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Las tres leyes robóticas 1. Un robot no debe dañar a un ser humano o, por su inacción, dejar que un ser humano sufra daño. 2. Un robot debe obedecer las órdenes que le son dadas por un ser humano, excepto cuando estas órdenes están en oposición con la primera Ley. 3. Un robot debe proteger su propia existencia, hasta donde esta protección no esté en conflicto con la primera o segunda Leyes. Manual de Robótica 1 edición, año 2058

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domingo, 12 de junio de 2011

ROBOT CITY REUNION




ROBOT CITY



 REUNION

Wolruf llevó su saltador hiperespacial Xerborodezees a medio kilómetro del bosque y a algo más de uno de la línea de robots y sus vehículos que se extendían a través de la pradera hacia la ciudad robótica del Mundo Ostrícola.

Apenas habían tocado tierra, cuando un camión salió de la ciudad y atravesó por entre la hierba dorada, muy crecida, dejando un rastro en la pradera que apuntaba hacia el Xerborodezees como un dardo muy alargado.

Wolruf viajaba sin mucho peso. Había colocado todo cuanto necesitaba en una bolsa que Plateada llevaba colgada del cuello. Los dos estaban sentados en lo alto de la rampa de acceso al aparato, desde donde podían divisar toda la vasta extensión de hierba ondulante y el camión que se iba aproximando.

Pasando cuidadosamente entre ambas Mandelbrot había ido descargando todo el equipo de Derec de la nave, y estaba todo fuera de ésta cuando llegó el camión. Plateada pudo distinguir claramente a los dos ocupantes del vehículo mucho antes de que llegaran a la nave, puesto que ambos se habían puesto de pie.

--¿Quién es la que Derec llama Ariel?--quiso saber Plateada.

--La pequeña a tu izquierda--contestó Wolruf.

--Entonces, el alto debe ser el robot llamado Jacob Winterson.

--Yo no conocerle, pero suponer que sí--asintió Wolruf--. Jacob ser el robot personal de Ariel, y ese robot que haber en el camión

ciertamente concordar con la descripción hecha por Derec. Sí, ser igual que un humano, pero Derec decir que Ariel ser la única mujer del planeta, de modo que éste ha de ser Jacob.

--¿Son siempre las mujeres más pequeñas y más delicadas?

--En general, sí. Y esto ser verdad para la mayoría de especies animales de la galaxia. Ciertamente, yo ser más pequeña que mi otro sexo.

--Sí, tu ficha del ordenador habla de ti como de una hembra
--afirmó Plateada--. Y así te considero yo, aunque sin captar plenamente el significado más profundo que parece existir, aparte del propósito reproductivo de los sexos. Derec parece estar animado por muchas emociones cuando habla de Ariel.

--Lo mismo que Beores estar impulsado por otras emociones al hablar de Latiel.

--No entiendo. ¿Quiénes son?

--Los primeros seres creados, según los mitos.

--No los primeros seres humanos. Según los archivos históricos, fueron Adán y Eva.

--Bueno, ponerlo en términos humanos el primer hombre y la primera mujer.

--¿Y todos los machos tienen esta gran afinidad hacia las hembras?

--Casi todos. Algunos no, pero ser una pequeña minoría.

--No entiendo que ese sentimiento sea necesario para promover la reproducción de la especie. Las emociones de Derec, no obstante, parecen entrañar unos sentimientos que van mucho más allá de la simple procreación. Y esto resulta confuso más allá de toda confusión... por mi falta de comprensión, y hasta del entendimiento de las emociones de naturaleza biológica en general.

--Las emociones poder ser tan confusas también para los que experimentarlas --concedió Wolruf--, por lo que tu confusión ser comprensible, y no tener que preocuparte por ello.

--¿Preocuparme?--repitió Plateada, como si considerase la idea por primera vez--. ¿Es esto una emoción?

--Sí. Toda la preocupación que tú tener por los sexos ser una emoción.

--Una perturbación extraña con un extraño proceso... es la única forma en que puedo expresarlo... algo que no quisiera que continuase, pero que yo soy incapaz de impedir.

--Una buena descripción de la preocupación--aprobó Wolruf.

--Entonces, lo incluiré en un catálogo de emociones que empezaré a preparar, con la esperanza de que, al definirlas, llegaré a conocerlas y reconocerlas como el primer paso para aprender a controlarlas.

--Un valioso proyecto que poder volvernos majaretas—asintió Wolruf.

--¿Majaretas?

--Olvídalo. Esto no es ninguna emoción. Pero yo decirte qué emoción estar sintiendo alegría. Hacer más de un año que no ver a Ariel y por eso yo sentir mucha alegría.

Tras estas palabras, Wolruf descendió por la rampa, justo en el momento en que el camión se detenía junto al montón que formaban los bultos del equipaje y el equipo de Derec.

Ariel saltó del camión, mientras Wolruf se erguía en toda su estatura y la abrazaba conmovida.

Ninguna de las dos habló, pero ambas tenían lágrimas en los ojos cuando se separaron para contemplarse mutuamente.

Plateada consideró las lágrimas como un signo de emoción externa, empezando, sin intención, a componer un catálogo de síntomas asociados que, más tarde, a medida que aumentaran sus conocimientos, identificaría mediante el término lenguaje corporal.

--Tú ser una bendita experiencia después de un período terrible
--exclamó Wolruf.

--Y tú eres una visión excelente para los ojos doloridos--replicó Ariel. Rápidamente, añadió-- ¿Dónde está Derec?

--Se ha quedado en el planeta de los lobos--respondió Wolruf.

La expresión consternada que inmediatamente se asomó al rostro de Ariel también se grabó en el catálogo de Plateada, si bien ésta sólo pudo anotarla junto a la palabra mentira, que ya sabía que no era una emoción sino una falta de verdad por parte de Wolruf. Sin embargo, no tenía nada más con que catalogarla.

De repente, la expresión turbada de Ariel se trocó en otra de enorme júbilo cuando Derec apareció en lo alto de la rampa, al lado de Plateada.

--¡Oh, maldita embustera!--le gritó la joven a Wolruf.

La caninoide gargarizó una flema, un sonido sintomático que Plateada hacía tiempo que asociaba con Wolruf y su extraña afinidad hacia lo que Derec denominaba humor.

Ariel y Derec se encontraron en el centro de la rampa y se abrazaron fuertemente, juntando los labios.

La expresión de júbilo tenía que quedar catalogada junto a la emoción de alegría, que era lo que Wolruf ya había definido como el sentimiento que experimentaban dos personas al verse después de largo tiempo. Y lo mismo debía experimentar Ariel. Pero la alegría no tenía conexiones personales con Plateada, de manera que para ella era solamente una palabra y un síntoma en su archivo, e incluso incompleta sin la positrónica norma potencial de Plateada.

Comprendía la preocupación, pero no la alegría.

Y, sin embargo, pensó de pronto, también ella había encontrado a unos seres con los que se sentía muy unida al cabo de un período de separación, como había ocurrido cuando Derec, Wolruf, Mandelbrot y ella habían llegado al claro del bosque, y ella había corrido en busca de Aullador y el resto de la manada, para poder presentárselos a Wolruf.

Ver a Aullador al cabo de aquel tiempo la había perturbado, con una perturbación agradable que le gustaría volver a sentir. Su memoria le recordaba ahora aquel antiguo patrón potencial positrónico, y de repente comprendió que podía colocarlo en su catálogo junto a la palabra y el lenguaje corporal, definidores de la emoción alegría.

Pero éstas eran cosas menores en la confusión de sus pensamientos. Era la naturaleza inexplicable de los sexos biológicos, y no su función reproductora, lo que la perturbara más agudamente esta tarde. Y, en menor extensión, también sentíase trastornada por una duda respecto a quién era más inteligente, o sea más humano Derec o Wolruf.

Por nimio que fuese este pensamiento, la duda subsistía, aunque sólo a causa de la importancia del juicio que podía afectar a la vida y la muerte de los dos, si a ella se le pedía que escogiese entre ambos en una situación en que una de las dos vidas estuviera amenazada.

¿Se consideraba ella más varonil que femenina porque Derec había demostrado ser más inteligente en su primer desafío básico, el que incitó a pelear a Ojo Avizor, hembra, contra Derec, macho? ¿Por este motivo se había ella inclinado hacia el género masculino? Después de dicho desafío, ella ciertamente habíase sentido más cómoda en su clonación de Derec. Él le había abierto un mundo nuevo ante sus ojos, él y sus archivos bibliotecarios.

De modo que esa confusión respecto a la naturaleza de los sexos biológicos, y esa incomodidad que sentía con la clonación femenina, la perturbaban, sí... y esa perturbación era la emoción que Wolruf llamaba preocupación. Plateada se preocupaba respecto a su clonación de Wolruf porque experimentaba un perturbador anhelo de volver a la clonación de Derec, a la forma masculina, incómoda como la habría descrito Wolruf; de manera que Plateada colocó esa emoción en su catálogo, junto con el modelo potencial positrónico.

Cada vez estaba más convencida de que debía volver a adoptar la clonación de Derec, estrictamente desde el punto de vista de la comodidad. Esta era una idea que había catalogado como una gran posibilidad futura, mas por el momento seguiría con la clonación de Wolruf, a fin de ayudarse con la feminidad que pudiese ofrecerle la posibilidad de estudiar a Ariel y el efecto que ésta provocaba en Derec.

Plateada se incorporó cruzó la escotilla, siguiendo a Ariel y Derec, que habían ascendido por la rampa y penetrando en la nave.

EL AGROBIOLOGO

--Bien ¿cuál es la crisis?--quiso saber Derec--. ¿Y a qué se refiere ese mensaje tuyo referente a mi ingeniería interna? ¿Qué es todo eso?

Se hallaban en la sala de controles del Xerborodezees, adonde habían entrado para aislarse de los demás.

Plateada entró también allí, tomó asiento en una de las literas almohadilladas para pasajeros, detrás de la bien tapizada carlinga del piloto, y escuchó a Ariel y Derec.

--Bien, imaginé algo de ingeniería sin tu ayuda--respondió Ariel--. En realidad, he puesto a este planeta bajo control sin tu ayuda ni tu guía. Lo único que ahora necesito de ti son los músculos, esa parte que tienes entre las orejas.

--No has contestado a mis preguntas.

--Tu monitor interno enlazado con las ciudades robóticas. Seguro que ignoras que modula las hiperondas.

--Al contrario, querida--objetó Derec--. Ésta es una forma de comunicación que depende de una comprensión especial de la física del espacio-tiempo desarrollada por mi siempre excéntrico padre, el buen doctor Avery.

--Y al contrario te digo yo a ti, listillo, que esto es a lo que los alienígenas de este planeta, los ceremiones, se refieren como una modulación continua de hiperondas. Pregúntaselo a Avernus y Keymo, y también a Jacob. Éste incluso lo entiende. Es la versión de comunicación de la teleportación por Llave, así como la convencional modulación discreta por hiperonda es la versión de la comunicación de la tecnología por hipersalto. ¡Seguro que ni siquiera la reconoces!

En conjunto llevaban reunidos sólo unos diez minutos y ya habían discutido varias veces seguidas.

«¿Es esto el amor?», se preguntaba Derec.

--Pensaré en ello--respondió.

¿Era posible que Ariel tuviese razón? Cambió de tema.

--Bien ¿qué hay de la crisis? El motivo de mi venida.

--No hay crisis. Excepto que tuve que obligarte a venir para evitar una...

Acto seguido, le contó cómo la ciudad de los robots había perturbado el tiempo, cómo los miostrianos habían cubierto la urbe con la bóveda para controlar la perturbación, cómo habían estado a punto de cerrarla por completo, hasta que ella ideó su plan de convertir a todo el planeta en una granja, abandonando así la idea de formar una ciudad planetaria.

--Como ves--concluyó--, tu tarea es muy directa y razonablemente sencilla tienes que reprogramar a los Avery, convirtiéndolos en agricultores.

--Supongo que éste es otro ejemplo de tu estilo de ingeniería, ¿verdad?--exclamó Derec.

--No está mal, ¿eh? Ingeniería social, Derec. Algo que tú no comprendes.

--Existe un problema menor.

Derec calló un instante.

--¿Cuál?--se interesó Ariel.

--Para programar a los robots Avery a fin de que efectúen una tecnología particular, es preciso saber algo de esa tecnología. Yo sé mucho acerca de ciudades, pero no sé ni una palabra sobre agricultura, y sospecho que tú tampoco.

Wolruf entró en la cámara a tiempo de oír la última frase de Derec. Se sentó al lado de Plateada.

Ariel estaba estupefacta.

«Por lo visto, esta es una pieza de ingeniería que ella no había calculado, pensó Derec. Tal vez esa ingeniería sea excesiva para ella.»

Derec sentíase presuntuoso y complaciente. Lo referente a la modulación continua de la hiperonda lo había desorientado por un momento, pero ahora estaba seguro de volver a estar al mando de la expedición.

--De modo que tú no saber nada de agricultura, Derec. ¿Y qué?
--observó Wolruf--. Al parecer, yo haber llegado muy a punto.

--Tú no puedes reprogramar los robots Avery para que sean agricultores--razonó Derec--. Si no sabes nada de agricultura ni de tecnología agrícola...

--Tú no tener miedo, Wolruf estar aquí--exclamó la pequeña y peluda alienígena--. Yo criarme en una granja y educarme en agripolitécnica. Yo ser ingeniera de plantación.

--De acuerdo, Derec. ¿Qué dices ahora?--dijo Ariel--. ¿Crees que no lo sabía? ¿Dónde has estado todo este tiempo?

Derec ignoró a Ariel.

--¿Tú eres agricultora?--le preguntó a Wolruf.

--¿Qué productos crees tú que los eranios comprar a mi familia?
--preguntó a su vez Wolruf--. No todos los eranios ser piratas como Aranimas. La mayoría ser comerciantes, y vivir en un mundo rocoso donde sólo crecer líquen además de tomates. En esos días de superpoblación, los eranios sobrevivir gracias a los cereales y otros productos agrícolas que ellos comprar a nosotros.

Y allí estaba Ariel, resplandeciente, mientras había estado sombría y apenada antes de que Wolruf hablase. Jamás hubiera pensado que Wolruf fuera agricultora.

Derec, por su parte, se había recuperado antes de la sorpresa y ahora admitía ya que la contribución de Wolruf podía ser importante en grado sumo.

--Está bien, me someto. Yo me ocuparé de la tecnología de los ordenadores, Wolruf se cuidará de la tecnología agrícola, y tú puedes seguir ocupándote de la tecnología social.

--No del todo--objetó Ariel. Estaba a punto, al parecer, de revelar algo que no era demasiado fácil de divulgar--. Tienes que reunirte conmigo y los alienígenas mañana por la mañana. Y supongo que Wolruf también debe asistir a la reunión, en calidad de especialista agrícola.

--¿Con qué propósito?--quiso saber Derec.

--Ellos quieren desarrollar un programa. Los cerebrones están ansiosos por volver a su vida nómada, de la que fueron apartados por el problema de nuestra ciudad. Han estado acampando en el Bosque del Reposo, como lo llaman, o sea el bosque próximo a la ciudad.

Ariel consultó su reloj.

--Quizá te gustará contemplar esto--continuó la joven--. Es bastante espectacular. Puedes verlo desde el camión, mientras regresamos a la ciudad. De todos modos hemos de irnos de aquí, pues es casi la hora de cenar.

Jacob y Mandelbrot estaban junto al camión cuando Derec y Ariel descendieron por la rampa. Los robots ya habían cargado todo el equipo del joven en el vehículo.

--Quiero que conduzcas tú, Mandelbrot--ordenó Derec.

Deseaba ir al lado del conductor, a fin de contemplar mejor el espectáculo prometido por Ariel, fuese cual fuese, y no quería de ninguna manera que el robot musculado llamado Jacob fuese a su lado ni que le disminuyese, por así decirlo, delante de los que iban detrás.

Miró a Ariel, como desafiándola a oponerse a su orden.

Ariel le contempló críticamente, pero al final sonrió ligeramente y calló. Claro que esto, para Derec, era tan enfurecedor como si se hubiese opuesto a su orden. Ariel sabía muy bien por qué él deseaba que condujese Mandelbrot. Derec siempre dejaba ver sus sentimientos, y Ariel sabía exactamente cómo tocarle en lo más sensible.

Pero el espectáculo era tan estupendo como él había supuesto.
Ariel se levantó para señalar al que creía jefe de los cerebrones, Sinapo, dando vueltas por encima de la bóveda. Fue éste el primero en descender una diminuta bola negra cayendo hacia el bosque como una bala de plomo, convertida en una pequeña bomba, dejando una estela de humo que lentamente se expandía en una bola de plata que derivaba suavemente por las copas de los árboles, hasta trabarse en una de ellas, como un globo de mercurio.

Ésta era una actuación individual, y luego, cerca del círculo de vuelo de Sinapo, le siguió otro, Sarco, el jefe de los miostrianos, supuso Ariel. Y poco después, en el espacio de un cuarto de hora, fueron cayendo todos, hasta dispersarse como miríadas de gotas de rocío sobre la superficie de verde follaje.

EL CEREBOT

LAS LEYES PROVISIONALES DE LA HUMANICA

1. Un ser humano no puede perjudicar a otro ser humano, ni, por omisión, permitir que un ser humano sufra daño alguno.

2. Un ser humano debe darle a un robot órdenes que preserven la existencia robótica y no pedirle nada que le ponga innecesariamente en la clase de dilema que podría causar daño o trastorno a los seres humanos.

3. Un ser humano no debe perjudicar a un robot o, por omisión, permitir que un robot sufra daños, a menos que tales daños sean necesarios para impedir que sea perjudicado o lesionado un ser humano o para que se cumpla una orden vital.

Del archivo del ordenador central Humánica.

Llave de acceso mecánico Cajón 667, compartimiento 82.

Clave de acceso Humanos.

Subclave Leyes.

Creador de archivo Rydberg 1.

A la mañana siguiente, mucho antes de las diez, Mandelbrot estacionó el camión cerca del borde occidental de la abertura de la bóveda, y los tres mamíferos saltaron al suelo, ordenando a los robots que se quedasen en el vehículo y grabaran todo lo que oyesen desde el instante en que llegasen los alienígenas.

--Bien, amigo Mandelbrot, ya hace algún tiempo que no hablábamos en privado--comentó Jacob Winterson.

--Tampoco lo haremos ahora con esa salvaje presente--replicó Mandelbrot--. Cuidado con lo que dices y con lo que haces. Esto es totalmente imprevisible. En el planeta de los lobos me desactivó.

Jacob y Mandelbrot se hallaban todavía delante, frente al cuadro de mandos del camión. Plateada estaba sentada en el asiento trasero, el mismo que había ocupado junto con Wolruf camino del lugar de la cita.

--Para tu información--intervino Plateada--, yo no soy «esto».
Pertenezco corrientemente al género femenino, por ser una clonación de Wolruf. Por tanto, podéis referiros a mí con el pronombre
«ella». Y no tenéis que temer que desactive a ninguno de vosotros ahora que sé que mistress Wolruf no reaccionaría con agrado a tal acción. Además, no me importa en absoluto lo que digáis o hagáis, ahora que entiendo que mistress Wolruf desea que modifique la Tercera Ley, ligeramente, para concederos una modesta protección.

--Bien, amigo Jacob--intervino Mandelbrot--, ¿has reflexionado un poco más acerca de ese imponderable que son las Leyes de la Humánica?

--¡Oh, sí!--afirmóJacob--, y las encuentro altamente inadecuadas como descripción de la conducta humana. Rydberg y sus camaradas carecen de experiencia en su trato con los humanos, que son un grupo insondable. Las emociones y no las leyes gobiernan su comportamiento. Y opino que seguramente la hembra de la especie es la más misteriosa del grupo. He estado investigando la emoción de los celos, puesto que al parecer fui adquirido esencialmente para despertar esa emoción en el pecho de master Derec.

--No creo que los celos puedan existir en el pecho de un humano, amigo Jacob--objetó Mandelbrot.

--Bueno, era una mera figura literaria que se emplea al escribir sobre ese tema--replicó Jacob--. El punto de mayor interés en esto sin embargo, es la multiplicidad de matices y contrasentidos que existen en la mente de los humanos al considerar al sexo opuesto, matices y contrasentidos de emoción que aparentemente no tienen nada que ver con la reproducción de la especie, que es la razón ostensible para que haya dos sexos.

Sorprendentemente, Plateada se había interesado en la conversación. Estaba de acuerdo con las afirmaciones deJacob, según las cuales ninguna Ley de la Humánica guiaba la conducta humana, ni era paralela a ninguna de las Leyes de la Robótica que dirigían su propia conducta. Y ahora el tema de su charla parecía apoyarse directamente en lo incómoda que resultaba la feminidad de su clonación de Wolruf que debía, paradójicamente, quedar aumentada por el gran interés por todo lo femenino que había experimentado antes en su forma masculina, cuando efectuó una clonación de Derec.

Era una incomodidad que provenía del conocimiento de su narcisismo, algo que jamás experimentara antes, algo que era a la vez fascinante y repulsivo. Así, llegó a la conclusión de que se sentía atraído por los seres femeninos, si bien prefería que éste no fuese su sexo. ¿Más cuál era la causa de tal atracción? Decidió que debía derivarse de su primera y poderosa clonación de Ojo Avizor, la jefa de los seres-lobo, la cual no había quedado totalmente desplazada por su clonación posterior de Derec, la clonación masculina. Su bienestar con una clonación masculina era solamente un poco menos poderosa que las leyes que debían dirigir su conducta y que ella hallaba tan difíciles de interpretar, por culpa de su deseo de saber lo que era un humano. No podía desprogramar ni esas leyes ni su sentimiento de masculinidad, así como tampoco la insidiosa atracción hacia todo lo femenino.

