra de éxtasis agonizante, y danzó en su seno.
Emitió sus más brillantes radiaciones, si bien éstas sólo sirvieron para que el animal se rascara frenéticamente.
El hurkle se sintió muy extraño, transportado. Se dio la vuelta y saltó alto en el aire, abandonando el edificio.

Mr. Stott dejó de rascarse. Desgreñado fue hacia la ventana y vio a la extraña bestezuela azul, ahora invisible, pero cubierta por el polvo, hasta parecer una burbuja en la niebla. Rebotó en el prado, dando grandes saltos, dejando las huellas de polvo blanco en el césped.
Se frotó las manos, una con otra, y sonriendo agradablemente se enderezó. Había salvado a la Tierra de toda batalla, asesinato y crimen para siempre, pero no lo sabía. Por otra parte, nunca nadie lo supo. Vivió una vida larga y feliz.

Y ¿qué sucedió con el cachorro de hurkle? Siguió rebotando hasta ocultarse en unos arbustos cercanos. Allí se cavó un hoyo estrecho, trabajando somnolientamente, cada vez más despacio. Finalmente, se echó en él y quedó inmóvil. Pensaba en cosas raras, imaginaba extraña música, y lo asaltaban inesperadas sensaciones. Lentamente fueron cesando sus movimientos, y yació allí rígido y quieto, durante unas dos semanas.
Pasado ese tiempo, el hurkle, que ya no era un cachorro, se encontró con una camada de doscientos saludables retoños. Tal vez fue por acción del DDT, o tal vez por la nueva radiación que el animal recibió en la Tierra, pero todos eran hembras partenogenéticas, como usted y yo.
¿Y los humanos? ­ ¡Oh, nos engendramos tan bien! ­ ¡Y fuimos tan felices! Pero los humanos tenían el picor rampante, el prurito intermitente, el comezón punzante, o irritantemente parestético. Y nada pudieron hacer al respecto. Por eso se fueron.
¿No es verdad que éste es un lugar hermoso?


miércoles, 8 de diciembre de 2010

HISTORIA-FICCION -- CIENCIA-FICCION HECHA REALIDAD -- ACCIDENTE NUCLEAR : CHERNOBIL

CIENCIA-FICCION : EL SINDROME DE CHINA; y cientos de pequeños cuentos sobre accidentes nucleares, en la tierra, mar, aire, y espacio
HISTORIA-FICCION?? : O, LA FICCION HECHA REALIDAD : ACCIDENTE DE FISION NUCLEAR DE CHERNOBIL, aunque esto es un accidente, toda la historia nuclear, esta llena de "esperimentos fallidos", tapados como podian, desde paseos a donde detonaban las bombas nucleare, esplotaban, en tierra o mar,(atolones de hawaii), y luego un monton de barcos, y cientos de personas, se paseaban, por los barcos derretidos, con las consecuencias, en tierra igual, miraban las, no-construcciones, porque no quedaba mucho, y miles, y miles de personas, y familiares muertos a causa de ello, esta claro, nadie sabe nada, o submarinos entrar en fusion, y encerrarse los marineros en la sala de reactores,a intentar desconectarlo, los encerrados, solian morir con quemaduras, y los submarinos, o esplotaban, o se hundian, con todos dentros, por supuesto, esto, es una minima sesion de todo lo ocurrido, y en el espacio, al abrir las capsulas, nadie vivo, y porque, no sabemos, muchos no sabemos.


ENERGIA NUCLEAR. ACCIDENTE DE CHERNOBIL


Consenso Científico sobre el 
Accidente Nuclear de
Chernóbil
**
Fuente:
Foro sobre Chernóbil
(2006)
Resumen & Detalles:
GreenFacts (2006)
--
Contexto
 -
Hace 20 años, el accidente más grave de la historia nuclear cambió la vida de muchas personas. La liberación de una enorme cantidad de material radiactivo al medio ambiente se tradujo en la formación de una nube radiactiva que se extendió por buena parte de Europa. La contaminación más grave se produjo
en las regiones que rodean al reactor y que en la actualidad forman parte de Bielorrusia, Rusia y Ucrania.
--
Introducción
 - 
El Accidente 
¿Cuál fue el alcance del accidente de
Chernóbil?
¿En qué afectó el accidente de Chernóbil a
la salud humana?
¿Cuáles fueron los efectos de Chernóbil sobre
el medio ambiente?
¿Cómo se gestionan las zonas más
contaminadas?
¿Cuáles son los costes sociales y económicos
del accidente de Chernóbil?
¿Cuáles son las preocupaciones y
necesidades actuales de los afectados?
¿En qué ha afectado el accidente a esta
zona y cómo se le ha hecho frente?