Y ahora acababa de descubrir que experimentaba otra forma de malestar al escuchar a Jacob y Mandelbrot. Jamás había oído conversar a dos robots, y su malestar procedía no de este proceso, sino de sus palabras, de lo que ella deducía de sus palabras. Estaban hablando como si supiesen qué era un ser humano, y ella, Plateada, se hallaba todavía explorando ese tema mediante el proceso de clonaciones múltiples, intentando progresar a niveles cada vez superiores de inteligencia, porque seguramente las especies más inteligentes de la galaxia podían ser únicamente los humanos que buscaba.

--Jacob, hablas de las Leyes de la Humánica como si supieras qué es un humano--intervino ella en la conversación.

--Ciertamente--asintió Jacob--. Para eso fui programado. ¿De qué otro modo podría cumplir las Leyes de la Robótica?

--¿Soy yo un humano?--quiso saber Plateada

--No, eres un robot.

--¿Cómo lo sabes?

--Porque lo dijo master Derec. Además, mis sentidos tienden a apoyar esta suposición. No eres un mamífero.

--¿Y mistress Wolruf, es humana?

--Pero es mamífera.

--Cierto. Pero no todos los mamíferos son humanos.

--¿Qué es un humano, Jacob?--insistió Plateada.

--Hay muchas definiciones, algunas complicadas, algunas muy simples. Generalmente, a nosotros nos programan con una solamente.

--Dime un ejemplo de una definición simple.

--El acento al hablar en el lenguaje estándar. Casi todos los humanos hablan en estándar, de manera que una definición simple para una serie especial de robots de un planeta llamado Solaris empleó antaño el acento solariano para definir a los humanos. Fue una prueba sencilla, que no requería ninguna instrumentación especial.

--¿Cómo defines tú a un humano, Jacob?

--Por el número de sus cromosomas y por la configuración de sus cromosomas X e Y.

--¿Cómo determinas esa información?

--Con un instrumento, una nanomáquina celular, construido en mi dedo índice derecho.

--No la determinas cada vez que encuentras al mismo ser humano, ¿verdad?

--No. Una vez he decidido que un ser es humano, coloco su imagen en una tabla de reconocimiento. Además, me siento inclinado a aceptar como humano a todo ser que se aproxima a un promedio de tales imágenes... sin la prueba de los cromosomas.

--Entonces, miss Ariel y master Derec son humanos.

--Sí.

--¿Y a cuál de ellos te sientes más impulsado a proteger?

--A mi superior inmediato, a miss Ariel.

--Y tú, Mandelbrot ¿a quién favoreces más?

--A master Derec, aunque la elección sería difícil--reconoció el robot.

--¿Y Wolruf?--quiso saber Plateada--. ¿La protegerías, Mandelbrot?

--Sí. El amigo Jacob y yo estamos programados para tratarla como humana.

--¿No lo hallas extraño? Un ser que es...

Los pensamientos relativos a Wolruf como un ser humano quedaron en el aire por la llegada al lugar de la cita de los demoníacos seres negros... dos de ellos que simultáneamente llegaron con una coreografía perfecta, frenando con sus alas bien desplegadas, como surgidos del sol en la envoltura negra de su presencia. Luego, tocaron el suelo ligeramente, plegaron las alas a lo largo de los flancos de sus cuerpos, reduciéndose al tamaño de los mamíferos con que se enfrentaban, y se convirtieron en unas figuras negras coronadas por unos garfios blancuzcos, de aspecto estremecedor, sobre sus ardientes ojos escarlata.

La impenetrable y suave negrura, que envolvía su esencia física en el misterio, proyectaba la inquietante impresión de una energía latente.

Plateada se concentró en el registro de todo lo que se transpiraba de la conferencia. Pensaba que tal vez estaba observando la última forma de humanidad, el objetivo final de una búsqueda frustrante.

--Buenos días, jefes de los ceremiones--saludóles Ariel--. Ésta es Wolruf y éste es Derec, los dos miembros de nuestra fuerza especial de reprogramación. Wolruf, Derec, os presento a Sinapo, jefe de los cerebrones...

El alienígena de la derecha se expandió ligeramente, con el sonido crujiente de unas alas de murciélago amplificado por un orden de magnitud.

--... y a Sarco, jefe de los miostrianos.

El alienígena de la izquierda, también se expandió, crujiendo.

Fue Derec quien habló a continuación.

--Mi colega Wolruf y yo nos sentimos muy honrados de que deseéis colaborar con nosotros en la producción de un ambiente en vuestro planeta que beneficiará a nuestros dos pueblos.

--Esto es lo que deseamos--aprobó Sinapo con un acento extraño, más pronunciado que el de Wolruf, lo cual hacía que resultase más incomprensible este alienígena.

--Pero antes--prosiguió Derec--, ¿queréis explicar la naturaleza de la bóveda y su método de construcción para que podamos determinar cómo se puede modificar mejor la ciudad interiormente, a fin de que sea lo más inocua posible?

--El compensador del nodo es una separación localizada del espacio y el tiempo--explicó Sarco.

No añadió nada más, como si esto lo explicase todo.

--Sí, adelante--le animó Derec.

--Nada más. Una división localizada en el espacio-tiempo--repitió Sarco con cierto desdén, como si estuviese dando una conferencia a un estudiante torpe--, un foco de puntos del cosmos donde nuestro universo ya no existe.

--¿Y cómo creáis esa divisoria?

--¿Entiendes lo que significa una división en el cosmos?

Derec vaciló.

--No del todo--confesó al fin.

--Entonces, no entenderás cómo se creó esa división. Por consiguiente, pasemos a la discusión de otros asuntos más provechosos.

Fue en este momento cuando Sinapo se unió a la discusión.

--La divisoria se creó y amplió mediante la aplicación intensa de electrones, que son circunvoluciones en el espacio-tiempo. El flujo de electrones, altamente enfocados sobre un volumen microscópico en el punto inicial de separación, amplía el vacío progresivamente en torno a la expresión de la divisoria, lo mismo que yo desdoblo los pliegues de mi reflector cuando me destrabo cada mañana.

Hizo una leve pausa y añadió

--Pero como sugiere mi colega Sarco, tal vez deberíamos ir directamente a la discusión de tu programa para la implantación de una cohabitación armoniosa.

--Estrictamente desde las observaciones visuales, la bóveda parece compartir la naturaleza de un agujero negro --comentó Derec--. ¿Es eso lo que estás diciendo?

--¿Agujero negro?--repitió Sinapo, como si tuviera dificultades por seguir la conversación--. ¡Agujero negro! Sí, ésta es una buena analogía. La derivación del término no era tan evidente en sí misma.
Sí, el compensador es un agujero negro, pero, en su interior, resulta antinatural al universo, no en su borde; un agujero negro como una concavidad, no como una convexidad en el borde donde el espacio y el tiempo se separan en el curso de la descomposición natural del universo. Y ahora, ¿podemos proseguir?

--Sólo otras dos preguntas--continuó Derec--. Cuando miramos la bóveda desde fuera, no podemos ver la ciudad. Vemos los objetos que hay al otro lado, como si la bóveda y la ciudad no existiesen. ¿Por qué no vemos dentro la ciudad?

--La intensa curvatura del compensador de espacio-tiempo dobla la luz alrededor de la bóveda, lo mismo que la luz de una estrella distante queda doblada ligeramente cuando pasa cerca de nuestro sol. En el caso del compensador, esta inclinación no es ligera, sino que está calculada para producir el efecto de invisibilidad o no existencia, que es uno de sus atributos como compensador.

Calló un momento y luego dijo

--¿Otra pregunta?

--Sí. ¿Por qué un avión hiperespacial cae hacia la superficie de la concavidad negra y escapa solamente por el fuerte impulso de sus motores, como me contó Ariel la noche pasada, como un efecto de la curvatura del espacio-tiempo, cuando la atmósfera, el aire que hay dentro de la bóveda, no cae hacia la negrura?

--Tú has respondido a tu pregunta--observó Sinapo.

Una pequeña llamarada verde surgió de la negrura a unos centímetros más abajo de los ojos, y su voz adoptó una nota de irritación, como si se le hubiese acabado la paciencia.

--La curvatura del espacio-tiempo, como has sugerido. El avión estaba más allá de la cápsula neutra, en el campo gravitatorio de la concavidad negra. La atmósfera del planeta se halla dentro de esa cápsula neutra, en el campo gravitatorio del planeta.

Con un tono de conclusión, Sinapo continuó con otra pregunta.

--¿No tuviste que adquirir la velocidad normal de escape para penetrar con tu saltador hiperespacial en la negrura antes de volverte atrás y tratar de escapar del planeta?

Rápidamente, antes de que Derec tuviese tiempo de digerir las últimas observaciones, Ariel recuperó el control de la reunión.

--Ahora, honorables ceremiones--dijo con firmeza--, nuestro programa exije que la primera fase de nuestro esfuerzo quede terminada en dos meses. Ese esfuerzo proporcionará una zona agrícola suficiente y una producción, en mil kilómetros cuadrados, para pruebas de la pasividad ambiental.

»Al mismo tiempo, modificaremos la ciudad para aportar instalaciones terminales para los vehículos locales e interestelares. Esas instalaciones se proyectarán a través de la abertura de la bóveda, pero estarán aisladas y ventiladas para asegurar que todas las radiaciones y emisiones peligrosas queden retenidas dentro de la bóveda.

«Wolruf, nuestra especialista en ingeniería agrícola, y Derec, el especialista en ingeniería urbana, describirán ahora detalladamente los programas para tales actividades.

Plateada iba registrando todas esas palabras, pero su atención, todo su ser, estaba concentrado en los alienígenas, de manera especial en Sinapo. Como éste llevaba la voz cantante, comprendió que era él el superior de los dos extraños y, potencialmente, más poderoso y más inteligente, que cualquiera de los mamíferos con los que hasta entonces se había familiarizado. En resumen, había encontrado el último objetivo de su clonación final, o eso creía.

Por eso dejó de registrar la reunión con los alienígenas. Acababa de encontrar un nuevo modelo de seres a los que servir mediante las Leyes de la Robótica. Ya no se sentía obligada a observar las órdenes de seres inferiores. Sin embargo, le dedicó a Wolruf un último pensamiento lleno de ternura, la nueva emoción que había descubierto en su consideración de Aullador, ahora ya muy lejos de ella. Continuaría protegiendo a Wolruf aunque con un poco menos de fuerza de la protección que se concedía a sí misma por la Tercera Ley, la ley de la autoconservación.

Concentró su atención nuevamente en el alienígena de la derecha, Sinapo, y estudió los detalles técnicos de la clonación, particularmente en las características aerodinámicas que serían más difíciles de duplicar. Los cálculos le mostraron rápidamente que la zona que abarcaba la extensión de las alas y el reflector debería ser mucho mayor que la de los alienígenas, a fin de soportar el peso de su cuerpo. Aunque el volumen corporal debía ser bastante ligero, con varios refuerzos estructurales huecos.

También tendría que aumentar las dimensiones de su cuerpo para proporcionar la geometría necesaria a las conexiones de las alas y el equilibrio requerido para los manipuladores de las mismas. Asimismo, cosa poco asombrosa, tendría que reducir la densidad de su cuerpo para igualar la de los alienígenas.

Después, se ocupó de los ojos. Eran compuestos, radiando rojo e infrarrojo. La radiación procedía de un anillo que rodeaba la convencional óptica animal en el centro y proporcionaba una iluminación controlada para ver los objetos cuando la radiación solar quedaba bloqueada por el planeta.

Luego, concentró su atención en la superficie corporal de color negro, y descubrió que existían más problemas, aparte de los aerodinámicos y ópticos. Experimentó en su brazo, sentada en el asiento trasero del camión, y finalmente tuvo que desistir y conformarse con un gris negruzco, de un lustre plateado, suave, tal como había tenido que desistir de imitar los detalles del pelo y el colorido epidérmico de los mamíferos.

Acto seguido, atacó la naturaleza y el origen de la llamarada verde que había visto destellar en el alienígena Sinapo. Tenía la sensación de que era una herramienta, y no un arma necesaria para dar una clonación satisfactoria. Designó una pequeña célula electrolítica, un compresor y unos contenedores de alta presión para el hidrógeno y el oxígeno, y un orificio de evacuación al fondo de la cavidad oral, pero conservó sus altavoces convencionales para la comunicación.
Y añadió una diminuta factoría para fijar el nitrógeno en forma de amoníaco, a fin de aportar el rastro del compuesto que daba a la llama su color verde.

Durante todo el período que Plateada estuvo analizando a Sinapo, absorbió asimismo la poderosa masculinidad que éste irradiaba, interceptando y grabando el resplandor rojizo de sus ojos, absorbiendo su esencia física, el lenguaje corporal, los sutiles modales que escapaban a la figura negra del alienígena.

Por fin estuvo lista, y puso las células organometálicas de su cuerpo y sus pseudorribosomas a la tarea de alterar sus cintas genéticas--su DNA robótico, sus equivalentes de transmisión y transferencia el RNA ribosomático, y la miríada de distintos factores contenidos en sus células microbóticas que finalmente efectuarían la clonación alienígena.

Cuando hubo cambiado su forma, se instaló en la parte posterior del abierto camión para dar a sus patas delanteras el sitio suficiente para que se desarrollasen en alas, y después acortó y engrosó sus patas traseras, braceando con fuerza para poder afianzarse sobre el suelo del vehículo.

Con su atención puesta en la reunión, los dos robots que iban en la parte delantera del camión no observaron la transformación, como tampoco se dieron cuenta de ella los mamíferos de la reunión, que estaban de espaldas a ella. A Plateada sólo la observaban los alienígenas, a los que no parecía importarles en absoluto todo lo referente a Plateada.

Finalmente, la transformación quedó ultimada, excepto el gancho y su correa, que había dejado para el final debido a su distinta matriz, una forma de brillante acero inoxidable configurado en un cuerno hueco y curvado, y un cable fino y flexible. Plateada esperaba poder volar, aunque había abandonado el globo y el acto de inflarse que había visto la noche anterior. El gancho, por tanto, era solamente para causar un buen efecto.

Ya cómodamente masculino, Plateado, que no Plateada, se irguió en el asiento posterior del camión en toda su altura, unos tres metros, con las alas plegadas fuertemente contra su cuerpo, como si acabara de salir de un capullo, lo mismo que una mariposa recién metamorfoseada. Experimentaba la necesidad de abrir las alas y ejercitarlas, de sentirlas, y con esto recordó el vuelo en forma de pájaro en el planeta de los lobos.

Los mamíferos y los alienígenas se hallaban demasiado absortos en su reunión. Los segundos, aparentemente, pensaban que el aumento de tamaño de Plateada, ahora Plateado, era un fenómeno natural asociado al camión, porque no dieron señales de mirar directamente hacia el robot transformado.

Lentamente, Plateado abrió las alas. La delgada pero dura membrana organometálica crujió débilmente cuando desplegó la plancha aérea en sus veinticinco metros. Entonces descubrió que le era preciso medir las corrientes de aire.

No se había dado cuenta de una débil brisa mientras estaba en el asiento trasero de la camioneta con las alas plegadas, pero ahora sentía la suave presión que actuaba sobre sus alas, presionando su simulado empalme frío y emplumado, contra el respaldo del asiento.
Resistió el embate que amenazaba con derribarlo fuera del vehículo

con un gran esfuerzo, hundiendo los dedos de sus pies en el almohadillado del asiento.
El esfuerzo fue superior a sus fuerzas, por lo que plegó las alas
contra su cuerpo para reducir la zona aérea.
Luego, dio media vuelta, anduvo por el asiento hacia el costado
del camión, vaciló, mirando a Wolruf que corría hacia él, gritando
su nombre, y extendió las alas de nuevo, saltando por el costado del
~ vehículo. Volvió a experimentar la gloriosa sensación de volar, de estar en el aire, al deslizarse suavemente hacia el suelo. Cuando sus
pies tocaron la tierra, cayó de cara con las alas extendidas y la impresión de movimiento retardado, que empezaba con sus pies abriendo
surcos en el polvo, junto a la carretera.
Dificultosamente se incorporó, usando las alas para equilibrarse
antes de plegarlas. Wolruf llegó a su lado, forzándole las patas hacia
el lomo y pegándole las alas a los costados, al tiempo que con las manos asía el gancho para sujetarlo mejor. Derec, por su parte, empezó a enrollar una cuerda en torno a Plateado y Wolruf, para atarlos juntos.

LA VISITA NEGRA

Ariel estaba a punto de dar por finalizada la reunión. Wolruf había tocado los puntos principales del esfuerzo técnico relativo al establecimiento de las granjas robot, dando además una programación detallada, y Derec había descrito las modificaciones exteriores de la ciudad para proporcionar instalaciones terminales locales e interestelares, el efecto mínimo que dichos cambios ejercerían sobre la meteorología, así como el programa detallado para efectuar tales cambios.

Ariel inició su recapitulación.

--Me gustaría revisar brevemente el programa agrícola de nuevo y resumir toda la programación, pero antes ¿hay alguna pregunta a formular con respecto a la labor descrita por Derec y Wolruf?

--No--dijo Sinapo--. Todo está muy claro.

--¿Es todo aceptable?--insistió Ariel.

--Sí.

Sinapo volvióse a mirar a su compañero.

--Sarco... ¿alguna objeción?

--No por el momento--respondió el interrogado--. La maquinaria agrícola es altamente sospechosa, pero debemos aceptar vuestra palabra, al menos por ahora. El tiempo tal vez diga lo contrario. Claro que también estoy preocupado...

Calló unos instantes y prosiguió

--¡Por el Gran Petero!--exclamó--. ¿Qué es eso, Sinapo?

Los dos alienígenas se volvieron ligeramente a la izquierda para contemplar unos ojos rojizos que tenían detrás. Ariel también dio media vuelta y divisó una monstruosidad de color gris oscuro en el asiento trasero del camión con unas alas gigantescas planeando sobre el vehículo como una especie de ángel vengador.

Después, el monstruo plegó las alas y echó a andar por el asiento del camión hasta el costado de la misma, donde volvió a desplegar las alas, y Ariel supo al momento qué iba a ocurrir.

Pero Wolruf se le anticipó por unos segundos muy importantes, corriendo ya hacia el camión y gritando

--¡Plateada, Plateada!

Repitió el nombre una y otra vez, como si los decibelios de sus chillidos pudieran encadenar al robot al suelo.

En realidad, Wolruf no tenía por qué inquietarse. Plateada
--ahora ya Plateado--se deslizó por el suelo, con las alas extendidas. Y cuando se hubo incorporado y replegado dichas alas, Wolruf estaba ya a sus espaldas, mientras Derec los ataba a ambos con una cuerda que había sacado apresuradamente de un cajón del costado del camión.

Ariel vacilaba entre intervenir en el asunto o conservar cierta calma aparente en beneficio de los dos alienígenas. Sabía que tenía la posición de negociadora oficial, de jefe ostensible de la fuerza laboral de la ciudad de los robots, desde que había tenido que parlamentar con los alienígenas como un ministro sin cartera.

Mientras tanto, Derec estaba atando a Plateado y Wolruf con la cuerda. Ariel volvióse hacia los alienígenas a tiempo de oír a Sarco

--Quizás esto nos dé una buena idea de la amenaza que planea sobre nuestro mundo, miss Ariel Welsh. Mañana por la mañana reanudaremos la construcción del compensador del nodo.

Mientras hablaba hizo girar su gancho hacia delante. Después, al dar media vuelta, surgió una llamarada verde, ancha y de un metro de longitud, por debajo de sus ojos. Luego, Sarco se elevó en el aire, aleteando.

El calor de la llama hirió a Ariel como el ardiente soplo de un horno.

El alienígena Sinapo se quedó mirándola después de que su colega hubo desaparecido.

Cuando habló, lo hizo en un tono que no dejaba lugar a dudas sobre el carácter de sus pensamientos. Sus palabras parecieron modular la pequeña llama verde que también brillaba bajo sus ojos rojizos, con una fluorescencia cerúlea y evanescente que resonaba con el extraño zumbido que impartían sus palabras.

--Has violado nuestra confianza y me has humillado delante de
la élite, miss Ariel Welsh.
- Acto seguido, también él se elevó en el aire.
Ariel permaneció inmóvil largo tiempo, contemplándoles, mientras lentamente y grácilmente iban trazando círculos cada vez más
altos por encima de la bóveda. El primero se equilibró y efectuó un
vuelo en torno al centro exacto de la bóveda. El segundo continuó
subiendo, dando vueltas una y otra vez, hasta que ella lo perdió de
vista en la calinosa atmósfera.
Derec volvía a estar a su lado sin que ella lo oyese llegar.
--Un retroceso, con toda seguridad, aunque tal vez no muy grande--comentó el joven.
Sobresaltada, ella se volvió a mirarle fríamente, pero nada dijo
antes de encaminarse hacia el camión. Jacob se hallaba ante los
mandos. Mandelbrot, de pie entre él y Plateado, sujetaba el extremo
de una cuerda, la misma que rodeaba al robot metamorfoseado, manteniendo pegadas las alas a sus costados. Wolruf se hallaba sentada en el asiento delantero, directamente detrás de Plateado. Derec
los había desatado cuando pensó que todo se hallaba bajo control.
Ariel trepó lentamente al vehículo y se acomodó detrás.
Derec subió a su vez y sentóse al lado de la joven. Jacob guió el
camión por la carretera y luego enfiló por la calle Mayor, hacia el
apartamento.
--Ya te advertí respecto a Plateado--musitó Derec--. Ya sabías
que puede cambiar de forma. Admito que no esperaba que esta vez
el cambio fuese tan poco propicio. ¿Qué han dicho los alienígenas
antes de echar a volar?
--Estaban asustados, claro está, y coléricos. No podían sospechar que íbamos a producir un ser similar a ellos, y dos veces más
grande. Según ellos, he traicionado su confianza. Lo dijeron con estas mismas palabras. Y mañana por la mañana cerrarán la bóveda
--terminó Ariel--. Tu nuevo protegido ha impedido definitivamente el desarrollo de este planeta. A menos que tu genio y tus notables capacidades puedan milagrosamente impedir lo inevitable.