--
Este Dosier es un resumen fiel del destacado informe de consenso científico
publicado en 2006 por el Foro sobre Chernóbil:
"Chernobyl's legacy: Health, Environmental and Socio-Economic Impacts"
El Dosier completo se encuentra disponible en: http://www.greenfacts.org/es/chernobil/

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Este documento pdf corresponde al Nivel 1 de un Dosier de GreenFacts. Los Dosieres de GreenFacts,
articulados en torno a preguntas y respuestas, se publican en varios idiomas y en un formato exclusivo de
fácil lectura con tres niveles de complejidad creciente.
• El Nivel 1 responde a las preguntas de forma concisa.
• El Nivel 2 profundiza un poco más en las respuestas.
• El Nivel 3 reproduce la fuente original, un informe de consenso científico internacional resumido
por GreenFacts en los niveles 1 y 2.
Todos los Dosieres de GreenFacts en español están disponibles en: http://www.greenfacts.org/es/

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 Introducción - el accidente
¿Dónde está Chernóbil?
La central nuclear de Chernóbil está situada en Ucrania, 20 km al
sur de la frontera con Bielorrusia. En el momento del accidente, la
central tenía cuatro reactores en marcha.
El accidente se produjo el 26 de abril de 1986 cuando los técnicos
de la central efectuaban pruebas con un sistema eléctrico de control
de uno de los reactores. El accidente se desencadenó por una
combinación de defectos de diseño del reactor y negligencias por
parte de los operadores: se habían desconectado los mecanismos
de seguridad y el reactor funcionaba en condiciones inadecuadas e inestables, una situación
que propició una subida de potencia imposible de controlar.
Esto condujo a una vorágine de acontecimientos que se tradujo en una serie de explosiones
e incendios que destruyeron por completo el reactor, ocasionaron grandes daños al edificio
que lo contenía y provocaron la emisión al medio ambiente de enormes cantidades de
material radiactivo durante diez días.
¿Cuál fue el alcance del accidente de Chernóbil?
El reactor destruido
El de Chernóbil es el accidente más grave de todos los acontecidos
en la historia de la industria nuclear. De hecho, la explosión que
se produjo el 26 de abril de 1986 en uno de los reactores de la
central nuclear y los fuegos que se derivaron de ésta y que se
prolongaron durante diez días provocaron la liberación al medio
ambiente de enormes cantidades de material radiactivo y la
formación de una nube radiactiva que se extendió por buena parte
de Europa. La contaminación más grave se produjo en las regiones
que rodean al reactor y que en la actualidad forman parte de
Bielorrusia, Rusia y Ucrania.
Tras el accidente, unas 600.000 personas han participado tanto en
los servicios de emergencia como en las tareas de contención, limpieza y restablecimiento,
aunque tan solo unos pocos se han visto expuestos a niveles peligrosos de radiación. Los
que recibieron las mayores dosis de radiación fueron el personal de la central y los miembros
de los equipos de emergencia presentes en el lugar del accidente durante los primeros días
del suceso (aproximadamente 1.000 personas).
En la actualidad, más de cinco millones de personas viven en zonas que se consideran
‘contaminadas’ con material radiactivo procedente del accidente de Chernóbil. El área más
cercana al emplazamiento del reactor quedó muy contaminada y las 116.000 personas que
vivían en ella fueron evacuadas poco después del accidente.
 ¿En qué afectó el accidente de Chernóbil a la salud humana?
Tras el accidente, las personas estuvieron expuestas a la
radiación, tanto de forma directa por la nube radiactiva y
el material radiactivo depositado en el suelo como por
consumir alimentos contaminados y respirar aire
contaminado.
 Algunos miembros de los equipos de emergencia
recibieron grandes dosis de radiación durante el accidente
o poco después de éste, aunque los operarios de recuperación que intervinieron más tarde
y los residentes de las áreas contaminadas recibieron dosis mucho menores. Las tiroides
de muchos niños quedaron expuestas de forma importante al yodo radiactivo a causa de
la leche contaminada.
En la actualidad, 100.000 personas residentes en las zonas contaminadas todavía reciben
dosis de radiación superiores al límite recomendado para la población general.
 Es difícil establecer con exactitud el número de muertes, pasadas y futuras, atribuibles
al accidente de Chernóbil, ya que las personas que estuvieron expuestas a dosis bajas de
radiación mueren frecuentemente por las mismas causas que las no expuestas.
La confusión en torno a las repercusiones del accidente ha dado lugar a exageraciones en
el número de muertos que se pueden atribuir al accidente, llegándose a sugerir la cifra de