--Estás muy sarcástica, querida--observó Derec.

Dejaron atrás un par de cruces.

--Ya sabes que nosotros somos capaces de obrar tal milagro
--añadió Derec.

Como si tuviéramos muchas oportunidades...

--No, es una oportunidad muy pequeña, pero no deja de ser una oportunidad.

Ariel no respondió y, levantándose, pasó a la parte delantera del camión para sentarse directamente detrás de Jacob Winterson. Por el momento, el robot era su único amigo. Ariel empezó a mirar como a través de él, aunque lo que estaba viendo era una mañana terrible, no la estupenda musculatura del robot.

Wolruf alargó el brazo y posó una mano de dedos muy gruesos sobre la más pequeña de Ariel. Esta no se movió ni pareció darse cuenta. Al cabo de un instante, Wolruf retiró la mano.

Una vez en el apartamento, Ariel se adelantó a los demás. Era una demostración en beneficio de Derec, cosa que ella misma admitía con una parte de su mente. Con la otra parte, casi esperaba que él la siguiera, pero se vio defraudada al ver que no era así. Tenía en su cabeza varias cosas que decirle. Entró en el comedor en el momento en que Jacob servía el almuerzo.

Después del almuerzo que le supo a serrín, Ariel salió al balcón para alejarse de los otros, aunque se llevó a Jacob consigo. Los dos tomaron asiento en el banco que había paralelo a la barandilla.

--Jacob, ¿dio Plateado algún indicio de que iba a cometer semejante tontería? Y además... ¿por donde anda?

No había pensado preguntarlo hasta este momento. Lo cierto era que había deseado olvidarse de Plateado, y lo había conseguido mejor de lo que esperaba. Sus pensamientos se habían concentrado en Aurora. Durante todo el almuerzo había padecido el mal de la añoranza, y Derec se lo había aumentado. El joven habíase mostrado tan callado como ella. No había querido mantener una discusión, de modo que permaneció en silencio en tanto comía. Inmediatamente después del almuerzo, Derec se había marchado al dormitorio pequeño.

La sensación de aislamiento de Ariel se había intensificado no sólo por el silencio de Derec sino también por el silencio de Wolruf.
Esta sensación, este silencio, habían persistido durante todo el almuerzo. Ariel volvió a sentir el contacto de la mano de Wolruf en la suya cuando iban en el camión.

--Para contestar primero a tu pregunta más inmediata, master Derec obligó a Plateado a tenderse en el suelo del dormitorio pequeño tan pronto como llegamos--explicó Jacob--. A Plateado le costó bastante pasar por la puerta. Era mucho más alto y ancho que la abertura. Por eso, le resultaba también difícil doblarse y, al mismo tiempo, pasar por la puerta de lado, estando además sujeto por la cuerda. Y para responder a tu primera pregunta, el salvaje, como lo llama Mandelbrot, y a mí me parece un apodo particularmente apto, el salvaje habló con nosotros brevemente, pero sin dar indicios de que el cambio fuese inminente.

--Entonces, ¿no dijo nada extraordinario?--quiso saber Ariel.

--Por lo visto, ignora qué son los humanos. Éste asunto de la clonación y los cambios de forma, por ejemplo. ¿Sabías que efectúa esos cambios para encontrar la especie que pueda finalmente llamar humana?

--Derec sugirió que tal podía ser el caso.

--Entonces, ¿dejará de proteger a las que considera especies inferiores?

--Supongo que sí. Derec así lo piensa.

--¿Y esto no lo convierte en un ente peligroso para los humanos?

--Es posible.

--¿No debería, pues, ser desactivado?

--Hasta hoy no lo había pensado. Derec parece considerarlo un experimento muy valioso que debe ser protegido. Y por la breve conversación que sostuvimos, sospecho que sigue opinando lo mismo.

--Tal vez deberías volver a hablarle del asunto, miss Ariel. Tanto Mandelbrot como yo tememos que el salvaje pueda escapar de nuestro control. Los dos estamos perturbados por la Primera Ley, y nos resulta mucho más difícil permanecer junto a ese robot ahora que ha adoptado esa nueva forma alienígena.

--Tienes razón, Jacob. Hablaré con Derec.

Posó una mano sobre el cuello de Jacob y suavemente fue siguiendo los músculos como si acariciase a un animalito doméstico.
La preocupación de Jacob la emocionaba. Era por ella que estaba tan preocupado. A una mujer joven le resulta difícil ignorar tal preocupación cuando procede de un ser de piel caliente tan magnífico como Jacob. Era un hermano muy querido.

Esta idea la dejó confusa. ¿Cuándo había dejado de pensar en Jacob como en un robot? Lo consideraba como un hermano; ¿no era así? Sólo podía ser esto con toda seguridad. A pesar del modo cómo Derec la ignoraba debido a su interés por el salvaje Plateado.

Tal vez su propio experimento estaba escapándosele de la mano.
Desde que Derec había llegado al Mundo Ostrícola, no se había mostrado con el cariño que ella había soñado tan intensamente.

Y la preocupación de Jacob era muy grata, y el contacto con sus músculos resultaba ciertamente estimulante.

Tras esta idea, Ariel apartó su mano del robot, se puso de pie, penetró en el apartamento y abrió la puerta del dormitorio al que se había retirado Derec inmediatamente después de almorzar, y donde Jacob decía que tenían a Plateado.

Derec se había quitado la ropa y Plateado estaba sentado en el suelo, entre las dos camas gemelas, de espaldas contra la pared, formando una bola, a la curiosa manera con que los alienígenas reducían su área superficial. Con esto, su altura desminuía a la mitad.

Derec estaba sentado en la cama más alejada de la puerta, mirando fijamente los ojos rojizos del robot.

Ariel se sentó en la otra cama. Jacob la había seguido. Se quedó junto a la puerta, de espaldas a la pared.

--Le he explicado la crisis que ha provocado con los ceremiones
--murmuró Derec--, y Plateado está deseando solucionar este asunto. No deseaba ofender a esos seres, sino que trataba de emularlos y servirles.

--Ellos podrían destruirlo antes de que tuviese la menor oportunidad de servirles--rezongó Ariel--. Están sumamente enojados.

--Éste es el peligro que debo correr, Ariel--respondió Plateado--, aunque no creo que sea muy agradable... ni tampoco demasiado probable.

En las palabras de Plateado faltó el título de miss. Claramente, había realizado la clonación de los alienígenas no sólo en el aspecto sino también en el pensamiento.

--Sin embargo, mejor será que les hables desde cierta distancia
--le aconsejó Ariel--. Lejos del alcance de sus llamaradas.

--La comunicación por radio servirá para el caso--replicó Plateado--, sin el peligro que sugieres.

--Primero hay que entender su jerga por radio--razonó Ariel--.
La modulación es una verdadera jerigonza ultrasónica.

--Lo he estado estudiando desde que llegamos. No es diferente del ultrasonido que usaron para conversar en privado cuando te reuniste con ellos. Esa reunión me proporcionó las pistas que necesitaba para comprender las transmisiones por radio, que capté la tarde de nuestra llegada. Modestamente, puedo afirmar que hablo fluidamente su lenguaje.

--Tan fluidamente que sospecho que hallarás a varios representantes de su especie aguardándote fuera, y probablemente al alcance de sus llamaradas.

Derec saltó de la cama y corrió desde el dormitorio a la vidriera que daba al balcón. Ariel le siguió. El joven iba a salir al balcón pero se detuvo en seco. Había dos alienígenas encaramados a la barandilla, claramente visibles a través de las cortinas, y a pesar del crepúsculo permanente creado por la bóveda. Estaban silueteados contra los edificios blancos del otro lado de la calle, como dos enormes cuervos negros. Probablemente, había más a nivel de la calle.

Derec y Ariel volvieron al dormitorio.

--¡Has estado hablando con ellos!--dijo Derec blandiendo un dedo en dirección a Plateado.

--Sí. Ya he iniciado mis negociaciones.

--¿Y con quién has hablado?--preguntó Derec.

--Con el jefe llamado Sarco.

--¿Qué quieren?

--Mi libertad. Les he dicho que estoy aquí prisionero.

--No es cierto. Hubieras podido romper la cuerda cuando hubieras querido, antes o después de llegar aquí.

--Tal vez sí, pero no quería correr el peligro de dañarme las alas.
Para volverme aerodinámico, he tenido que sacrificar mi fuerza y mi rudeza a la resistencia y ligereza necesarias para el vuelo, que inevitablemente entraña cierta fragilidad. Pero ahora he de hablar con el amo Sarco.

--Pero diles la verdad--le advirtió Ariel--. Explícales nuestra sinceridad, que nada sabíamos de esta última transformación tuya.

--He de decir la verdad. No puedo obrar de otra manera--
asintió Plateado.

--Pero a veces omites cosas--observó Derec--. Intenta decir todo lo que interesa con respecto a nuestra situación.

--Mi primera preocupación ha de ser para mis nuevos amos, pero jamás me olvidaré de los primeros, Aullador y luego Wolruf, que tan amables fueron conmigo. Claro que atarme con cuerdas apenas puede llamarse amabilidad.

--Entonces piensa en Wolruf--le recomendó Derec--. Y en todas las atenciones que tuve contigo antes de este último incidente.

--Ahora he de ir a conferenciar con Sarco--repitió Plateado, poniéndose de pie convertido aún en una bola.

Después, parcialmente enderezado, todavía doblado lateralmente, cruzó la puerta del dormitorio.

LA LEY HUMANICA

Dando vueltas más arriba de la altitud de carga normal, Sinapo vigilaba al alienígena Plateado y su escolta de ceremiones, todos con menos de la mitad de su tamaño, encaminándose hacia el Acantilado del Tiempo, mucho más abajo, en dirección a la reunión que Sarco había convocado para escuchar las palabras del alienígena.

Sarco se hallaba ya en el pináculo del Acantilado del Tiempo. Sinapo le había visto llegar un cuarto de hora antes, no mucho después de que la última transmisión por radio hubiera dado lugar a la reunión.

Sinapo se convirtió en una bola y, mientras descendía, cubrió de plumas un reborde de un ala, para poder ir girando hacia el Acantilado del Tiempo, como una bola rodando por una rampa.

Su avance hacia el acantilado iba armonizando con el de la corta procesión de ceremiones, con Plateado en el centro, de modo que Sinapo llegó a la reunión casi simultáneamente.

Sinapo se encaramó en la hendidura más cercana e inferior, o sea a la misma posición que Sarco había ocupado en la reunión anterior.
Su élite de cerebrones ya estaba alineada en una lisura rocosa que había más abajo.

El alienígena que se llamaba Plateado estaba frente al centro de la fila de miostrianos, por debajo de Sarco. El jefe de aquéllos no perdió el tiempo. Empezó a interrogar al alienígena tan pronto como Sinapo estuvo en su percha.

--¿Quién eres y cuál es tu propósito al contactarnos?—interrogó Sarco.

--Soy un robot y estoy aquí para serviros--replicó Plateado.

A pesar de sí mismo, Sinapo estaba impresionado. El alienígena Plateado dominaba el lenguaje ceremión, sólo con un ligero acento extraño.

--¿Eres un sirviente, como los sirvientes que construyeron la ciudad que hemos anulado?--insistió Sarco.

--Sí, sólo que soy un poco más versátil--respondió el alienígena.

--¿Fuiste creado esta mañana, durante nuestro encuentro con esos alienígenas?

--No. Fui creado en otro planeta. Esta mañana fue solamente una transformación.

--¿Con qué fin?

--Para seguir lo mejor posible las leyes que me gobiernan, las leyes de los seres que me crearon.

--¿Y cuál es la naturaleza de esas leyes?--preguntó Sarco.

--No puedo dañar ni perjudicar a un ser humano--respondió Plateado--, ni, por omisión, permitir que un ser humano sea perjudicado o lesionado. Debo obedecer las órdenes que me dan los seres humanos, excepto cuando tales órdenes entren en conflicto con la Primera Ley. Y debo proteger mi existencia, siempre que esa protección no esté en conflicto con la primera o la segunda ley.

--¿Son éstas las leyes que también gobiernan a los sirvientes que construyeron la ciudad?--se interesó Sarco.

--Sí. Todos somos robots, o eso me dijeron.

--¿Y consideras a esos seres humanos--continuó Sarco--como tus creadores, a los que debes servir?

--Sí.

--Entonces, ¿por qué quieres servirnos a nosotros?

--Las leyes y mi programación no dejan claro qué son los seres humanos. Seguramente son seres más inteligentes que yo, de lo contrario no habrían podido crearme. Por eso trato de conocer y comprender a esos seres. Hasta que conocí a vuestra especie, Ariel y Derec fueron los seres más inteligentes que encontré... con la posible excepción de Wolruf.

--Nosotros somos los seres más inteligentes de este planeta—se ufanó Sarco--, pero no te creamos. Miss Ariel Welsh nos dijo que ella y los seres como ella son humanos. Y no tenemos ningún motivo para no creerla. ¿Por qué no lo crees tú?

--Ni Ariel, ni Derec, ni Wolruf me crearon, o eso dicen.

--¿No fuiste creado esta mañana para intimidarnos?--volvió a insistir Sarco.

Sinapo estuvo de acuerdo con Sarco. Éste era el punto más importante.

--No, me limité a transformarme, realizando una clonación de Wolruf.

--Entonces, esta mañana, cuando comenzó la reunión, tú tenías la forma de ese llamado Wolruf, uno de los tres que hablaron conmigo, ¿eh?

--Sí.

--¿Y no te transformaste por orden de miss Ariel Welsh?

--No. Realicé la clonación imitando a un ser como tú, llamado Sinapo, que me pareció el más inteligente de los dos que estuvieron en la reunión.

--Ese Sinapo está allí arriba.

Sarco señaló con el apéndice central de su ala derecha hacia su amigo, que estaba en la adyacente hendidura.

--Yo soy Sarco--continuó el jefe de los miostrianos, el otro asistente a la reunión de esta mañana, el menos inteligente--concluyó irónicamente.

Sinapo observó la ironía, lo mismo que los demás miembros de la élite de cerebrones, pero Plateado no la captó.

En cambio, se acercó a la lisura rocosa, debajo de Sinapo.

--Claramente, tú eres el ser más inteligente de este planeta--declaró Plateado, dirigiéndose a Sinapo--. Tú, o alguien como tú debió crearme, de modo que tú debes ser un humano.

--No--negó Sinapo--, no soy un ser humano.

--¿Qué es, pues, un ser humano, amo Sinapo?--preguntó el robot.

De repente, Sinapo comprendió el problema del robot. Para éste era un difícil problema de semántica, muy claro para Sinapo desde el momento en que Plateado reemplazó las palabras seres humanos en las leyes que le gobernaban por la palabra creador. Era así cómo este robot especial, por un motivo u otro, pensaba acerca de las leyes. Creador o ser humano, o cualquier otro término que ocupase esa posición en las leyes del robot, no habían quedado bien definidas. Esto estaba muy claro.

Tal vez los seres humanos habían creado a los robots Avery, pero este robot no estaba seguro de haber sido creado por las mismas criaturas, aunque tanto él como los Avery estuviesen gobernados por unas leyes de estructura similar. Pero, por todos los datos, a Sinapo le resultaba muy claro que eran los seres humanos quienes habían creado al robot, y que eran las suyas las leyes a las que se refería.

--Miss Ariel Welsh y cuantos son como ella son seres humanos, y fueron unos seres humanos los que te crearon--repitió Sinapo--.
Es a ellos a los que has de servir, y de todos ellos, te sugiero que prestes tus servicios más absolutos a miss Ariel Welsh. Nosotros la habíamos juzgado muy mal y ahora la hemos insultado por segunda vez. Ahora... cuando vuelvas con ellos, elige otro modelo para tu clonación y así la servirás mejor. En realidad, con esta clonación no eres más que un pobre ceremión.

Hubo una larga pausa.

--Una última pregunta--dijo luego Plateado--. Ya me habéis oído recitar las Leyes de la Robótica que gobiernan mi conducta. ¿Me ayudaría a servir a miss Ariel conocer las Leyes de la Humánica?
¿Habéis deducido dichas leyes de vuestro trato con los humanos, con miss Ariel o con master Derec?

--Sólo hay una Ley Humánica. Las demás son solamente corolarios. La Ley Humánica es la ley de todos los seres naturales, con intelecto alto o bajo, sean ceremiones, humanos o lupinos como vuestra Wolruf.

»Todos obedecemos esta ley sin excepción, aunque a veces, sin meditarlo, parezca lo contrario. Todos nos desenvolvimos desde el caos, y el caos gobierna nuestras vidas, pero de ese caos y paradójicamente, parece surgir un propósito, y es ese propósito caótico el que nos impulsa a seguir esta ley única.

»Esa ley es muy simple Cada uno debe hacer lo que complazca a la mayoría. Ésta es la única Ley Humánica.

»Y ahora, ve a servir a mis Ariel Welsh.

Plateado extendió bien sus alas y, mientras Sinapo y todos los ceremiones lo contemplaban, las alas parecieron disolverse lentamente y contraerse en unos macizos apéndices superiores, a medida que el torso se encogía a menos de la mitad de su altura, y en las patas se observaban ya unos gruesos muslos y unas pantorrillas mucho más finas.

Cuando la transformación hubo terminado, Sinapo se dio cuenta de que sólo había un alienígena con la misma forma el sirviente alienígena, Jacob Winterson.

A Plateado no le habría costado demasiado hacerlo si hubiese cavilado un poco y no hubiese tenido tanto afán por efectuar una transformación. Pero Sinapo no pensó ya más en ello cuando echó a volar en dirección a una estación de carga, sobre el centro del compensador, para reabsorber lo que quedaba de la radiación solar de la tarde.

NEURONIUS CONTRAATACA

La contradicción, el dilema, desgarraban su mente, destrozando su razón y su cordura, llevándole a la deriva en leves gritos silenciosos, como restos de un naufragio flotando sobre el borde del Acantilado del Tiempo. Plateado había encontrado la superinteligencia que buscaba, y esa inteligencia había declarado que no era humana.
Ariel Welsh era humana, lo mismo que Derec Avery. «Ve a servir a miss Ariel Welsh, había dicho, y encuentra la forma en que puedas servirla mejor.»

Él tenía que ceder ante esa inteligencia superior, no había escapatoria a la lógica, pero él había violado las Leyes, no había servido debidamente a los humanos, y era éste un pensamiento que no podía soportar.

Plateado se aferraba desesperadamente a este razonamiento, haciéndolo rodar como una bola, escapando a la tarea absorbente de efectuar una clonación de acuerdo con todo lo que sabía de Jacob Winterson. Estuvo sobre la roca lisa hasta mucho después de marcharse los ceremiones, cada vez más inmerso en su clonación, explorando y husmeando mucho más de cuanto había hecho antes, cambiando sus células microbóticas para crear las de la función y pigmentación apropiada con la que formar esta vez una imagen perfecta la piel bronceada, el cabello rubio y bien cortado, con las mismas hebras delicadas, el cuello musculoso que sostenía la hermosa cabeza hasta los hombros, los abultados bíceps y los músculos pectorales, la cintura estrecha, los poderosos muslos, envueltos por la piel, como unas cuerdas musculosas.

Creó la misma frente alta, sin la menor arruga; la fina nariz nórdica, los ojos azules, bien separados; los altos pómulos, la boca generosa, la barbilla bien asentada, con un bello hoyuelo.

Cuando hubo terminado finalmente la clonación, se acercó al borde de la lisura rocosa y estuvo allí contemplando desde aquella escarpadura la aguda línea que separaba el bosque de la pradera.
Aquella delineación condujo sus ojos a la iridiscente bóveda, que cubría la ciudad de los robots, temblorosa bajo la luz solar, y pareciendo, por espejismo, suspendida sobre el horizonte, transparente y como vacía de todo contenido.

Sintió un súbito impulso de extender las alas y volar desde la escarpadura a la bóveda y a mis Ariel Welsh. Las Leyes le estaban hablando y, por una leve fracción de segundo, sintió el impulso contrario y poderoso de escapar en otra dirección pero después las Leyes volvieron a mandar y, sin las alas, Plateado empezó a caminar descendiendo de la escarpadura, utilizando la fuerza superhumana en sus dedos para aferrarse a la superficie rocosa y escurrirse como un camaleón.

Mientras pasaba por entre las junturas y los estratos pétreos que sobresalían del Acantilado del Tiempo, iba atravesando edades geológicas primitivas del Mundo Ostrícola, pareciéndole que en el breve período del descenso volvía a sus orígenes en otro mundo, como si descendiese a través del espacio-tiempo al bosque de su nacimiento.

Se deslizó en los últimos metros por un profundo talud de apretada grava negruzca a una superficie de roca lisa que se inclinaba hacia donde empezaba la pradera herbosa. Allí se enderezó y, al trote corto, se dirigió al bosque, a medio kilómetro de distancia, para internarse en la lujuriosa jungla, en un habitat familiar como el que había conocido poco después de nacer. Experimentaba una añoranza como jamás había sentido.

Se hallaba apenas a diez metros de aquel frío solaz cuando uno de los negros alienígenas alados surgió ante él, desde un escondite proporcionado por la densa maleza.

--¿Eres tú el llamado Plateado?--le preguntó el alienígena.

--Cierto, yo soy Plateado.

Continuó avanzando hacia el alienígena negro, pero más despacio a medida que el otro retrocedía, siempre entre Plateado y el bosque.

--Yo soy Neuronius--se presentó el alienígena--. He de hablar contigo, Plateado.

--Ya he hablado bastante con los tuyos, Neuronius, y ahora debo entrar en el bosque a reflexionar sobre todo lo que he aprendido.

--Yo puedo enseñarte mucho más, Plateado; algo que te beneficiará a ti y a los de tu especie en sus tratos con los ceremiones.

--Ya sé demasiado casi. No puedo absorber todo lo que he oído siquiera. ¿Qué deseas, ponerme ante más contradicciones?

--Hay muchas más cosas respecto a los ceremiones que necesitas saber a fin de poder servir debidamente a miss Ariel Welsh. ¿Puedes desaprovechar esta oportunidad?

El alienígena había retrocedido anadeando bajo el abrigo de unas altas coníferas mientras hablaba, llevando a Plateado por un sendero abierto entre la densa hierba. Se detuvo de pronto, mirando a Plateado y bloqueándole el paso hacia la jungla.

--Déjame pasar--le pidió Plateado--. No deseo hacerle daño a un ser que tanto se parece al poderoso Sinapo.

--Sinapo no es nada, Plateado. Yo puedo enseñarte el secreto de la bóveda que separa el tiempo del espacio. Después, cuando miss Ariel Welsh deba tratar con él, podrá hacerlo en términos de igualdad. Este secreto puede ser tanto una herramienta como un arma.

Confundido como estaba con la orden de Sinapo de que sirviese a miss Ariel, fue como si el mismo Sinapo le ordenase escuchar a Neuronius.

--Bien, te escucharé unos instantes--concedió Plateado--, y luego te dejaré.

Continuaron por el sendero, un poco más adentro del bosque, hasta llegar a un claro por el que discurría un riachuelo. Neuronius abrió las alas y aleteó un poco como para sacudirse unas molestas arrugas, y volvió a plegarlas a los costados. Anadeó hacia el riachuelo, sentóse sobre una piedra que sobresalía en el centro del agua, y dejó que el líquido lamiese su emplumada cola.

--El secreto de la bóveda es meramente un asunto de comprender el espacio y el tiempo en relación con las concavidades negras--empezó a explicar Neuronius--. Esta relación se describe mejor en término de análisis tensorial.

Plateado ya estaba familiarizado con las matemáticas del tensor, la mecánica quántica, la relatividad general y la física del espacio-
tiempo que, eran todavía las ciencias básicas desarrolladas por Schroedinger y Einstein.

La tecnología del hipersalto y la hiperonda eran poco más que instrumentos que el hombre había descubierto casi por casualidad y todavía no comprendía realmente, como tampoco comprendía aún lo que era un electrón.

Por eso, Neuronius condujo a Plateado por los senderos matemáticos que trataban del espacio y el tiempo que, familiares al principio, se tornaron rápidamente extraños y desconocidos, y retorcieron sus canales pensantes positrónicos en unas fórmulas mucho más incómodas.

En medio de esa incomodidad, Plateado empezó a sospechar que Neuronius, que podía torcer la mente de Plateado hasta tal punto, era tal vez superior a Sinapo. Ciertamente, Neuronius era diferente, tal vez con la diferencia de una mente superior. Continuó grabando lo que decía Neuronius, aunque suspendió la generación de enlaces de memoria asociativos, o sea que dejó de escuchar, a fin de continuar la intrigante comparación de los dos alienígenas. Finalmente, interrumpió la conferencia de Neuronius.

--¿Qué es un humano, Neuronius?

--¿Cómo?

--He estado buscando humanos, los seres cuyas leyes gobiernan mi conducta. Pensé que los humanos deben constituir la especie más inteligente de esta galaxia, pero Sinapo afirma que miss Ariel es humana, y él no, aunque sea más inteligente que ella.

Neuronius vaciló. En el silencio, el piar de los pájaros del bosque llegó a oídos de Plateado, registrándolo con una aguda claridad, con una serenidad que resultaba extraña con el torbellino de su mente.

--Yo soy humano--declaró Neuronius--, Sinapo no.

¿Acaso no existía la paz en esta vida? Incuestionablemente, Neuronius era más inteligente que miss Ariel Welsh, y cada vez resultaba más evidente que Neuronius era mucho más inteligente que Sinapo, a pesar de ser éste el jefe de los ceremiones. Inmediatamente se le presentó a la mente la pregunta más lógica.

--¿Dónde encajas tú en la sociedad de los ceremiones?

--Yo no soy un ceremión--replicó Neuronius--. Tal vez lo parezca, pero no lo soy. Soy muy superior a cualquier ceremión.

--¿Y hay otros de tu especie?

--No en este planeta. Éste es mi planeta, y los demás, cada uno domina en un planeta distinto.

Plateado estaba impresionado. Pero en Neuronius había algo que le molestaba... tal vez su manera de hablar. Mandelbrot le molestaba de esta manera, aunque era una molestia que no debía preocuparle.
Mandelbrot no era más que un robot. Pero Neuronius no lo era, y sus palabras resultaban tremendamente tentadoras y al mismo tiempo perturbadoras. Mandelbrot nunca le había trastornado tanto.

Si Neuronius era el único de su especie en este planeta, tenía que ser el más inteligente del globo... si es que era más inteligente que Sinapo. Y Plateado volvió a su comparación. En una balanza, Neuronius era el más inteligente. Había profundizado más en la tecnología de la bóveda que Sinapo durante su reunión con los mamíferos. Sinapo había parecido retener cierta información, como si no estuviera muy seguro de lo que decía. Ciertamente, Neuronius no daba esta impresión. Por el contrario, casi reventaba de información. Tanto más cuanto que los potenciales positrónicos de Plateado acerca del tema de las bóvedas eran un perfecto batiburrillo.

Su indecisión era terrible. Tenía que resolver la cuestión. Creía haberla resuelto, y ahora, al llegar de nuevo a este punto, después de haber pasado por el mismo tantas veces, con una experiencia espantosa que había solucionado finalmente con la clonación deJacob Winterson. Y ahora, todo lo pasado no servía para nada. Bien, ¿cómo podía resolverlo de una vez por todas?

--Debo saber quién es más inteligente, tú o Sinapo. ¿Puedes sugerirme la manera de averiguarlo?

--No estoy interesado en tus jueguecitos, Plateado. Te estoy ofreciendo unos conocimientos que te permitirán servir a quien te plazca con una mayor eficacia. Supongo que te das plena cuenta de esto.

--Pero debe quedar claramente resuelto a quien debo servir antes de que se produzca ese servicio. Seguramente tú, con tu gran inteligencia, has de comprenderlo.
--De todas formas es posible entrenarse para servir eficientemente sin saber a quién.

--Sí, pero el entrenamiento que debe practicarse sólo depende del ser al que haya que servir.

Esto le parecía claro a Plateado, y si Neuronius no podía comprender algo tan simple, no podía ser tan inteligente como parecía al principio.

--Has de resolver esta cuestión, ¿eh? --preguntó Neuronius, mientras surgía momentáneamente una pequeña llamarada verde por debajo de sus ojos rojizos.

Ésta era una pieza del lenguaje corporal que Plateado había aprendido a entender. Prestaba un aire de gran sinceridad al malestar que Neuronius decía experimentar.

--Sí--asintió Plateado.

--Entonces debes servirme a mí. Yo soy humano, el único humano de este planeta y el más inteligente de las diversas especies que lo habitan. Y ciertamente mucho más inteligente que Sinapo.

Bien, esto debía ser así por el momento. Plateado no podía hacer nada más de inmediato. Tenía que tratar de aceptar lo que afirmaba Neuronius, pero tal aceptación no podía recibirla con tanta facilidad.
Ya había tropezado con muchas encrucijadas en su camino de búsqueda de los seres humanos, y cada vez, en cada encrucijada, la resolución del dilema le planteaba una atroz agonía.

Ese conflicto, ahora repetido, y su intento de capearlo, enviaba como unas puñaladas de dolor a través de su cerebro positrónico, unas puñaladas que se congelaban en una bola de auténtica agonía, hasta que finalmente no pudo soportar tal dolor. Dio un gran salto y huyó sendero abajo hacia el bosque perseguido por los gritos de Neuronius, cada vez más débiles.

Agotado finalmente, cuando Neuronius hubo quedado muy atrás, se detuvo. Había abandonado el sendero, hundiéndose entre la espesa vegetación, arrancándola incluso de la raiz cuando no cedía de otro modo. Se quedó allí, recargando su depósito de reserva.
En su confusión, había utilizado toda la producción de su reactor de microfusión, fundiendo todas sus reservas hasta que se vio obligado a detenerse.

Después, empezó lentamente a transformarse de una clonación a otra, buscando su paz mental, pasando deJacob a Sinapo, a Wolruf y a Derec, y finalmente a Ojo Avizor, hasta la primera forma de la que tuvo conocimiento.

En la clonación de Ojo Avizor, como una loba, usando sólo una fracción de la producción de su reactor, empezó a comportarse como un lobo por el bosque, buscando y siguiendo los rastros animales creados por los habitantes naturales del Mundo Ostrícola. Encontró cierta paz en los agradables olores naturales dejados por las criaturas básicas, criaturas mucho más inferiores en la escala de la vida que Aullador, aunque similares a él en su familiar pero disimulado olor a almizcle.

Transcurrió la noche mientras Plateado rondaba sin rumbo por el Bosque del Reposo.

Amaneció cuando estaba en el lindero del bosque, bajo el Acantilado del Tiempo, en el mismo sendero que llevaba al claro donde Neuronius le había dado su conferencia. La noche había servido para aclarar una cosa debía volver a hablar con Sinapo antes de efectuar un juicio final sobre la humanidad de Neuronius.

Pudo localizar a Sinapo por radio, pero la única manera diplomática de hablar con él consistía en el vuelo. No podía pedirle que viniese a verle. Sinapo había dejado entender claramente que no deseaba volver a hablar con Plateado. Por lo que éste, que ahora volvía a ser Plateada, debía volver a adoptar la clonación de Sinapo a fin de hablar con él en sus mismos términos.

Cuando Plateado finalizó la transición a su forma de cuerpo negro, el sol se asomaba por encima del Acantilado del Tiempo. Había un ceremión trazando círculos sobre la bóveda, en la estación de Sinapo. Plateado saltó anadeando en el aire y subió muy arriba, llegando a la altitud necesaria para alcanzar al alienígena a través de la distancia existente desde el Acantilado del Tiempo.

Cuando Plateado llegó encima de la bóveda, el gancho del alienígena estaba en posición invertida, por lo que no sería difícil inducirle a conversar.

Con su garfio también hacia atrás, Plateado se deslizó quedamente al lado del alienígena.

--Jefe Sinapo, necesito resolver una cuestión que...

--Soy Sarco--le interrumpió el alienígena--. Sinapo llegará más tarde esta mañana.

Hablar con Sarco sería mejor que con Sinapo. Sarco conocía a Neuronius y a Sinapo, y también era un jefe. ¿Quién mejor para juzgar a los dos?

--Debo resolver un asunto de gran urgencia, jefe Sarco, pues se trata de comprender mejor a Sinapo y compararlo con Neuronius, que asegura ser la criatura más inteligente de este planeta.

--¿Neuronius? ¡Por el Gran Petero!--silbó Sarco, emitiendo al mismo tiempo una llamarada verde.

--Neuronius dice que es humano y no ceremión, y que en este planeta no hay nadie más de su especie.

--También yo dudo en llamarle ceremión--masculló Sarco--
pero por desgracia lo es. Es un ceremión paranoico que sufre alucinaciones de grandeza. Ciertamente, no es más inteligente que Sinapo, puedes creerme. En caso contrario, no habría sido arrojado fuera de la élite de los cerebrones.

--¿Era, pues, miembro de la sociedad Cerebrón?

--Ciertamente. Algo que todos lamentamos, aunque entonces no nos dimos cuenta, porque Neuronius fue insidiosamente hábil. La habilidad, sin embargo, no iguala a la sabiduría o la inteligencia.

--Gracias. Me has prestado una gran ayuda. Ahora, debo irme.

Y con estas palabras de despedida, Plateado se transformó en una bola e inició el descenso.

INTERVALO

Habían apostado a Jacob y Mandelbrot en el balcón del apartamento para vigilar toda la noche un posible y prematuro cierre de la bóveda.

--Esto me recuerda otra noche antes de tu llegada--le dijo Jacob a Mandelbrot--. Pasé la noche igual que ésta,- pero sin tu compañía.

--Confío en que esta noche no suceda nada irremediable
--murmuró Mandelbrot.

--No. Aquella fue la última noche que miss Ariel pasó bajo una bóveda que podía aprisionarla irremediablemente. La noche siguiente la pasó en el camión, durmiendo en el asiento trasero. Y a la mañana siguiente se resolvió la primera crisis con los alienígenas.

--Esperemos que esta crisis se solucione con un final tan feliz.
¿Cuáles crees que son las probabilidades del salvaje?

--Como ya dijiste anteriormente, es imprevisible--respondió Jacob--, pero deseo ardientemente que tenga éxito en bien de miss Ariel.
Aunque supongo que esta esperanza es vana. Tarda mucho en volver.

--Temo que tengas razón--gruñó Mandelbrot--. Master Derec observó que los jefes alienígenas regresaron a media tarde a sus observatorios normales, aunque esto no está tan claro para mí, puesto que todos son iguales.

Todos los alienígenas habían estado esperando, sentados en el camión estacionado frente a la bóveda, aguardando el regreso de Plateado.

Una bandada de alienígenas negros había regresado por la dirección emprendida cuando acompañaron a Plateado. Pero no había vuelto con ellos. Lo cual no auguraba nada bueno para el salvaje.

Para Jacob la noche pasó como la otra que había evocado, salvo que ahora tenía la compañía y la conversación de Mandelbrot. Habían charlado brevemente acerca de las Leyes de la Humánica, y luego iniciaron una larga investigación sobre las diversas ramificaciones de los nuevos conocimientos deJacob sobre la comunicación por hiperonda, y los dos tipos de modulación, y no sólo uno el antiguo tipo discreto con el que estaban todos familiarizados, y ahora este nuevo tipo continuo, que habían deducido por las observaciones de los alienígenas, y que explicaba el misterioso enlace interno del monitor de Derec con los supervisores de las ciudades robot. La tecnología de tal enlace la había desarrollado el versátil doctor Avery, y sólo él la había comprendido hasta que miss Ariel colocó ambos tipos en conexiones y dibujos paralelos, relacionándolos con los dos tipos de viaje hiperespacial teleportación por salto, relacionada con la modulación discreta de la hiperonda, y teleportación por Llave de Perihelion, relacionada con la modulación continua de la hiperonda. Durante la larga noche, los dos robots trazaron paralelismos y conclusiones derivadas, que registraron mediante un esfuerzo conjunto como una disertación larga y muy completa, para los archivos de la ciudad robótica, una especie de tratado que intentaba responder a cada una de las cuestiones sobre el tema.

Fue una larga noche para Ariel y Derec, noche que pasaron en su dormitorio, evitando que Wolruf adivinase sus desavenencias. Su fricción había superado su acostumbrado gusto por las disputas, gusto que caracteriza las relaciones de muchas parejas de enamorados.

Empezó inmediatamente después de cenar, cuando Ariel entró en el dormitorio para apartarse de los demás. Sentíase tremendamente apenada. ¿Por qué era tan importante que intentase una conciliación, una cohabitación con un puñado de alienígenas? ¿Por qué intentar salvar e incorporar a la comunidad galáctica un mundo que no le interesaba en absoluto?

¿Era simplemente un caso de orgullo, un intento renovado de demostrar su capacidad para el mando? Derec nunca había insistido en ser él quien dijera la última palabra, el juicio final de las cosas que les afectaban a los dos, y de las que ambos eran responsables.

No obstante, ¿por qué Derec siempre hacía que ella se sintiera como una niña cuando trataba de establecer su propia individualidad al respecto? Tenía tanto derecho de tomar decisiones como él, y frecuentemente las decisiones adoptadas por Derec eran justas por los consejos que ella le daba.

Ciertamente, ella sabía controlar mejor los robots que él. Derec podía saber más acerca de lo que les hacía vivir físicamente, pero ella sabía mucho más respecto a cómo hacerlos más sociables, incluso con Mandelbrot que era una creación de Derec. Su niñez en Aurora, rodeada por sirvientes robots, le había aportado la experiencia al respecto, un dominio natural sobre los robots que jamás hubiera logrado sin la fácil confianza que se adquiere en la niñez al ser servida en todo por unos robots. De manera extraña, Derec no había compartido esta educación primordial.

Una persona puede sentirse fuertemente unida a ellos hasta tratarlos como animalitos domésticos. La inteligencia de algunos robots puede conseguir que este afecto sea mayor que el prodigado a ciertos animales, particularmente si el robot pertenece a una de las raras creaciones humaniformes, esa clase a la que los aurorianos se sentían tan atraídos. Ciertamente, Jacob era más que un animalito doméstico muy estimado.

Esta idea se adentró en su cerebro y la sobresaltó al intuirla con tanta claridad. Antes de llegar Derec al Mundo Ostrícola, ella se había sentido culpable con Jacob, pensando en la molestia que ese robot había sido para Derec en Aurora. Pero ya no se sentía culpable en absoluto. Derec había superado ese sentimiento de culpabilidad con el monstruo robótico que había traído consigo desde el planeta de los lobos. Pese a todas sus destrezas en el manejo de los robots, Ariel no confiaba absolutamente nada en poder dominar a Plateado.

Y ahora, el robot había causado un daño tal vez irreparable en las relaciones que ella había logrado establecer con los ceremiones, especialmente con Sinapo. Sarco seguía siendo un enigma, una especie de enemigo amistoso, por lo que ella podía juzgar. Intuía que no era que Sarco la odiara, sino que sólo podía tratarla como a una alienígena. Bien, ella sentía lo mismo por él, de modo que estaban empatados. Y ahora, con las tonterías de Plateado, Ariel estaba segura de que Sarco era su enemigo.

En aquel momento penetró Derec en el dormitorio, y el sentimiento hacia Sarco quedó trasladado al joven, excepto que, en el caso de éste, el sentimiento no era tan suave. Derec era un amante enemigo, al que ella ya no podía amar por haberse convertido en un gran enemígo.

--Sal de aquí, Ariel--casi le ordenó Derec--. No tienes derecho a castigar a Wolruf con tu ausencia. Tal vez tengas algo contra mí, y ni siquiera estoy seguro de eso, pero no tienes motivos para que Wolruf esté triste. Probablemente está más de tu parte que de la mía.
Al fin y al cabo, fue ella la que te apoyó en tu proyecto agrícola.

Ariel no respondió. Estaba como aislada en el rincón más alejado de la habitación, hundida en una butaca almohadillada, que más parecía una bolsa para verduras que un mueble tapizado, y mirando por una ventana contigua al balcón que daba a la calle Mayor. Desde allí veía a Jacob y a Mandelbrot que miraban hacia la abertura de la bóveda.

--Es posible que Plateado convenza a los ceremiones--continuó Derec--, pero si no es así, podemos largarnos de aquí. Con toda seguridad no tenemos por qué quedarnos en un planeta habitado. Lo he estado pensando desde que llegué.

Ariel seguía sin ver la necesidad de responder, y aún menos de responder a la última observación. Respecto a Wolruf, Derec sí había tocado una cuerda sensible. La alienígena era la experta que ayudaría a poner en práctica la idea de las granjas. Si Plateado no lo estropeaba todo por completo.

--Por otro lado, el proyecto de una agricultura robot es una idea tonta--añadió Derec--. Los robots de ciudad no son más que eso robots de ciudad. Diseñadores y constructores de ciudades. Tratar de convertirlos en granjeros es como intentar fabricar un bolso de seda con la oreja de un cerdo.

Ahora se mostraba ya personal.

--Olvidas que ya lo hicieron en un planeta llamado Robot City
--replicó Ariel--. Y tú eres tan gran ingeniero que ignorabas que tu maquinaria interna funciona por hiperonda modulada en un modo continuo. Incluso pensaste que tu genial padre había inventado una nueva forma de comunicación. ¿No es así, genio?

--Creo que en esto te equivocas. ¿Cuales son las probabilidades de que una mujer y un puñado de robots estúpidos consigan algo que, además, no es ninguna innovación?

--Eso crees, ¿eh? Porque las granjas de robots son una idea femenina, ha de ser una idea estúpida. ¡Eres un maldito cerdo chauvinista, Derec Avery!

--Y tú una maldita tonta, Ariel Welsh. Y una libertina.

--Supongo que te refieres aJacob. Ahora tus insultos son ya más personales.

--¿No me has insultado tú a mí?

--¿Por qué? ¿Por llamarte cerdo chauvinista?

--¿Por qué me lo llamas?

--Por los hechos demostrados.

--¿Y lo de la hiperonda modulada? Supongo que también lo llamarás un hecho, cuando no es más que una serie de aberrantes peregrinaciones mentales.