decenas o incluso cientos de miles de personas. En realidad, el número de muertes atribuibles
directamente a la radiación del accidente de Chernóbil es mucho menor: 28 miembros de
los equipos de emergencia murieron a consecuencia del síndrome de irradiación aguda, 15
pacientes murieron de cáncer de tiroides y se calcula que el número total de muertes por
cánceres derivados del accidente de Chernóbil podría llegar a 4.000 entre las 600.000
personas que estuvieron más expuestas.
No existen por el momento pruebas convincentes de que el accidente de Chernóbil
haya hecho aumentar el número de casos de leucemia o cánceres sólidos en la población
general de las regiones contaminadas, salvo en el caso del cáncer de tiroides en la infancia.
Miles de personas que eran niños o adolescentes cuando ocurrió el accidente contrajeron
cáncer de tiroides a causa de la exposición al yodo radiactivo. La mayoría de los cánceres
se han podido tratar con éxito. La exposición de los trabajadores que recibieron dosis más
elevadas de radiación ha provocado un incremento en el número de casos de determinados
tipos de leucemia y cánceres sólidos, y es posible que también de enfermedades
cardiovasculares y cataratas. Los estudios analíticos que se realicen en el futuro deberían
arrojar luz sobre este punto.
 Debido a que la mayoría de las personas recibieron dosis relativamente bajas de
radiación procedente del accidente de Chernóbil, no hay pruebas convincentes de que el
accidente haya tenido incidencia alguna sobre la fecundidad humana ni sobre las
enfermedades hereditarias. Tampoco se han observado efectos en el resultado de los
embarazos o en la salud en general de los niños de padres expuestos.
 Mucha gente quedó traumatizada por el accidente y el posterior traslado precipitado.
A falta de una información fiable, padecían miedo y ansiedad por su salud presente y futura.
Más que supervivientes, se consideraban víctimas débiles y desamparadas.
 ¿Cuáles fueron los efectos de Chernóbil sobre el medio ambiente?
Algunas zonas de Europa resultaron considerablemente contaminadas por la gran cantidad
de material radiactivo que liberó el reactor estropeado, especialmente las actuales Bielorrusia,
Rusia y Ucrania. La mayoría de los materiales se han transformado con el tiempo en
materiales estables no radiactivos, aunque otros seguirán siendo radiactivos durante mucho
tiempo.
Las zonas urbanas cercanas al reactor resultaron considerablemente contaminadas y
fueron evacuadas con rapidez. Después del accidente, la contaminación superficial ha ido
disminuyendo y los niveles de radiación detectados en el aire en la mayoría de estas zonas
son en la actualidad los mismos que antes del accidente.
En lo que respecta a la agricultura, la contaminación de cultivos, carne y leche con
yodo radiactivo de vida corta fue uno de los problemas más preocupantes en los meses
inmediatamente posteriores al accidente. En la actualidad, y en las próximas décadas, la
preocupación principal en algunas zonas rurales es la contaminación con cesio radiactivo
de vida más larga.
La caza y los productos alimentarios forestales como bayas y setas contienen niveles
especialmente elevados de cesio radiactivo de vida larga, una contaminación que se prevé
que continuará en niveles altos durante varias décadas. A modo de ilustración, el accidente
provocó una importante contaminación de la carne de reno en los países escandinavos.
Como consecuencia del accidente, las aguas y el pescado quedaron contaminados con
material radiactivo. La contaminación disminuyó pronto por efecto de la dilución y la
desintegración radiactiva, pero parte del material quedó retenido en los suelos anejos a
ríos y lagos contaminados. Hoy en día la mayoría de las aguas y el pescado muestran niveles
bajos de radiactividad, aunque éstos siguen siendo elevados en determinados lagos cerrados.
 El accidente afectó de forma inmediata a buena parte de las plantas y animales que
se encontraban en un radio de 30 km. Se produjo un incremento en la mortalidad y un
descenso en la reproducción. Todavía hoy se conocen nuevos casos de anomalías genéticas
en plantas y animales. Con el paso de los años, a medida que los niveles de radiactividad
descendieron, las poblaciones biológicas empezaron a recuperarse y la zona se ha convertido
en una excepcional reserva de la biodiversidad.
 ¿Cómo se gestionan las zonas más contaminadas?
Las autoridades de la Unión Soviética y, más tarde, de la Comunidad de Estados
Independientes (CEI) dedicaron enormes esfuerzos económicos a combatir las consecuencias
del accidente. Se trabajó en limpiar las zonas contaminadas y reducir el nivel de radiactividad
en los alimentos y las bebidas, con diferentes grados de éxito.