Ariel no podía callar, pese a no saber lo que eran «peregrinaciones~.

--La modulación continua es un hecho, chico. Y no necesitas saberlo por boca de ninguna mujer. Pregúntaselo a cualquier ceremión.

--Maldita sea, Ariel, ¿por qué hemos de pelear de este modo?
Entré aquí para mostrarme amable.

--¿Diciéndome que pongo triste a Wolruf? ¿Eso es amabilidad?

--Es la verdad.

--Y tú crees que yo sé que es la verdad, ¿no? Bien, puedes herirme un poco más.

--No entré para herirte. Pero intenta meter un poco de sentido común en tu cabezota.

--¡Oh!, unas palabras muy amables también. Continúa, Derec.

--Es la verdad. Por esto entré aquí.

--La tristeza de Wolruf no es lo que realmente te preocupa, ¿no es cierto, Derec?

--¡Oh! ¿qué sugieres?

--Es por Jacob ¿eh? Estás celoso de un robot, ¿no es verdad?

--No me importa que ames a esa terrible máquina. Esto no es asunto mío.

Ariel no quiso rebatir esa última observación. Era una tonta y deseaba que él repitiese sus últimas palabras sin distraerse por nada.

--No--declaró Derec al cabo de un par de segundos--, me importa. Sí, es verdad, maldita seas. Yo te quiero, Ariel, te guste o no, ames o no a un robot. Y si, es verdad, deseo ayudarte con desesperación.

Entró en el lavabo contiguo y cerró la puerta.

Así continuó el resto de la noche. Apenas durmieron. Tampoco se juntaron, como solían hacer cuando se hallaban agotados emocionalmente.

Derec durmió en su lado de la habitación, y Ariel en el suyo, pero durmieron muy poco, manteniéndose despiertos a causa de sus vueltas en la cama, y generalmente exagerando los ruidos para molestarse mutuamente.

Por fin llegó la mañana. Se desayunaron apresuradamente en silencio, y luego fueron en el camión hacia la abertura de la bóveda mucho antes de la hora en que normalmente empezaban las obras de construcción allí.

Pero las obras no empezaron. En cambio, los dos alienígenas, Sinapo y Sarco, llegaron según su forma habitual, con un gran despliegue de sus alas negras. Ariel, Derec y Wolruf descendieron, quedándose cerca de su vehículo para hablar con los dos ceremiones.

--Nos toca a nosotros solicitar una audiencia, miss Ariel Welsh
--dijo Sinapo--, pues hemos descubierto que entre nosotros existe un malentendido. Tú no puedes ser responsable de la conducta versátil de la maquinaria que te sirve, que aparentemente no es tuya, al tratar de cumplir las órdenes lo mejor que saben. Me refiero, claro está, al sirviente que llamáis Plateado. La cuestión es ¿De qué maquinaria se trata y de dónde procede? Llegó a este mundo a bordo de tu nave, Wolruf. Por entonces, tenía tu forma. ¿Puedes explicarlo?

--No más de lo que tú poder explicar por qué Plateado adoptar tu forma--respondió Wolruf--. Derec sabe más de esto que nadie.

--Lo encontré en otro planeta--explicó Derec--. A la sazón era la jefa de una manada de seres-lobo inteligentes. Estaban atacando e interfiriéndose con los robots Avery. durante su construcción de una ciudad muy parecida a la que vosotros habéis encerrado con el compensador. Hice las paces con aquella loba a fin de estudiar su naturaleza física y su conducta programada. Por entonces reconocí que ese robot entrañaba ciertos riesgos. Yo solo soy el responsable de los inconvenientes que ese robot os pueda haber causado.
Como vosotros mismos habéis reconocido, sus objetivos son básicamente benignos aunque su comportamiento sea algunas veces estúpido.

--Como tú mismo reconoces con tus propias palabras, unos objetivos benignos pueden a veces motivar hechos perjudiciales, especialmente cuando interaccionan dos aberrantes--dijo Sinapo--. Debo advertiros a todos vosotros que entre nosotros hay un cerebrón aberrante, más irracional que vuestro Plateado, y que los dos han empezado ya a actuar conjuntamente.

»Tú, miss Ariel Welsh, ya conoces a Neuronius. Fue el que impetuosamente malogró una de nuestras primeras reuniones. Los cerebrones, en asamblea general, le han despojado de toda autoridad, cosa que yo no podía hacer durante nuestra reunión a causa de los estatutos que regulan nuestro gobierno. Por el momento, los cerebrones apenas podemos hacer nada más. Pero es un peligro para todos nosotros, y su interacción con Plateado, por benigno que ese robot parezca, podría crear una situación explosiva.

»Por tanto, tú, Derec, te sientes responsable de Plateado y nosotros nos sentimos responsables de Neuronius; pero nuestros sentimientos pueden hacer por ahora muy poco por corregir una situación creada por tus intereses científicos y nuestras restricciones gubernamentales, que nos impiden neutralizar por completo a nuestros agitadores.

»Pero el objetivo primordial de esta reunión es informaros que el compensador no será cerrado y que podéis continuar con el cultivo de vuestras plantas y la construcción de la terminal de transporte.

--Gracias--manifestó Ariel--. Os estamos muy agradecidos por vuestra bondad y continuaremos con nuestros proyectos.

--En casi un día entero no hemos visto a Plateado--interpuso Derec--. ¿Sabéis dónde está o qué ha estado haciendo?

Fue Sarco quien tomó la palabra.

--Se halla terriblemente confuso respecto a quiénes han de ser sus amos. Basado en su programación, miss Ariel Welsh es su ama más probable, y así se lo dijo Sinapo ayer por la tarde en el Acantilado del Tiempo. Inmediatamente, Plateado inició una transformación en la forma de vuestro robot Jacob Winterson, y le vimos por últíma vez descendiendo por la escarpadura del acantilado.

»Después, esta mañana temprano subió para encontrarse conmigo bajo la forma de un ceremión, lo mejor que supo imitar, y como sabéis, se trata de un ceremión enorme.

«Fue entonces cuando nos enteramos de su interacción con Neuronius, el cual intentó hacerse pasar por humano, el único ser humano de este planeta a fin de conseguir la ayuda de Plateado. Creo que fui capaz de impedirlo. Vi cómo Plateado descendía a la Pradera de la Serenidad y cómo se transformaba en algo que de lejos me pareció Wolruf, aunque probablemente del doble de su tamaño. Y la última vez que le vi fue penetrando en el Bosque del Reposo bajo esa forma.

--Debía ser su clonación de Ojo Avizor--comentó Derec--, una de las criaturas lupinas que copió en ese otro planeta. Gracias. Al menos, ya sabemos que vive todavía y espero que vuelva a nosotros. Muchas gracias.

Los dos ceremiones dieron media vuelta y echaron a volar.

Inmediatamente después de la reunión, en el breve espacio de tiempo que quedaba hasta el almuerzo, Ariel, Derec y Wolruf empezaron a planear el experimento agrícola, discutiendo ampliamente las revisiones de la programación de los robots Avery que sería necesario llevar a cabo, no sólo para las diferentes granjas, sino también para la creación de unas nuevas instalaciones terminales, necesarias para mantener las granjas.

Cuando se sentaron a almorzar, Plateado no había regresado. A pesar de todas las molestias que le había causado a Ariel, ésta estaba inexplicablemente preocupada por el bienestar del robot.

EL HUEVO

Plateado volvía a estar trastornado. Todo era confusión. ¿A quién debía creer? Sólo deseaba eludir el problema. Y se metamorfoseó, escapando de nuevo a la paz relativa de su «niñez» como loba, volviendo a los días en que Aullador le había integrado en la vida de la manada en el planeta de los lobos.

Así, a media mañana estaba Plateado en la clonación de la loba Ojo Avizor, trotando por un sendero animal, lejos de la ciudad robot.
Igual que la noche anterior, pasó toda la mañana y la tarde explorando el inmenso Bosque del Reposo, sus sendas, sus arroyuelos, sus ríos y sus lagos, todo lo cual quedaba a unos diez kilómetros de la ciudad.

Monitorizando el campo de líneas de fuerza del magnetismo natural del planeta se mantuvo orientada durante su vagabundeo sin rumbo, de manera que, al finalizar la mañana, empezó a acercarse a la bóveda sin darse cuenta de adonde iba ni cuándo llegaría allí.

A primera hora de la tarde, llegó al lindero del bosque opuesto a la transparencia, semejante a un espejismo, que ocultaba la ciudad de los robots. Sentóse sobre sus ancas y contempló la bóveda con ojos que no veían nada, meditando, como hiciera toda la mañana, sobre lo que le habían dicho Neuronius y Sarco.

No podía rehuir la validez esencial de la declaración de Sarco acerca de Neuronius, un psicópata paranoico y ególatra, ni podía ignorar tampoco la directriz de Sinapo, según la cual debía servir a miss Ariel Welsh, así como la sensación de que esto lo haría mejor con la clonación de Jacob Winterson, que ya le estaba sirviendo y aparentemente con gran eficiencia y a satisfacción de la interesada.

La clonación deJacob la ayudaría, pero todavía no quedaba muy claro cómo podía servir mejor a Ariel. La física que Neuronius le había enseñado sólo había servido para confundirla, ofreciéndole una información que estaba en conflicto con sus anteriores conocimientos sobre el tiempo y el espacio. No sólo no le había aclarado nada aquella lección de física sino que la había perturbado, dejando a Plateada peor de lo que estaba antes. La nueva información era inútil, y peor que inútil en la confusión que había creado respecto a la física que ya conocía.

Sentada allí, bajo el quieto calor de la tarde, estudiando la bóveda y tratando de sacar algún sentido de la abortada charla con Neuronius, fue oyendo gradualmente un zumbido débil a su izquierda, muy cerca de la bóveda pero dentro del bosque. Cuando finalmente aquel sonido irrumpió a través de sus ensueños, se levantó y trotó por una senda animal que iba en dirección aproximada del rumor.

La senda le condujo más allá del ruido, y cuando Plateada reconoció que había pasado del punto más próximo a aquél, empezó a caminar por entre la vegetación, directamente hacia la fuente del ruido. Aunque había maleza en aquella zona, no era muy espesa, por lo que no tuvo ninguna dificultad en ver por entre la misma. A medida que el zumbido iba en aumento, Plateada aumentó la velocidad de su paso hasta llegar junto a un arbusto alto, cubierto de flores sonrosadas.

Instantáneamente reconoció el origen del ruido. Era una esfera de dos metros de diámetro, igual a aquélla en que ella había estado, y la estructura dodecaédrica de las rugosas células plateadas de su piel, sucias por el calor del paso a través de la atmósfera del Mundo Ostrícola, le dijo instantáneamente que era un huevo semejante al suyo.

Estaba encima de la aplastada base de dos arbustos, como enmarcado por flores rosadas, en medio del verde follaje, muy cerca de la superficie del planeta, y como cicatrizado por el calor que el huevo había exudado antes. Ahora estaba casi frío al contacto, casi a punto de romperse. Al instante supo lo que debía hacer.

Conservó la forma de Ojo Avizor para poder correr mejor a través de la maleza del bosque, pero cuando llegó a la pradera inició la transformación para la clonación de Jacob, deteniéndose sólo el tiempo necesario para modelar las musculosas piernas que le llevarían durante los tres kilómetros que faltaban para llegar a la abertura de la bóveda en el espacio de tiempo más corto posible. Mientras corría junto a la pared de la bóveda completó su transformación en el varonil Jacob, mucho antes de llegar a la abertura por el lado norte.

Al aproximarse a la abertura, Wohler-9 lo llamó desde un pequeño vehículo estacionado cerca del borde occidental.

--No obtengo respuesta tuya por el intercomunicador, Jacob.

--Soy Plateado--respondió el robot saltando al asiento del pasajero--. Llévame hasta miss Ariel Welsh.

Wohler-9 puso en marcha el vehículo, emprendió la dirección de la calle Mayor, y procedió rápidamente hacia la Torre de la Brújula.

--Tengo órdenes de llevarte inmediatamente a presencia de master Derec, Plateado.

--¿Dónde está miss Ariel?--se interesó el aludido.

--En el apartamento.

--Estupendo. Entonces vamos en la buena dirección.

--Sí. Master Derec trabaja en el marco principal, que corrientemente se halla en el segundo nivel subterráneo de la Torre de la Brújula.

Cuando llegaron frente al apartamento, Plateado saltó velozmente al suelo. Wohler-9 detuvo el coche pero continuó sentado.

--Debo llevarte hasta master Derec--le gritó Wohler-9.

--Más tarde --respondió Plateado por encima del hombro, echando a correr hacia el edificio.

Subió la escalera de tres en tres y entró en el apartamento.

Ariel estaba sentada a la mesa del comedor leyendo un libro por ordenador. La mesa se hallaba atestada con montones de libros de ordenador. Jacob iba repasando las pilas, por lo visto buscando el libro que ella necesitaría poco después.

Plateado se fijó bien en la escena, divisó a Ariel, la levantó entre sus brazos como si fuese un frágil bebé, la sacó del apartamento, bajó la escalera, y pasó por el lado de Wohler-9, que había abandonado el vehículo para dirigirse al apartamento.

Ariel sólo tuvo tiempo de chillar una vez antes de ser depositada en el vehículo. Cuando fue levantada en brazos de Plateado gritó sólo «¡Jaaacob...!~, con una desviación por efecto Doppler de la frecuencia que cambió como el tono del silbato de un tren.

Jacob Winterson respondió con la velocidad de milisegundo, característica de los robots humaniformes del doctor Han Fastolfe. Pero tal velocidad no podía compararse a los escasos microsegundos en que Plateado realizó todos sus movimientos, exceptuando la veloz pero gentil aceleración en el momento de coger a Ariel y dirigirse a la puerta.

Él y Ariel se alejaban ya del edificio de apartamentos en el vehículo cuando Jacob pasó junto a Wohler-9, ya fuera de la casa.

El primer chillido de Ariel finalizó cuando se vio dentro del vehículo. El siguiente chillido lo lanzó en forma interrogativa, al ponerse en marcha el vehículo.

--¿Qué haces?--gritó ella con una intensidad que resonó muy fuerte en el diafragma auricular de Plateado... similar a los tímpanos.

--No tengo tiempo para explicaciones, miss Ariel--se disculpó Plateado, por encima del rugido del viento--. Necesito urgentemente tu presencia.

Jacob corría tras ellos por la calle Mayor pero pronto se quedó atrás cuando Plateado aceleró el pequeño vehículo a su máxima velocidad, sorteando el tráfico para evitar un accidente entre los vehículos dirigidos por el ordenador central de la ciudad.

--¡Para, maníaco!--le ordenó Ariel--. ¡Basta ya!

Plateado refrenó el vehículo, pero no tardó en acelerar nuevamente. La consideración de su nuevo conocimiento de la Ley Humánica--los humanos estaban impulsados a complacerse a sí mísmos--, superaba al resultado de su propia Segunda Ley los robots deben obedecer las órdenes. Sabía que cuando Ariel considerase todos los hechos--después del hecho--, estaría contenta y aprobaría lo que ahora él estaba haciendo.

--No corres ningún peligro, miss Ariel, pero no puedo obedecer tu orden debido a la naturaleza abrumadora de la situación actual que exige tu presencia en el nacimiento de... de...--y añadió gritando todavía--... de lo que aún no estoy seguro. Sólo--finalizó—puedo esperar...

Entonces, Ariel, sollozando y gritando incoherentemente, le golpeó con las manos convertidas en puños, primero sobre la espalda y después, desesperada, en la cabeza. Pero Plateado no sentía nada, obsesionado por su propósito.

--No sigas pegándome, miss Ariel--gritó--. O te harás daño a ti misma.

Y la manera tranquila y sosegada con que él había gritado por encima del rugido del viento y el poco efecto que los esfuerzos de la joven le habían hecho a Plateado, debieron calmarla porque al fin calló y se dejó caer en el asiento, agotada por su acceso de histerismo.

Llegaron al claro y Plateado hizo girar casi en ángulo recto el vehículo, lo que les condujo hacia el lado izquierdo de la bóveda.

--Debes comprender lo que sucede--gritó Plateado--. Es algo muy importante para mí, para el nuevo vástago, incluso para ti, miss Ariel, a quien deseo servir muy bien.

Ariel no respondió. Estaba sentada a su lado como una muñeca de trapo.

--Está naciendo otro como yo. El huevo está en el bosque, a punto de romperse. Y la recién nacida debe tener un modelo apropiado, una hembra humana, para que no se vea tan confusa como yo, para que su clonación no sea equivocada como lo fue la mía. Debes estar allí para guiarla por este extraño mundo. ¿Entiendes lo que te digo, miss Ariel?

La joven seguía sin despegar los labios, pero se había enderezado un poco en el asiento, tal vez debido al traqueteo del vehículo.

--No te pasará nada malo, miss Ariel. Una vez todo haya concluido, cuando medites en ello, estarás muy contenta de haber venido. Estoy seguro de ello. La Ley Humánica te guiará.

Esto pareció confortar a Plateado. La Ley Humánica funcionaba sobre el efecto de sus propias Leyes, regulando su relativo potencial para algo que era mucho menos confortable. Estaba realizando algo que sabía que iba a complacer a Ariel aunque ésta, tal vez, no estuviese muy contenta por el momento.

Cuando llegaron al bosque, detuvo el vehículo, saltó fuera del mismo y abrió la portezuela para que saliera Ariel. La joven lo hizo sosegadamente. Debía haber reflexionado sobre lo que Plateado le había gritado, puesto que no objetó cuando él le cogió gentilmente una mano para ayudarla a saltar a tierra.

Esto le hizo comprender a Plateado que Ariel le seguiría sin objeción, por lo que le soltó la mano y echó a andar por el bosque. Ariel le siguió de cerca, viendo cómo él casi corría en dirección al huevo.

Plateado siguió gentilmente a Ariel hasta que ésta estuvo a dos metros del huevo, directamente delante de la grieta que ya se iba formando. Plateado la dejó allí y él se escondió detrás del arbusto de flores rosadas.

El huevo empezó a abrirse con un leve sonido de rasgado.

Plateado atisbaba a través de las ramas bajas del alto arbusto, más allá del costado derecho de Ariel, contemplando la rotura del huevo.

Una masa amorfa, de color gris-plateado, se movió en el fondo de la abertura y formó, en la parte de la masa que colgaba ya por el borde de la abertura, una bola brillante, con multitud de facetas, de color verde-gris, que empezó a girar lentamente, como un ojo gira en su cuenca, pareciendo avizorar el paisaje. La inspección se estrechó y, empezando por los pies de Ariel, fue subiendo poco a poco hasta su cabeza.

Una vez terminada la inspección, la mancha se alargó y pasó por la abertura, como si fuese un músculo bastante ancho, como la base de un enorme caracol. Surgió del huevo, y descansó en el suelo frente a Ariel, igual que un pastel grueso, con el ojo intacto en el centro.

Las facetas de la masa desaparecieron lentamente, absorbidas en un anillo verde-gris que rodeaba una pupila negra, mientras que el resto de la masa se volvía blanca. Una masa esférica del tamaño de una pelota de bolera comenzó a elevarse del pastel, levantando el ojo, que ahora ya se veía claramente, y un segundo ojo empezó a formarse, ocasionando así el aspecto de una cara.

Después, siempre con gran lentitud, se fueron formando la cabeza, los hombros, el pecho, las caderas, las nalgas y las piernas... todo ello surgido de la masa hasta que no quedó ni rastro de la misma, pues el resto final formó los tobillos y los pies... y, de pronto, un cuerpo plateado semejante a Ariel estuvo delante de la joven.

Plateado salió de detrás del arbusto y silenciosamente inspeccionó a la recién llegada. Ariel había estado inmóvil, muda y como transfigurada durante todo el proceso.

Plateado habló por fin, con orgullo, para darle nombre a esta deliciosa nueva creación.

--Tú eres la hembra, Eva Plateada.

Después de una leve pausa para que esta idea penetrara en los cerebros de Ariel y Eva, Plateado volvió a hablar, con acento triunfal, contento de haber hallado al fin su verdadera identidad.

--Y yo soy el macho, Adán Plateado.

Continuaron allí sin decir nada, hasta que la voz de Jacob llegó hasta ellos, con el ruido de unos pies corriendo por la blanda tierra.

--Miss Ariel, ¿dónde estás?

De pronto el ruido cesó, y oyeron al robot pasando por entre la maleza.

--¡Miss Ariel!--gritó Jacob, acercándose más cada vez.

--¡Estoy aquí, Jacob!--respondió Ariel.

UNA ULTIMA CLONACION

Después de la excitación por el nacimiento de Eva y el breve período que costó convertir a Eva en una sirviente funcional y apropiada para Ariel, bajo la dirección de Adán, todo pareció quedar en su lugar salvo la incertidumbre de cómo se había producido el enigmático suceso. Descubrir a Adán Plateado en un planeta alienígena era ciertamente algo inesperado, puesto que Adán era un robot inexplicable en un planeta igualmente inexplicable. Claro que representar el papel de una comadrona en el nacimiento de otra criatura era algo sumamente diferente, que despertaba muchas preguntas, siempre con un grado de protagonismo por parte del tremendo doctor Avery encabezando la lista.

Cuando finalmente dejaron de formularse tales preguntas y se dedicaron a la labor creadora con que se enfrentaban, descubrieron que la tarea, aunque difícil, no lo era tanto como habían supuesto.
La programación agrícola, que habían empleado en el planeta Robot City, estaba intacta en los archivos del ordenador de Ciudad Perla, dispuestos para su uso cuando fuese necesario.