Las medidas incluían la alimentación de animales con pienso no contaminado, el desecho
de leche contaminada, el cambio del suministro de agua a fuentes no contaminadas y
restricciones en la recolección de productos alimentarios forestales en las zonas
contaminadas.
Nuevo sarcófago de seguridad proyectado
 El año del accidente se construyó un sarcófago para
sellar el reactor estropeado.
 Éste tiene algunos defectos
debido a que fue construido de una manera apresurada y
en condiciones muy adversas, ya que el personal que trabajó
en su construcción estuvo expuesto a niveles de radiación
muy altos.
La estructura en su conjunto se ha ido deteriorando durante
los últimos 20 años, hecho que podría provocar el derrumbe
del sarcófago y liberar polvo radiactivo en el entorno. Para
evitar esto, está prevista la construcción de un nuevo
sarcófago de seguridad sobre el actual y el desmantelamiento del reactor estropeado. Los
residuos radiactivos que se produzcan durante los trabajos de construcción tendrán que
gestionarse siguiendo el procedimiento adecuado.
Existen proyectos para dar un uso determinado a las zonas inmediatas que rodean al
reactor. El área no es apta para usos residenciales o agrícolas, pero podría utilizarse para
otras actividades tales como el procesamiento de residuos radiactivos o la creación de
reservas naturales.
¿Cuáles son los costes sociales y económicos del accidente de
Chernóbil?
El accidente de Chernóbil y las medidas adoptadas para paliar sus consecuencias han
costado a la Unión Soviética, y más tarde a Bielorrusia, la Federación Rusa y Ucrania, cientos
de miles de millones de dólares. En la actualidad, reciben ayudas sociales cerca de 7 millones
de personas que se considera que quedaron afectadas de alguna manera por el accidente
de Chernóbil. Este gasto supone una enorme carga para los presupuestos nacionales y es
insostenible.
La agricultura fue el sector económico más afectado por
las consecuencias del accidente. Además, quedó gravemente
afectada por la agitación económica de los años 90. Para
mejorar la economía de la región es necesario hacer frente
no sólo a la contaminación, sino también a los problemas
socio-económicos generales que pesan sobre muchas zonas
agrícolas.
Tras el accidente, más de 350.000 personas fueron realojadas fuera de las zonas más
contaminadas. Este traslado redujo su exposición a la radiación pero fue una experiencia
muy traumática para muchos.
Las comunidades que permanecieron en sus pueblos tuvieron menos problemas psicológicos,
pero también se han visto afectadas por la marcha de mucha gente joven y cualificada. En
la actualidad, el problema sanitario más acuciante en la zona no es la radiación sino una
alimentación pobre, estilos de vida poco saludables, pobreza y un acceso limitado a la
atención sanitaria primaria.
Tras el accidente, el gobierno soviético puso en marcha un ambicioso programa de
inversiones e indemnizaciones. Con el tiempo aumentó el número de personas que reclamaba
ayudas relacionadas con Chernóbil. Puesto que el actual sistema de ayudas es insostenible,
es necesario concentrar los recursos en aquellas personas cuya salud se ha visto en efecto
resentida a causa de la catástrofe o están realmente necesitadas.
 ¿Cuáles son las preocupaciones y necesidades actuales de los
afectados?
La gente que vive en las zonas afectadas no sabe aún del todo cuáles fueron los efectos
de la radiación sobre su salud y su entorno. Desconfían de la información proporcionada
por los gobiernos y las diferentes organizaciones, incluso siguen circulando ideas falsas y
mitos sobre la amenaza de la radiación.
Los residentes están preocupados por su salud y por la salud de sus hijos, pero también
por los bajos ingresos y el elevado desempleo. Además de políticas encaminadas a mejorar
la economía de la región, los residentes necesitan información clara y de confianza sobre
el accidente y la radiación.
El alcance actual de las ayudas económicas es insostenible e ineficaz. Por lo tanto, es
necesario desviar las ayudas de aquellos que sólo se han visto ligeramente afectados por
el accidente hacia aquellos que están realmente necesitados.
• Entre 100.000 y 200.000 personas atrapadas en una espiral de aislamiento,
mala salud y pobreza a causa del accidente necesitan ayudas económicas
importantes.
• Cientos de miles de personas cuyas vidas se han visto considerablemente
afectadas por el accidente, pero que ya son capaces de ganarse la vida por sus
propios medios, necesitan ayuda para volver a la normalidad de sus vidas.
• Millones de personas cuyas vidas se han visto tan solo ligeramente afectadas
por el accidente necesitan acceso a la información sobre las consecuencias del
accidente, asistencia sanitaria de calidad, servicios sociales y oportunidades
laborales.