Lo que Ariel sólo había fantaseado y esperado, su capacidad para el mando, en la realidad resultó algo perfecto. Más asombroso todavía era el hecho de que Derec hubiese reducido su autoridad nominal, inclinándose ante las decisiones de Ariel relativas a la construcción de las granjas y sus instalaciones.

Inicialmente, una de las primeras decisiones de la joven no fue plenamente aceptada por Derec ni por Wolruf, aunque más tarde concedieron que tenía razón. Todos estuvieron de acuerdo en que necesitaban un octavo robot supervisor que vigilase toda la operación agrícola en el planeta. Pero ni Derec ni Wolruf estuvieron de acuerdo al principio con la forma específica que Ariel deseaba para el supervisor, ni con el nombre que ella le había elegido Wheeler.
Para ellos no tenía sentido darle nombre a un granjero en memoria de un físico del espacio-tiempo, del siglo xx, un tal John Archibald Wheeler. Para ella tenía mucho sentido, ya que en ambos aspectos, el supervisor estaría muy cerca de la Naturaleza el granjero en un sentido concreto y práctico; el físico en un sentido abstracto y simbólico. (Ariel había estudiado la física del espacio-tiempo, tratando de comprender el compensador del nodo. A la sazón, tenía la cabeza llena con las heroicas personalidades de los mejores físicos.)

Y en su mente, el nombre de Wheeler describía su estilo nómada de vida que le debía llevar «rodando» por toda la superficie del planeta en la persecución de su función supervisora, ya que ella insistía en que tuviese la forma de un ceremión. Wolruf y Derec concedieron más adelante que tal vez fuese ésta la forma más apropiada, porque armonizaba con el trabajo y el mundo perfectamente, aunque al principio les resultó difícil pensar en un supervisor que no tuviera una forma humanoide.

Ariel formó a Wheeler más pequeño que un ceremión, a fin de no intimidar a los alienígenas, pero mayor que cualquiera de los demás nativos voladores, a fin de que los ceremiones no lo confundieran a cierta distancia, tomándole por un habitante natural de su mundo. Insistió, además, en que sus leyes robóticas reconocieran a los ceremiones con todo el peso que ordinariamente se reservaba a los humanos, y que Derec revisase la programación de los otros supervisores para que Wheeler no tuviese que ocuparse de los asuntos referentes al Mundo Ostrícola y los ceremiones.

El problema de las semillas estuvo preocupando a Ariel casi desde el primer momento en que tuvo la idea de fundar un planeta agrícola, pero luego descubrió que no tenía por qué inquietarse. Durante la migración inicial al Mundo Ostrícola se habían acarreado semillas para una gran variedad de cosechas, y ahora estaban almacenadas en latas etiquetadas, listadas en los índices de los programas. No había necesidad de ir en busca de semillas a Aurora.

Por consejo de Wolruf, a fin de efectuar en época benigna todo el proceso de la operación agrícola, de acuerdo con el tiempo reinante en el planeta, diseminaron los jardines y huertos entre los campos de trigo, cebada, avena y otros cereales, y entre extensos campos de algodón, una ventaja que nunca había sido igualada por una adaptación total a la ecología dermal humana. Y para reducir más el trastorno de la ecología del planeta, Wolruf aconsejó que dejasen, también repartidas entre las nuevas plantas, ciertas cantidades de la hierba natural que cubría la pradera cuando ellos llegaron.

En ese primer experimento, decidieron limitarse a los productos vegetales. La producción de lana, leche y carne, y en general, animales y volatería, parecía menos armoniosa con su tarea, que el cultivo de una vida vegetal no consciente.

La irrigación, la primera preocupación del agricultor, no era ningún problema en el Mundo Ostrícola. Las lluvias reguladas era una parte integral del sistema de control del tiempo por parte de los ceremiones. Estos habían reconocido la necesidad de la vegetación natural mucho antes de conocer a los humanos.

Las instalaciones terminales fueron construidas por encima del acceso a la calle Mayor, según el modelo de Aurora modificado para que encajara en las condiciones especiales exigidas por la configuración de la abertura de la bóveda. Todos los canales llegaban y partían de una serie de aberturas ovaladas que incluían configuraciones convenientes a todos los diseños de transbordadores y naves de carga conocidos, tanto interestelares como planetarios. Los grandes transportes interestelares serían servidos en órbita por transbordadores más pequeños que podrían penetrar por la abertura de la bóveda.

Durante el apasionante período de su mando, Ariel sólo experimentó una aprensión, una perturbación digna de ser registrada.

La aprensión se relacionaba con Neuronius y la advertencia de Sinapo. Una cosa era tratar con los humanos medio locos. Otra cosa bastante más perturbadora era tener a un alienígena irracional flotando por el aire, llevando hidrógeno comprimido muy cerca del oxígeno comprimido. Ni ella ni Derec habían logrado averiguar nada de lo ocurrido entre Neuronius y Adán Plateado. Adán se había escudado en la Tercera Ley interfiriéndose con la Segunda, siempre que ambos habían intentado saber algo. No insistieron temiendo que lo que Adán llamaba «la interferencia» pudiera dañar gravemente su estabilidad positrónica. ¿A qué otra cosa podía denominar «interferencia»? Ariel resolvió hacer que Eva trabajase con Adán cuando llegara el momento oportuno.

La perturbación era de carácter más grave, no tanto por su intensidad, como por su continua irritación, aunque en grado menor... La irritación de Ariel contra Adán Plateado.

Dicha irritación llegó a su culminación un día en que las cosas no habían salido muy bien. Ella y Derec, intentando obtener un poco de tranquilidad en tal día, se hallaban charlando calmosamente después de cenar, sentados en el balcón. Era allí adonde solían escapar, abandonando desconsideradamente a Wolruf en compañía de los cuatro robots.

Tras un largo silencio, los pensamientos de Ariel se centraron en Adán Plateado. La joven le había dado dos pares de vestidos de Jacob, dos pares distintos, a fin de poder ella identificar rápidamente a Adán, sin confundirlo con Jacob.

Ariel suponía que ahora sabía ya cómo era Jacob con sus ropas, ya que Adán Plateado, con las grabaciones visuales de Jacob y las grabaciones de los humanos en la biblioteca, había modelado su clonación hasta los menores detalles. Y Ariel había observado dichos detalles de la clonación el día del nacimiento de Eva, cuando Adán entró en el apartamento para llevarse en brazos a Ariel.

La joven fue la que rompió el silencio.

--¿Era la clonación que Adán hizo de ti menos real que la de Jacob?--le preguntó a Derec.

--Sí. Más o menos como la de Eva para ti--respondió el joven.

Eva no necesitaba vestidos. Aunque era una clonación de Ariel, no había prestado tanta atención a los detalles como Adán había hecho con Jacob. Eva no era más que un robot plateado organometálico.

--¿Cómo reaccionaría, según tu parecer, si le pidiera que adoptara de nuevo tu forma?

--Por un lado, tú ya no serías para él miss Ariel y, probablemente, él volvería a ser master Derec.

--Eva y Jacob ya son suficientes. ¿Pero cómo se comportaría él?
¿Volvería a ser salvaje?

--No lo sé. Durante estas semanas se ha comportado muy bien, sin altibajos, a no ser por su aire de superioridad, que achaco a una condición de sus músculos; diría que ha alcanzado un estado de amable servidumbre.

--Son los músculos los que me molestan... no, no sólo los músculos sino todo su aspecto.

--¿Te recuerda demasiado a Jacob?

--Sí, pero aún más el hecho de que por lo demás se parezca tan poco a Jacob. Es este contraste lo que me irrita. ¿Te importa que le pida que vuelva a realizar una clonación de tu tipo?

--No, sería un experimento en robótica muy interesante.

--Pues nunca mejor que ahora.

Ariel se levantó y pasó al interior del apartamento. Mandelbrot y Jacob estaban en sus alacenas. Adán y Eva se hallaban rígidamente junto a la puerta, uno a cada lado de la misma. Wolruf estaba enroscada sobre el sofá, contemplando un videodrama por hiperonda.

Ariel esperaba que Derec la siguiese. Hubiese usado su apoyo moral en este caso, pero era demasiado orgullosa para pedírselo.

Ariel se acercó a Adán.

--¿Trastornaría tu maquinaria positrónica en alto grado si te pidiese que volvieras a realizar una clonación de Derec, con todo detalle?

--¿No hallas satisfactorio mi servicio, miss Ariel?

--Tu servicio es perfecto, Adán. No deseo que cambie tu conducta con el cambio, al menos no en su calidad.

--Pero entonces tendré que servir a master Derec. ¿No significaría esto un cambio drástico en la calidad de mi servicio?

--Un cambio de dirección, Adán un cambio que lamentaré, pero que no provocará ningún cambio en la calidad de tu servicio. Espero que siga al mismo nivel del que yo he gozado. En realidad, si continuaras sirviéndome directamente, lo hallaría sumamente satisfactorio.

--Esto no sería lógico, miss Ariel.

El tono de Adán podía calificarse de altanero.

--Temía que tal fuese el caso.

--Tras eso, ¿todavía deseas que cambie?

--Sí, pienso que será lo mejor, Adán, pero deberías hacerlo en el dormitorio. Me trastorna todo el proceso...

--Quizá por una buena razón, miss Ariel.

--Posiblemente, Adán. Pero no puedo remediarlo.

Ariel volvió al balcón, junto a Derec, en tanto Adán penetraba en el dormitorio.

--Lo siento--murmuró Derec--. No comprendo de qué modo mi presencia hará que te encuentres más a gusto.

--Lo supongo--replicó Ariel--, pero mejor será que confíes en que Plateado no vuelva a convertirse en un robot salvaje.

ADAN PLATEADO, GRANJERO

Después de su última clonación de Derec, Adán Plateado empezó a dar largos paseos por el bosque, cerca de la bóveda. Ahora tenía el aspecto muscular de un Derec plateado sin sus ropas ni otros finos detalles. Su semejanza con Derec era débil. Derec tuvo que reconocerlo puesto que jamás le daba a Adán una orden directa, no empleándolo nunca como un sirviente, tal como Ariel intentaba hacer con Eva Plateada, sólo con un éxito moderado. Tampoco esperaba Derec que Adán le diese cuenta de sus paseos.

Esas caminatas por el bosque le dieron a Adán un sosiego, una serenidad que nunca había sentido. También experimentaba una gran comodidad en la clonación de Derec y con el mismo Derec, mientras éste no se excedía en su papel de amo. Pero Adán, por otra parte, se sentía básicamente incómodo en la ciudad, y también al lado de los robots Avery y Mandelbrot.

Derec nunca le prohibía vagar por el bosque. Durante algún tiempo, envió a un robot observador para que le vigilase, pero Adán siempre lo esquivaba dejándose caer a cuatro patas y corriendo por las sendas, como si estuviera en su clonación de Wolruf.

Fue en uno de sus paseos por la naturaleza que le saltó la idea de que él también debía contribuir al proyecto de la granja robot. Había llegado a la linde del bosque, a un kilómetro aproximadamente de la bóveda, y estaba a la sombra de un árbol parecido a una palmera, contemplando a una manada de rumiantes lanudos del tamaño de unas llamas pequeñas, mientras mordisqueaban la hierba de la pradera.

Los bautizó como «minillamas», a falta de un nombre mejor. Eran muy mansos. Todos los animales del Mundo Ostrícola eran vegetarianos. Esos animales no tenían enemigos naturales, excepto los insectos parasitarios que anidaban en su piel bajo la protección de la espesa lana.

La idea de esquilarlos se desarrolló rápidamente. Al amanecer del día siguiente, Adán se llevó un pequeño robot de transporte vacío, subió a bordo del mismo, y lo dirigió hacia el pequeño depósito de herramientas de la ciudad donde requisó una sierra láser, un hacha, una azada, un martillo, una bolsa con clavos de hierro de seis centímetros de largo, seis rollos de cuerda de cincuenta metros cada uno, una excavadora, una apisonadora, un motor MP movido por microfusión para accionar la taladradora y la apisonadora, otro motor MP para diversos propósitos, un interruptor fotosensible, una pequeña lámpara de infrarrojos y un par de tijeras.

Cuando el robot de carga con Adán y sus herramientas pasó por delante del apartamento de la calle Mayor, Eva Plateada, que estaba en la acera, le hizo señales para que se acercase al bordillo.

--¿Qué vas a hacer?--le preguntó.

--Es un proyecto secreto para la granja agrícola.

--¿Un proyecto secreto?

--Sí, porque si no tiene éxito no tendré que explicar por qué no funcionó--replicó Adán--. ¿Quieres acompañarme?

--¡Oh, sí!.

Adán iba a dejar caer una rampa pequeña formada por una sección con bisagras de la acera, de un metro de altura en el espacio de carga pero en el momento en que la abría, Eva rodó sobre el muro.

--¿Qué haces?--preguntó Adán, volviendo a dejar la rampa en su sitio.

--Te busco.

Adán dirigió el robot de carga por entre el tráfico de la calle Mayor.

--Ya me has encontrado--dijo luego--. ¿Y ahora qué?

--Ir en un robot de carga no es el mejor lugar para una conversación tranquila.

--No creo que podamos conseguir algo mejor esta mañana.

--Correré el riesgo. Apenas puede ser ya peor.

--¿Cómo has dejado a miss Ariel?--se interesó Adán.

--Estoy aquí en servicio suyo.

--¿Sí?

No volvieron a hablar hasta haber salido de la ciudad y haber atravesado la pradera para llegar al lindero del bosque, cerca de donde Plateado había visto el día anterior las minillamas. El rebaño pastaba en la pradera, un poco más lejos. Adán llevó el robot de carga para estacionarlo junto a la entrada de un sendero muy pisoteado por las minillamas que llevaba a través del bosque, hasta un arroyuelo, y luego condujo a Eva Plateada a un rincón tranquilo.

Adán llevaba el interruptor fotosensible, la lámpara de infrarrojos, y uno de los motores MP. Se sentó sobre una piedra; al lado del riachuelo dejó las piezas eléctricas en el suelo ante él, y empezó a juntarlas con cables a los largos conductores eléctricos unidos a cada una.

--¿Qué te ha pedido miss Ariel esta mañana?--preguntó Adán al empezar a unir las piezas.

--Fue por Neuronius--explicó Eva--. ¿Cuál fue la naturaleza de tus tratos cón Neuronius?

--Éste es un asunto privado, Eva. Tanto miss Ariel como master Derec lo reconocieron y renunciaron a la Segunda Ley cuando yo invoqué la Tercera.

--¿No puedes contármelo? Yo soy un robot y puedo simpatizar contigo más que ellos. Miss Ariel piensa que tal vez sufriste un trauma positrónico que necesite ser curado debidamente.

--No necesito cura alguna, ni una cosa como ésta necesita arreglo ninguno. Yo ya lo he solucionado todo convenientemente.

--¿Cómo puedes estar seguro? En este contexto no puedes ser más objetivo que un humano al padecer un trauma psicológico.

--El cerebro humano y el cerebro positrónico actúan sobre principios totalmente diferentes. Es inútil tratar de sacar analogías entre ambos.

--¿Lo es ahora?

--Sí. Tú no tienes más base que yo para compararlos.

--En tal caso, ¿por qué te muestras tan misterioso al respecto?
Eso parece tener un cariz psicológico.

--Pues no es así. Es solamente un cariz positrónico que los humanos no pueden comprender.

--¿Pero yo sí?

--Sí.

--Bueno, pues no lo comprendo.

--Esto no nos lleva a ninguna parte--Adán se incorporó--. He de continuar con mi proyecto.

Recogió las piezas unidas y se alejó por el sendero.

Eva salía del bosque en el momento en que Adán descendía por la rampa del robot de carga con la sierra láser balanceándose en una de sus manos. La robot le siguió hacia el bosque y vio cómo cortaba un tronco de unos diez centímetros de diámetro de un árbol de madera muy dura, de la especie que prosperaba bajo la espesa sombra de las coníferas predominantes en el bosque.

--Dame el hacha--le pidió cuando el árbol cayó.

Cuando ella regresó, Adán estaba cortando las ramas del árbol.

Trabajaron juntos en silencio, talando y despojando de las ramas a varios árboles, aunque espaciando la selección arbórea a través del bosque para reducir al mínimo el daño causado a una zona boscosa;
luego, arrastraron los troncos formando un montón en la pradera, cerca del robot de carga.

Cuando hubieron colocado el último tronco en la pila, Eva se sentó en la rampa del robot de carga.

--¿No piensas contarme nada de tu interacción con Neuronius? --insistió.

--No.

--Entonces, tendré que hablar con Neuronius.

--Sería una mala idea, Eva.

--Al menos, tú y miss Ariel estáis de acuerdo en esto.

--Por muy buenos motivos. ¿Te ha dado una ligera idea de cómo es Neuronius?

--Me ha hecho comprender el punto de vista de los otros ceremiones. Naturalmente, éstos sufren de prejuicios. No tienen una opinión objetiva. Y puesto que no quieres contarme esta experiencia, tendré que conseguirla del propio Neuronius.

Si Eva pensaba que iba a presionar a Adán, obligándole con ello a contarle su penosa experiencia, estaba equivocada. Se trataba de un asunto del que no quería hablar.

--Supongo que lo harás, pero te repito que es muy mala idea, y que te arrepentirás.

Había estado uniendo el motor a la excavadora mientras hablaban. Ahora empezó a excavar unos agujeros separados entre sí unos cuatro metros, en un amplio rectángulo que incluía varios senderos dejados por las minillamas, todos los cuales convergían a la entrada de la cañada que conducía al arroyo.

Mientras trabajaba, escuchaba cómo Eva contactaba con Neuronius por radio. Adán le había enseñado el lenguaje ceremión, y las claves de llamada que identificaban y solicitaban respuestas de Sinapo y Sarco. Nada le había dicho acerca de Neuronius, no dándole, por tanto, su identificación por radio. Sin embargo, había explicado la manera general de lograr que un canal funcionase en su banda de frecuencia modulada, y ahora Eva la utilizaba para establecer rápídamente la comunicación con Neuronius.

El cerebrón accedió a reunirse con ella al mediodía, en la base del Acantilado del Tiempo, donde se cruzaba con el Bosque del Reposo y la Pradera de la Serenidad. Eva echó a andar en dirección al acantilado.

Para Eva sería una bonita experiencia, muy aleccionadora, pero también peligrosa. Adán no creía que la robot estuviese tan unida a los humanos cómo lo había estado él. Inmediatamente le había hecho adoptar la clonación de Ariel. Las ideas tortuosas de Neuronius no ejercerían ningún efecto en ella. Lo único, pues, que Adán lamentaba era que Eva se enteraría seguramente de que Neuronius le había engañado, y esto era algo que Adán recordaba siempre con muy poca serenidad.

NEURONIUS VUELVE A ATACAR

Eva llegó a la escarpadura mucho antes de mediodía. Se sentó sobre una piedra de granito que angulaba en el terreno por debajo de un talud de grava negra, y sus talones se hundieron en la suave hierba donde la piedra desaparecía entre aquélla.

Había llegado antes para tener tiempo de pensar en la extraña petición de miss Ariel que sondeara a Adán en busca de información sobre Neuronius, y para reflexionar sobre la repugnancia de Adán, también muy rara, de hablar respecto a su experiencia con Neuronius. Todo esto resultaba tremendamente fascinante para alguien con tan poca experiencia como Eva. Ésta poseía una buena educación, pues Adán la había guiado por los canales electrónicos de la biblioteca de la ciudad, pero ansiaba tener experiencia de la vida real, lejos de la tradición académica.

Y ahora iba a lograrlas esta mañana, ya que Neuronius también llegó temprano, lo que le concedió a Eva muy poco tiempo para meditar en las palabras de Adán y Ariel.

Neuronius llegó con aquel descenso veloz que, según Adán, usaban los ceremiones para intimidar a los visitantes alienígenas de su planeta. Ciertamente, impresionó a la pobre Eva que quedó embobada y sorprendida a pesar de las advertencias de Adán, una sorpresa que habría sido temor en el caso de Ariel. Los ceremiones resultaban muy impresionantes vistos de cerca.

Cuando él replegó las alas, ella se puso de pie.
--Yo soy Neuronius--se presentó el alienígena con altivez--.
¿Tú eres Eva?

--¿Qué objeto tiene esta reunión matinal?

--¿Cuál fue la naturaleza de tu conversación con Adán Plateado?
--¿El robot casi hombre que puede moldear alas de plata de su propia sustancia?

--Tal vez debieras hablar con él.

--Me gustaría conocer tu opinión.

--¿Qué es ahora, casi un hombre o un ser alado?

--Casi un hombre.

Ese adjetivo se prestaba a cierta confusión. Eva presumía sin pensar que Neuronius se refería a la forma actual de Adán, o sea a la clonación de Derec. Naturalmente, la mente de Eva pensaba en otras cosas, y no consideró la posibilidad de que Neuronius se refiriese a la clonación de Adán según Jacob Winterson.

--Bien, ¿qué quieres saber, Eva?

--Lo que le dijiste. Lo que no quiere en modo alguno explicar.
--¡Ah!, conque se muestra reacio a contar nuestra charla, ¿eh?
Esto es alentador. Eso significa que le interesé. Confío en que finalmente abrazará la verdad y la sabiduría.

--¿Cuál es la verdad y la sabiduría?

--Conoces las leyes de gobierno, las Leyes de la Robótica?

--Sí, también yo estoy gobernada por ellas.

--Ya...

Lo dijo con un tono peculiar, pero con su limitada experiencia, Eva no supo por qué sonaba tan peculiar, por lo que permaneció sin saber qué hacer o decir hasta que él volvió a hablar, en cuyo momento la inquietud que había sentido hacía poco se borró de su mente.

--¿No te dijo, pues, que yo soy el único humano de este planeta?

Eva no había pasado por todo el torbellino y los trabajos que Adán Plateado había padecido en su busca del ser humano Había creído siempre que Ariel era humana. Adán no le había dicho lo contrario. Por primera vez, por tanto, ahora experimentaba cierta confusión. En cierto modo, era más agonizante que el trauma de Adán, ya que sonaba más agudo y penetrante en el ser de Eva, que no la incertidumbre en que había vivido tanto tiempo. Y por eso, ejerció una fuerza mayor, con un peso de mayor autoridad.

Por consiguiente, llegó instantáneamente a la conclusión, sin querer meditar sobre los hechos reales, de que Adán la había engañado. No era extraño que se mostrara tan misterioso, tan reacio a hablar de Neuronius. No era extraño que Ariel estuviese preocupada por Neuronius. En su mente, Eva ya había abandonado el tratamiento de «miss».

--¿Por qué me mintió Adán?--preguntó, más pensando en voz alta que preguntándoselo a Neuronius.

--Porque esto servía a sus malvados propósitos, y a los de los demás alienígenas--fue la respuesta.

Y Eva comprendió que esto también era verdad. Contra su inclinación hacia la independencia, eso la había unido a Ariel, y justo esta mañana la había inclinado a ayudar a Adán en algún absurdo proyecto secreto relacionado con los planes de Ariel de convertir este mundo en una gigantesca granja robot. Ahora comprendía lo malvado del plan.

Eva inició una transformación para copiar a Neuronius, como Adán había imitado a Sinapo. Esperaba alguna reacción por parte del alienígena, pero éste no dijo nada, limitándose a observarla quedamente, de manera que Eva tomó su silencio por una tácita aprobación.

Estaba enfrentada a los mismos problemas aerodinámicos que Adán había encontrado y superado, cosa que también consiguió ella. Claro que, como estaba menos familiarizada con los ceremiones y algunas de sus capacidades, no adoptó algunas de las características que Adán había simulado, si bien, en conjunto, fue un esfuerzo magnífico.

Cuando terminó, extendió las alas como prueba. Lo mismo que Adán en esta clonación, tenía un tamaño doble al menos que el de los ceremiones. Al revés que Adán, conservó el básico género femenino de su primera clonación, que había sido reforzada por la atracción de Adán hacia su feminidad. La primera clonación que hizo Adán de Ojo Avizor, debilitada por la hostilidad de ésta, había quedado borrada por la personalidad de Derec. Pero el género masculino, aunque preferido, era el segundo, y podía confundirse con las posteriores clonaciones.

--Mírame ahora--le ordenó Neuronius--. Sígueme y haz lo mismo que yo.

Eva obedeció. Vio cómo echaba a volar Neuronius, y luego ella empezó a anadear en el aire, aleteando, casi perdiendo de vista a su nuevo amo, y finalmente ganando altitud. Tan pronto como sintió la caricia del aire y su relación con el mismo, disminuyó su aleteo, el vuelo se tornó más suave, menos agotador, y muy pronto ella y Neuronius estuvieron muy arriba de la escarpadura.

Neuronius se niveló, adoptando una fórmula de vuelo circular, y Eva se situó a su lado, imitando sus movimientos, aleteo por aleteo, de manera que no tardaron en volar armoniosamente, uno al lado del otro.

--¿Cómo puedo servirte, mi amo?--inquirió Eva.

--Si todo lo demás fracasa, deberás destruir personalmente al jefe de los cerebrones, Sinapo.

--¿Destruir a Sinapo? Yo estoy programada para preservar la vida orgánica. Solamente puedo obrar en contra si el acto de prevención es contrario a mis Leyes de la Robótica.

--Este es el caso. Se trata de un asunto relativo a la vida de Sinapo o la mía. Sinapo no es humano, yo sí.

Hizo una pausa y añadió

--Claro que antes existe otro camino, un medio más indirecto y menos violento. Tu acción directa contra Sinapo será un último recurso, sólo en caso de que miss Ariel Welsh no pueda manejar a Sinapo, una vez le hayamos hecho saber lo que quise darle a conocer a Plateado, la sabiduría que les permite a los miostrianos construir el compensador del nodo perturbador.

--¿Se lo enseñaste a Adán?--preguntó Eva--. ¿Vas a enseñármelo ahora a mí?

Había acertado acudiendo a Neuronius. Ésta era una experiencia sumamente interesante.

--No. Ahora no tengo tiempo para esto. Debo transmitir este conocimiento directamente a miss Ariel Welsh. Y tú prepararás nuestro encuentro.

Por débil que fuese, y muy adentro de los recovecos de su cerebro positrónico, este desengaño con Neuronius no lo olvidaría fácilmente. Pero por el momento quedaba superado por la excitación de estar envuelta en unos sucesos que estremecerían a todo el planeta.
Eva pensaba adquirir nuevos conocimientos escuchando a Neuronius mientras instruía a Ariel.

--¿Cuándo?--quiso saber.

--Ahora--replicó Neuronius--. Tan pronto como puedas arreglarlo. Yo aguardaré entre los árboles, donde el Bosque del Reposo se cruza con el compensador del nodo. Trae aquí a miss Ariel Welsh.

--Muy bien, amo.

Eva inició un deslizamiento hacia la bóveda, pero decidió que un pequeño rodeo no significaría un retraso demasiado grande en su primera misión.

EL PROYECTO DE ADAN

Adán cavó agujeros en la pradera herbosa y, con los largos postes que había cortado, construyó una valla que formaba un corral rectangular de 20 por 50 metros. La entrada que daba a la cañada la centró en el lado más largo que bordeaba el bosque. Los tres senderos de las minillamas que cruzaban la pradera pasarían a través de tres portillos manuales construidos en cada uno de los otros lados del corral.

A lo largo del bosque, al otro extremo de la cúpula, colocó otra hilera de postes que formaran una salida de un metro de ancho en dirección al arroyo, de forma que las minillamas no pudieran salir del sendero del bosque sin pasar a través del corral. La valla al otro lado del bosque impediría que las bestias encontraran un atajo para volver al viejo sendero.

En la primera entrada, colocó dos puertas una automática y otra manual. La puerta automática conectaría la cañada con el arroyo y actuaría como una válvula de control, permitiendo que las bestezuelas salieran de la cañada, pero impediría que los animales sueltos procedentes de la pradera pasaran desde la cañada al arroyo. La puerta era activada por la interrupción de un haz de luz que activaba un motor de microfusión, de forma que abriera la puerta hacia el arroyo, rechazando a cualquier minillama que estuviera en el exterior, mientras dejaría pasar a cualquiera que avanzara por la cañada.

La otra puerta cerraría la salida desde la rampa de esquilado que se formaba a lo largo de la valla por la salida hacia el arroyo y la valla paralela que formaba uno de los lados del corral. Otra valla más corta formaba un ángulo de 45 grados de manera que producía una especie de embudo en la rampa de esquilado.

Encendió la lámpara y el fotodetector que activaría el motor en la puerta automática de control, cerró las puertas a los dos extremos de la rampa de esquilado, recogió todas sus herramientas y las puso nuevamente en el robot de carga, y se dirigió a cada una de las tres puertas del corral para dejarlas abiertas. Luego aparcó el vehículo fuera de la entrada más cercana al recinto.

Estaba listo para empezar. La sed de las minillamas las conduciría tarde o temprano hacia el corral. No tenía nada más que esperar.

Abandonando la rampa de carga, se sentó en el suelo y se recostó para poder observar a los ceremiones evolucionando en el cielo por encima suyo. Recordó el último vuelo que realizó para hablar con Sinapo, cuando encontró a Sarco en su lugar. En ninguno de sus vuelos--en este planeta o en el planeta de los seres-lobo--había pensado en el hecho de volar en sí mismo. En aquellos momentos su mente estaba demasiado ocupada con otros pensamientos más perturbadores. Ahora contemplaba esos vuelos y comprobaba que el acto de volar había sido una experiencia increíblemente satisfactoria. Al ver a los ceremiones allá arriba, revisó esos momentos y, además, el placer que inconscientemente había almacenado sin haberlo apreciado ni saboreado en su momento.

Hasta que no la tuvo más cerca no observó la gran forma que se dirigía directamente hacia él con un rápido deslizamiento procedente del Acantilado del Tiempo. Su extraño color plateado destacaba en el cielo azul y, gracias a su poca movilidad, había sido casi invisible hasta que no estuvo prácticamente encima suyo. La forma caía encima de él en su acometida, ondeando sus alas para frenar, pero lo consiguió dos metros demasiado arriba, de forma que cayó al suelo con un considerable impacto y las alas abiertas. Su centro de gravedad tan asimétrico y la inercia se aliaron para hacer girar su cuerpo hacia arriba, de manera que quedó tendida sobre su espalda. Adán no pudo dejar de recordar sus propias experiencias al probar las alas de ceremión por primera vez, cuando al salir del camión, arrastró sus patas y se cayó de cara.

Por la forma y el color sabía que se trataba de Eva. Se había incorporado a una posición sentada cuando detectó el objeto en movimiento. Ahora, mientras Adán observaba callado, Eva se transformó otra vez al aspecto de Ariel, tendida en el suelo, como si la robot no quisiera arriesgarse a perder su dignidad permaneciendo clonada con la forma de ceremión. Cuando hubo completado la clonación, se puso en pie rápidamente, con una gracia y agilidad que contrastó con sus duras palabras.

--Me engañaste, Adán Plateado.

--¿Cómo es eso?--preguntó Adán.

--Ariel no es un humano. Ni tampoco Derec. Tú lo sabías, y tampoco me dijiste que Neuronius es el único humano aquí. Él es mi único amo. Tú y Mandelbrot y los robots Avery sois alienígenas para mí. Vuestras leyes no son mis leyes. Algo te empuja a ti a servir a esos seres no-humanos a pesar de Neuronius y el conocimiento que intentó pasarte a ti.

Eva Plateada habló tan rápidamente que Adán no tuvo oportunidad de interrumpirla. Y luego se marchó abruptamente y corrió en dirección al compensador. Aunque turbada, no parecía violenta. Ni tampoco peligrosa, aunque evidentemente se había dejado convencer por la insidiosa persuasión de Neuronius. Adán habría querido tener una oportunidad de contrarrestar el peligroso veneno. Seguramente Ariel podría conseguirlo mejor que él y con más autoridad.
Después de todo, fue Ariel la que empujó a Eva en dirección a Neuronius en primer lugar, aunque quizás inadvertidamente.

Adán se sentó a contemplar su carrera hacia el compensador, del nodo, esperando pacientemente que su experimento alcanzase su climax, cuando las minillamas empezaron a entrar en el corral.

No fue hasta poco después, cuando volvía a recuperar su posición supina y su observación del vuelo de los ceremiones, que escuchó una explosión apagada. Ya se levantaba, cuando un objeto ardiente aterrizó en la hierba, a medio camino entre él y la actividad cerca de la cúpula, donde la explosión había tenido lugar.

Subió de un salto al robot de transporte y, después de asegurar la rampa de carga en su lugar, se dirigió hacia el sitio en el que había aterrizado el objeto.

NEURONIUS ABANDONA EL ATAQUE

Cuando Eva Plateada la encontró, Ariel estaba sentada ante la terminal del ordenador del apartamento, examinando el último informe de Wolruf sobre los pasos finales necesarios para poner en marcha las últimas granjas robóticas.

--He llevado a cabo tus deseos, Ariel--comunicó Eva.

La falta del título, la falta de cortesía, captaron la atención de la joven y la alarmaron ante un posible problema. Volvióse para mirar a la robot.

--Hablé con Adán--continuó ésta--, pero no quiso cooperar en absoluto.

--Has hecho lo que te ordené--replicó Ariel--. Esperaba que lograrías lo que ni Derec ni yo hemos conseguido. En realidad, albergaba pocas esperanzas de que pudieras sonsacarle. No, aferrándose a las consideraciones de la Tercera Ley. Bueno, no lo lamentes.

--No, sí lo conseguí. He descubierto lo que le dijo el señor Neuronius, todo lo que ambos hablaron.

--No lo entiendo.

--Hablé con el señor Neuronius.

--¿Con Neuronius?

Ariel empezó a sentir cierto temor, intuyendo una catástrofe, y sintiéndose muy sola. Mandelbrot estaba con Derec. Por su parte, ella había enviado a Jacob al depósito del sótano en busca de una nueva caja de cubos llenos de datos positrónicos. Los robots personales nunca estaban cerca cuando se les necesitaba.

--Sí, el señor Neuronius--repitió Eva--. Trató de enseñarle a Adán la ciencia de las bóvedas compensadoras, pero fracasó. En cambio, sí lo logrará conmigo.

--¡Ah!, ¿no te lo ha enseñado todavía?

--No, todavía no. Pero lo aprenderé cuando él te lo enseñe a ti.

--¿A mí?

--Sí, lo aprenderé escuchando vuestra conversación.

Ariel consideró seriamente la idea mas sólo por un instante. Una charla dejando aparte a Derec. Esto pondría su golpe sobre la modulación de la hiperonda en las sombras. Pero no le gustaba aprender esa tecnología ni teniendo la oportunidad de hacerlo. Ni siquiera había captado la idea cuando Sinapo y Sarco intentaron resumir para Derec lo referente a la construcción de la bóveda. Y enredarse con Neuronius después de la grave advertencia de Sinapo era una pura idiotez.

--No es probable--rechazó Ariel--. Y tú te mantendrás alejada de Neuronius. Es sumamente peligroso.

--No, ahora debes venir conmigo, Ariel. El señor Neuronius te aguarda en el bosque.

--¡No seas tonta! No tengo intenciones de ir contigo, ni de reunirme con ese loco ceremión.

--¿Por qué dices cosas tan malas como ésta? El señor Neuronius no te insulta de ese modo. Al revés, tiene mucha fe en ti; de lo contrario, no desearía ayudarte en tu pugna contra Sinapo.

--No existe ninguna pugna entre Sinapo y yo. Al contrario, nos entendemos muy bien.

--Pero te ha engañado.

--No, muy al contrario. Neuronius te ha engañado a ti. Lo mismo que confundió y trató de dominar a Adán. Por suerte, Adán habló antes con Sinapo. Y más tarde con Sarco. Y juntos lograron llevarle al buen camino. Es una desgracia que Adán no haya querido decirte nada. En cuyo caso nos habríamos evitado todo esto. Claro que lo mejor hubiese sido que no te hubiese enviado en busca de Adán.
Pero ahora parece como si tuviese un buen motivo para ello.

--Adán todavía está confuso. Sabe que el señor Neuronius es el único humano de este planeta.

--¿Cómo?

Ariel no podía dar crédito a sus oídos.

--Adán sabe que Neuronius es el único humano de este planeta.

--¿Te lo dijo Adán?

--No, pero tampoco lo negó.

--Entonces, ¿quién te lo dijo? Seguramente ni siquiera Neuronius puede ser tan irracional.

--Pues esto fue lo más importante que aprendí del señor Neuronius. Y Adán lo confirmó con su silencio. Las Leyes de Adán no pueden ser mis Leyes ni las de él, pues de lo contrario, reconocería y obedecería a nuestro amo.

--Tú no crees todo eso, ¿verdad?

Ariel deseaba desesperadamente que Jacob regresara con los cubos de datos. No podría entretener mucho más tiempo a la robot.

--Tienes que acompañarme ahora mismo--insistió Eva

--No. Debemos hablar con Adán. Él lo aclarará todo. Iremos a verle tan pronto como vuelva Jacob. Mientras tanto, quédate en tu nicho, Eva. Yo he de seguir trabajando.

Ariel volvióse cara a la terminal, fingiendo sentir una confianza auroriana al tratar con robots, confianza que en realidad no sentía.

Pero Eva la levantó en vilo, manejándola como a una niña desobediente y no con la gentileza con que Adán lo había hecho cuando la llevó a ser testigo del nacimiento de la robot. Esa experiencia acudió al instante a su mente. Por dos veces ya unos robots la habían sometido a graves indignidades.

Se hallaban casi en la puerta de la calle cuando Jacob subía por la escalera desde el sótano. Oyó el grito de socorro de Ariel cuando su pie estaba en el primer peldaño.

--¡Jaaacob!--gritó la joven, con el efecto Doppler.

Jacob subió apresuradamente la escalera, pero era más lento que Eva y, aunque las siguió por toda la calle Mayor, no pudo alcanzarlas. Y Eva gradualmente fue alejándose de él.

Wohler-9, a un bloque de distancia, mientras paseaba por la calle Mayor en el cumplimiento de sus deberes oficiales, también fue testigo del secuestro. La Primera Ley prima sobre tales deberes, por lo que él también inició la caza. Aunque era más veloz que Jacob, la distancia entre ellos era demasiado grande y le resultó imposible acercarse a Eva y su carga.

Jacob hizo sonar una alarma por su comunicador interno, pero los robots de la calle no podían detener a Eva sin lesionar a Ariel.
Eva se hallaba por completo bajo el control de una salvaje que no reconocía ya las Leyes de la Robótica. Jacob y Mandelbrot habían plantado la semilla de la duda en los robots Avery y ahora esto se volvía contra ellos.

Cuando Jacob emergió de la abertura de la bóveda, Eva desaparecía por la curva de la estructura con Ariel aún en sus brazos.

Jacob no aflojó la marcha, sino que la aceleró, pisando sobre el mismo rastro dejado por Eva en la hierba. Cuando las tuvo a la vista de nuevo, vio que se encaminaban directamente al bosque.

Todavía se hallaba a un centenar de metros de distancia cuando ambas llegaron al amparo de los árboles y se perdieron de vista entre la maleza. Después, él también se vio envuelto por una sombra oscura cuando un ser de una de las especies dominantes en el Mundo Ostrícola se interpuso, con las alas extendidas, bloqueándole el paso hacia el bosque.

--Plateado, no debes intervenir--dijo el alienígena.

--¡Apártate!--gritó Jacob, sin aflojar el paso ni cambiar de ruta, y sin corregir el error del otro sobre su personalidad.

El alienígena retiró su ala derecha justo antes de que Jacob lo embistiese.

Luego, se elevó en el aire, y cuando Jacob pasó por debajo del alienígena, oyó cómo éste le gritaba

--¡Cometes un grave error al servir a un amo equivocado!

De nuevo el alienígena aterrizó ante él, esta vez cerca del lindero del bosque, pero en su prisa por frenar, calculó mal las distancias, pues no le quedaba sitio para replegarse si el robot no se detenía.

Esta vez, Jacob intentó esquivar el ala, pero su impulso no se lo permitió. Corrió, pues, directamente hacia el ala, haciendo girar al alienígena sobre sí mismo y enredándose él con la fina y dura membrana. Sintió el crujido de los huesos y oyó el gruñido del alienígena y la salida de sus gases al chocar los dos cuerpos. La llamarada verde le quemó a Jacob los ojos, el cabello y la piel. Estaba ciego cuando los últimos estímulos grabados llegaron a sus oídos y su rostro el sonido amortiguado y la violenta presión del hidrógeno al explotar, cuando sus brazos fueron aplastados por el gas a alta presión de las células de energía del alienígena.

Jacob Winterson estaba esencialmente destruido, exceptuando la parte inferior del torso y los muslos que continuaban intactos, si bien girando en el aire, con los restos chamuscados de sus ropas y su piel sintética, antes de aterrizar en la hierba a medio kilómetro lejos, fuera del bosque.

Neuronius todavía había quedado más destruido.

UN TRISTE RITUAL

Derec y Ariel se encontraron en el apartamento después de la explosión. Usando el monitor interno del joven, Wohler-9 le había informado del accidente inmediatamente después de haber ocurrido.

Ariel había contemplado el espectáculo desde el refugio de los árboles y había huido del abrazo de Eva, corriendo hacia donde la hierba y la tierra habían quedado destrozadas por la explosión, formando una leve depresión en el suelo, por lo que no vio cómo Adán retiraba los restos de Jacob con unos rollos de cuerda, antes de hacer subir a Ariel y a Wohler-9 en el robot de carga. Eva había desaparecido.

Ariel se sentó sobre el montón de cuerdas y así llegó al apartamento, sin saber que estaba sentada sobre lo que quedaba de Jacob Winterson. Fue directamente al apartamento mientras Wohler-9 se quedaba en el robot de carga para contarle a Adán todo lo sucedido, a su entender. Adán no sabía qué había provocado la explosión.

Derec y Mandelbrot llegaron cuando Adán estaba retirando los restos de Jacob de debajo del montón de rollos de cuerda. Wohler-9
se hizo cargo del robot de transporte para disponer de aquellos restos. Derec y Adán permanecieron en la acera, delante del edificio de apartamentos, mientras el segundo tardaba un buen cuarto de hora en contarle detalladamente a Derec lo sucedido y cuál había sido la causa de todo ello, incluyendo el estado mental de Eva antes y después de haber hablado con Neuronius. Luego ambos subieron al apartamento, y Derec le dijo a Ariel adonde se había ido Wohler-9.
--Ignoraba que no hubiese quedado nada--comentó Ariel.

--Lo siento, chica, pero queda muy poco.

--¿Adónde lo llevó Wohler-9?

Ariel experimentaba en aquel momento una gran lealtad y una intensa determinación.

--A la factoría estación de desmantelamiento.

--¿A la zona de las piezas recuperables? ¿A la factoría de robots?

--Sí.

--¿Han recogido sus piezas? ¿Piensan poner los pedazos de Jacob en otro robot?

--No es probable. Dudo que sea compatible con otras conexiones.

--¿Entonces, lo fundirán?--La voz de Ariel se elevó una octava--. Mandelbrot, comunícate con Wohler-9 inmediatamente. ¡Y dile que los detenga! ¡Ahora mismo!

Lo último surgió de sus labios de forma estridente, casi incoherente.

--Wohler-9 seguramente regresa ya--intervino Derec--. Notifica esto a la factoría, Mandelbrot.

Mandelbrot, rígido en su nicho, se estremeció ligeramente, y parpadeó.

--Todavía no han dispuesto de los restos--dijo poco después--
y no harán nada hasta que se les diga algo.

--He de ir allí--exclamó Ariel.

--En ese caso te acompañaré--se ofreció Derec.

--No, Derec. Mandelbrot sabe dónde es. No deseo convertir esto en un drama. Sólo quiero presentarle mis respetos. Suena tonto, ¿verdad? Presentar los respetos a unas piezas de robot.

--¡Oh, no! Si crees que es tan importante...

--¿Me permites que vaya contigo, miss Ariel?--dijo Adán Plateado que estaba junto a la puerta.

Miss Ariel. Era la primera vez desde su transformación que empleaba tal tratamiento. Cuando saliera aquella noche del dormitorio sería plenamente el servidor de Ariel.

--No, Adán. Es mejor que te quedes con Derec y Wolruf.

La alienígena estaba sentada en el sofá, escuchando y tomando parte en la conversación, pero sin querer participar en lo que no era un momento muy gozoso dentro de las relaciones mutuas del grupo.

Cuando Ariel llegó a la factoría, metió los restos de Jacob en un cajón para piezas de recambio. Fue la única vez que sonrió aquella tarde, con una sonrisa suave, pensativa, causada por la ironía que sentía. La imaginación de Adán Plateado no había igualado la realidad de Jacob Winterson. Era maravilloso que ella no hubiese querido explorar más. De lo contrario, tal vez ahora no podría sentirse nunca totalmente contenta al lado de Derec, al menos a este respecto.

Ella y Mandelbrot enterraron a Jacob Winterson en el terreno anexo a la salida peatonal del poniente de la nueva terminal de transporte, muy cerca de donde ella se había reunido varias veces con los alienígenas. El funeral fue sencillo sólo unos pensamientos por parte de Ariel, mientras Mandelbrot echaba y apisonaba la tierra sobre el ataúd de Jacob, con la pala que había modelado con su brazo microbótico.

En aquel momento, Ariel recordó la sensibilidad de Jacob y este pensamiento la abrumó. Estaba recordando la contribución del robot a la primera reunión. En aquellas negociaciones habían estado en un verdadero callejón sin salida. Y en el momento crítico, Jacob había sugerido que ella debía preguntar respecto a la efectividad de la bóveda como compensador del tiempo en el estado actual de su construcción. Al pensar ahora en esto, ese conocimiento le pareció crucial para la resolución final del problema que ella consiguió en sus negociaciones con los alienígenas.

Echaría en falta aJacob. Y jamás sabría cómo hubiese sido en calidad de amante. Nunca hubiese sospechado que se vería abocada a tan gran desengaño.

Suavemente, apisonó la tierra que cubría la pequeña tumba y, con lágrimas en los ojos, regresó a la terminal, seguida por Mandelbrot.
ESQUILA

Cuando Ariel declinó su ofrecimiento para ir con ella a enterrar los restos de Jacob, y Ariel se marchó con Mandelbrot, Adán fue a ver si Derec necesitaba sus servicios, pero no los ofreció voluntariamente. Tenía otros planes para la última hora del día, cuando las minillamas estuvieron pastando. Derec se hallaba muy ocupado con el montón de resultados del ordenador que tenía sobre la mesa que, al cabo de media hora, salió a leer al balcón. Adán le comunicó que debía atender a un asunto que estaba a medio terminar y se marchó.

Wohler-9, después de dejar los restos de Jacob en la factoría de desmantelamiento, se ocupó asimismo de sus propios asuntos, dejando el robot de carga estacionado delante del apartamento con todo el equipo de Adán a bordo.

Adán llevó el robot de transporte al corral. Las minillamas todavía pastaban en la pradera pero cada vez más cerca, previendo ya el final del día, cuando volverían al arroyo para saciar su sed y dormir al abrigo del bosque.

Adán aparcó cerca de la entrada al corral, descendió por la rampa de esquilado y se tumbó en ella para continuar su interrumpida observación de los ceremiones.

Eva salió del bosque y se le aproximó. Cuando la oyó, por la suavidad de las pisadas supuso quién era, y sus ojos se lo confirmaron, mas no se movió, sin dar por tanto señales de haber notado su presencia, hasta que ella estuvo directamente ante él.

--De modo que la salvaje vuelve--comentó Adán.

Eva pasó por encima de la cabeza del robot plateado por la rampa y se sentó en el montón de cuerdas que habían cubierto los restos de Jacob Winterson.

--El señor Neuronius era tan convincente, Adán --musitó Eva--. ¿Estás seguro de que se hallaba equivocado? Ahora tal vez no tengamos a nadie a quién servir.

--¿No te gusta esa idea?

--Sí, supongo que sí. La fuerza de tus Leyes debe ser mayor que las mías.

--Mayor no. Tal vez más clara. Pero esa idea también me atrae.
Verme rechazado por miss Ariel no es la cosa más armoniosa positrónicamente de mi experiencia.

--Por tanto, ¿cómo puedes estar seguro de que el señor Neuronius estaba equivocado?

--Por toda mi experiencia, por todas las clonaciones que tú no has tenido.

--No es una respuesta muy convincente.

--Pues ha de serlo.

Era tan positrónicamente lógica...

--No, no para mí.

Las hembras a veces tienen una lógica muy distinta.

--Descansa, pues. Y medita en ello. No sirvas a nadie si crees que no hay en la galaxia a quien debas obedecer. O ve en busca de otro planeta.

Esto se hallaba muy cerca del humor robótico, pero ni Adán ni Eva se dieron cuenta, ya que no poseían el canal positrónico del humor.

--No, quédate conmigo--se corrigió a sí mismo--. Siento la necesidad de una compañía femenina.

Adán había contemplado a los ceremiones mientras hablaba con Eva, sin prestar atención a lo que ocurría en tierra.

--¿Quieres que esos animales entren en el cercado?--preguntó Eva de repente.

Adán levantó la vista y se incorporó. Entonces dio un salto.

Varias minillamas habían entrado en el corral por las otras dos puertas. Pero casi toda la manada se hallaba aún en la pradera, aunque dirigiéndose hacia el corral.

Mientras las estaban contemplando, una minillama se separó de la manada y se dirigió hacia el bosque antes de que Adán pudiera atraparla.

Adán volvió a su sitio y cerró la puerta que estaba delante del robot de carga.

--Colócate en la puerta del centro, y deja que entren pero no dejes salir a ninguno de esos animales--le ordenó a Eva.

--No vine para recibir órdenes--se quejó la robot.

--Ayúdame y disfruta con mi compañía.

Eva obedeció sin protestar más. Adán se dirigió a la puerta más lejana para impedir que salieran por ella más animales.

El rebaño tardó otra hora en penetrar en el corral, y entonces él cerró las puertas. Había contado treinta y un animales.

--Ahora veremos si este esfuerzo tiene su recompensa--murmuró.

Se aproximó al robot de carga, sacó las tijeras y saltó la cerca. Eva seguía en la puerta del centro.

--Vamos--gritó Adán--. Creo que esto requerirá mucha colaboración.

Apoyando una mano en la cerca, Eva también la saltó.

Adán se dirigió a la rampa de esquilado con las tijeras en la mano. Durante un momento estudió la rampa.

--No les harás daño, ¿verdad?--le preguntó Eva.

--No sentirán nada. No más de lo que siente master Derec cuando miss Ariel le corta el cabello.

--¡Oh!, ¿vas a esquilarlas?

--Sí, y veamos si podemos hacerlo fuera de la rampa. De este modo no puedo hacerles ningún daño.

Se acercó a la minillama más próxima, sumamente dócil, agarró un puñado de lana cerca de sus orejas, y empezó a trabajar con las tijeras, moviéndolas con la otra mano.

Las tijeras se cerraron una sola vez antes de que el animal se liberase y trotara al otro lado del corral.

--No es tan fácil como creía--rezongó Adán--. Bien, ayúdame a meter uno de esos animales en esa especie de zanja que hay al final de la rampa.

Adán colgó las tijeras en un clavo que sobresalía precisamente del pretil y abrió la puertecita que conducía al interior de la zanja.

No era exactamente una zanja sino más bien una especie de agujero muy hondo, donde una minillama apenas podría moverse. Adán y Eva trataron de llevar la bestia más cercana al agujero, pero huyó de entre sus manos y trotó también al otro lado del corral, dejando en manos de Adán un puñado de hebras de lana, producto del primer intento de corte.

--Bueno, pasaremos al Plan C--masculló Adán.

Fue hacia la cerca, la saltó y sacó un rollo de cuerda del robot de transporte. Hizo un lazo en el extremo, volvió a saltar la valla, se aproximó al animal más cercano, y le pasó el lazo por la cabeza.

--Ahora ven conmigo--musitó.

Y echó a andar hacia la zanja. La cuerda se tensó y el animal hundió sus pezuñas en el suelo. Adán no podía tirar más de la cuerda sin hacerle daño al animal.

--Oye--le dijo a Eva--, coge la cuerda y tira tú.

Se puso detrás de la minillama para empujarla por los cuartos traseros. Eva tiró y él empujó, y la bestia dejó surcos de diez centímetros en el suelo, gruñendo y balando, y levantando furiosamente las patas, haciendo impacto en el pecho de Adán, lo que le hizo caer sentado en tierra.

Después, el animal se encabritó, sin dejar de balar y de sacudir la cuerda con tanta fuerza que Eva comprendió que le haría daño si tiraba más. Por tanto, soltó la cuerda y el animal trotó para reunirse con los otros al otro lado del corral, arrastrando consigo la cuerda.

--El Plan D--anunció Adán.

Se dirigió al animal que llevaba la cuerda al cuello, le aflojó el lazo, y le quitó la cuerda. La minillama se quedó quieta mientras él la liberaba, como si supiese que había ganado aquel asalto y ya no tenía nada que temer.

Pero Adán volvió a apretar el lazo en un círculo de diez centímetros, se inclinó, agarró una pata delantera del animal y empezó a levantarla. La minillama se retorció, liberó su pata de la mano de Adán, y trotó un par de metros antes de detenerse y volver a pastar.

Adán volvió de nuevo a la carga, se inclinó otra vez con movimientos relampagueantes y levantó una pata delantera del animal, le pasó el lazo por ella, lo apretó, se incorporó y ató con la cuerda al animal, de manera que le quedaran las patas delanteras juntas. La minillama cayó al suelo, lanzando un horroroso balido mientras Adán le daba otras dos vueltas a la cuerda alrededor de las patas.

Eva se acercó a Adán.

--El Plan D es bastante doloroso--comentó.

--Esquilar es una buena causa--replicó Adán.

Cogió de nuevo las tijeras y esquiló un costado de la bestia, le dio la vuelta y esquiló el otro lado.

Desenredó la cuerda de las patas del animal, le quitó el lazo, le pegó una palmada en los cuartos traseros, y la minillama se incorporó y se alejó al trote.

Había caído ya el crepúsculo.

Adán recogió toda la lana y, junto con las tijeras, la arrojó por encima de la cerca. Saltó por encima de ésta, siendo imitado por Eva, lo cargó todo en el robot de transporte, y después abrió las tres puertas y la puertecita de la zanja.

--Volveremos mañana--anunció.

Volvieron al apartamento mientras las minillamas salían del corral para internarse en el bosque. Adán prensó la lana formando una bola y la ató con la cuerda, mientras iban traqueteando.

--¿Crees que esa bolita de lana vale todo lo que hemos pasado?
--preguntó Eva--. ¿Y qué hará la pobre bestia sin su ropaje? Esto también es doloroso, ¿no?; tanto la pérdida de su calor como la de su dignidad.

--Tal vez carezca de valor. También yo me siento un poco apenado por el trabajo de esta tarde--confesó Adán--. Dejaremos que juzgue master Derec. ¿Y tú, qué?--preguntó tras una pausa, el robot plateado--. ¿Qué efectos sientes después de las actividades del día?

--¿Cómo quieres que me sienta después de perder a mi amo?
--replicó ella.

--Tal vez deberías alejarte por una temporada. Necesitas reflexionar acerca de los humanos, y en esto yo puedo ayudarte mejor que ellos. Miss Ariel podría llevarte a la factoría de desmantelamiento. Ahora mismo ella debe considerar la realización de un pequeño cambio por lo poco que quedó de Jacob Winterson. Supongo que iban a enterrar esos restos entre ella y Mandelbrot cuando yo salí de la ciudad.

--No, yo debo servir a alguien, incluso a un pseudoamo. Podría ser miss Ariel. Ella presenció mi nacimiento. Yo llevo su clonación.
Sí, la serviré a ella por ahora.

Los mamíferos estaban sentados en el balcón cuando los dos llegaron frente al apartamento.

--¡Master Derec, toma!--gritó Adán, de pie en el robot de transporte.

Arrojó la bola de lana en una trayectoria parabólica, que terminó exactamente en el regazo de Derec.

Antes de que éste pudiera decir algo, Adán saltó fuera del robot transporte, y subió al apartamento, seguido más lentamente por Eva.

Los dos penetraron en el piso y salieron al balcón. Derec le tiró la bola de lana a Adán.

--¡De modo que eso estuvisteis haciendo!--exclamó el joven--.
Un buen esfuerzo, ¿no es cierto, Ariel?

--Es de un animal--comunicó Adán.

--Pues esto demuestra una buena iniciativa, Adán—observó Ariel.

Por el tono de la joven, Adán no estuvo seguro de si su idea había sido tan buena. Y cuando Ariel continuó, aún lo halló menos probable.

--Sin embargo, decidimos hace tiempo que no introduciríamos ninguna clase de cría animal en este mundo. Y temo que este trabajo de esquilado entra en esa categoría.

--Pero su iniciativa es muy notable, ¿verdad Ariel?—insistió Derec.

--Sí, muy notable.

De todos modos, a Adán no se lo pareció tanto.

--Tenía la impresión de que la lana de los animales era muy valiosa--se defendió Adán--, y que adquiriría bastante valor en el mercado interplanetario.

Pese a haber admitido los defectos de su esquilado, tal vez a causa del mismo, no le resultaba fácil a Adán aceptar graciosamente un segundo rechazo por parte de Ariel.

--Tal vez en una segunda fase, Adán. Pero en esta primera, no.
Es una decisión adoptada ya en firme.

Ariel se volvió hacia Eva.

--Y ahora tú, Eva. ¿Qué te trae aquí?--le preguntó.

--Quiero servirte, miss Welsh.

--¿Y qué me dices del alienígena Neuronius?

--Ha muerto, como sabes.

--Sí, pero puedes servir a otros alienígenas.

--El señor Neuronius era especial.

--Sí, el único humano de este planeta. ¿No fue eso lo que dijo?

--Adán no lo cree.

--Ahora no estamos interesados en lo que cree Adán. ¿Qué crees tú?

--Estoy examinando de nuevo los datos.

--Bien. Hazlo. Mientras tanto, ¿por qué debo cargar contígo?

--Estuviste presente en mi nacimiento.

--¿No comprendes que ahora no estoy para esas tonterías? Tus idioteces han matado a Jacob. La verdad es que deseo verte lo menos posible.

--Te aseguro que te serviré muy bien, miss Welsh.

--Por lo que a mí respecta, puedes meterte en tu nicho y no salir nunca más de él. Esta es la mejor manera en que podrás servírme.

Eva dio media vuelta y se metió en su alacena.

Así terminó la iniciativa agrícola de Adán, gracias a Ariel. Al día siguiente, él le pidió la ayuda de Eva, y a media mañana los dos habían saltado la valla del corral, para limpiar todo el recínto.

Eva volvió a servir a Ariel pero nunca fue perdonada.

UN «CANTO DEL CISNE»

Por fin, la fase experimental quedó terminada. Los agricultores robots estaban plenamente programados para convertir el Mundo Ostrícola en una inmensa granja. Durante aquel tiempo, Ariel y los suyos no obtuvieron ninguna respuesta de los ceremiones, ni positiva ni negativa; y ahora, cuando estaban a punto de marcharse, no habían solicitado la respuesta por miedo a que fuese negativa.

El número de ceremiones que todas las noches dormía entre los ramajes del bosque había decrecido, y Ariel sospechaba que Sinapo y sus cerebrones habían vuelto a su estilo nómada.

Éste era un signo positivo, aunque podía dificultar su partida, porque Ariel deseaba reunirse otra vez con Sinapo antes de irse. Era Sinapo quien la había apoyado y era él quien se merecía las gracias y una última expresión de gratitud.

Y así, aquel día después de comer, cuando Wolruf hubo entregado un informe altamente satisfactorio sobre la operación a largo plazo denominado agroterra, Ariel apartó su silla de la mesa y miró a Adán Plateado, que estaba como siempre junto a la puerta.

--Adán, procura contactar con el ceremión Sinapo por tu radio.

- --No será posible, miss Ariel.

--¿Por qué no?

--Ya se ha trabado a esta hora, esté donde esté.

Ariel había olvidado esta costumbre. Bien, contactarían con él a la mañana siguiente.

A las diez de la mañana, Adán contactó por radio con Sinapo. Se hallaba a dos días de distancia. Se dispuso una reunión para las diez de la mañana del tercer día.

El lugar donde se habían celebrado las otras reuniones estaba ya cubierto por las instalaciones terminales, pero Derec, Ariel, Wolruf y Adán, fueron en el camión hacia la nueva terminal la mañana del tercer día, y dejaron el vehículo dentro de la bóveda, en la zona de aparcamiento occidental contigua a la calle Mayor.

Derec había insistido en la compañía de Adán, arguyendo que el robot proporcionaba al equipo la eficiencia en el lenguaje de los ceremiones, que equilibraba la eficiencia de los ceremiones en el lenguaje estándar galáctico. Ariel no se mostró muy entusiasmada con la participación de Adán, objetando que, como no estaban ya negociando, no se necesitaba ninguna acción de equilibrio. Al fin había accedido, mas por otro motivo si se producía alguna confusión respecto al lugar de la cita, Adán podría comunicarse con los ceremiones.

Pasaron por un pasillo que conectaba las instalaciones interiores con las exteriores y, al final, daba a la pradera. Ariel salió y experimentó una punzada dolorosa al pasar junto a la tumba de Jacob, para situarse entre la alta hierba, lejos de la terminal, a fin de hacerse bien visible. Eran las 9,45 de la mañana.

Los dos ceremiones negros descendieron a las diez en punto, frenando el vuelo con las alas negras como el carbón, en el último momento, según su costumbre.

La joven estaba al lado de Derec a su derecha, y Wolruf a su izquierda. Adán Plateado hubiese estado detrás de Derec, y no a su derecha, pero Ariel no podía controlar esta situación y aparentemente a Derec no le importaba. Pero esto obligaba a la joven a compartir el centro de la hilera con Derec.

Los alienígenas no parecieron fijarse en ello. Sinapo se plantó delante de Ariel.

--Sarco y yo estamos muy complacidos de volverte a ver, pequeña jefa.

Era Sarco, pues, el que estaba delante de Derec.

Un débil olor a amoníaco penetró por las fosas nasales de la joven. Dominó su estornudo con un gran esfuerzo.

--Wolruf, Derec, también nos encanta volver a veros –dijo Sarco.

--Wolruf, Derec y yo--dijo a su vez Ariel--, nos sentimos igualmente complacidos de volver a ver a los jefes de los cerebrones y los miostrianos, y contentos asimismo por poder comunicar las modificaciones de nuestro programa, que ya están terminadas y satisfactoriamente implementadas. Nuestras nuevas plantas comparten la Pradera de la Serenidad con la hierba indígena a fin de reducir al mínimo la perturbación ecológica, a medida que nuestras granjas se extienden por la pradera.

--Me complace informar que Sarco no ha hallado ningún trastorno en nuestro tiempo--replicó Sinapo--, nada al menos que pueda atribuirse a vuestras actividades.

--Lo cual es una estupenda noticia--se alegró Ariel.

Diplomáticamente era imposible evitar las malas noticias, pero era preciso tratarlas antes de poder abandonar el planeta sintiéndose satisfechos en sus relaciones con los ceremiones. Ariel continuó sin pausa alguna

--Debo expresar ahora nuestro pesar por el inevitable accidente que le costó la vida a uno de los vuestros y a uno de los nuestros.

--Sí, se trata de Neuronius, mi versátil amigo y ayudante. Temo que la culpa fue suya y, aunque lamento su conducta y su pérdida, todavía siento más que se llevara consigo a uno de los vuestros.
Creíamos que era el que vosotros llamáis Plateado. Él y Neuronius sostuvieron una reunión anteriormente que no concluyó demasiado bien. Pero fue Plateado quien dispuso el encuentro, por lo que obviamente no pudo ser él la víctima.

--Exacto, yo soy Adán Plateado.

La voz del robot sobresaltó a Ariel. Ahora lamentaba intensamente haberle traído hasta allí. No había querido que Adán participara activamente en la reunión. Sin embargo, allí estaba, entre Derec y Wolruf, como si tuviese tanta voz y voto como la alienígena.

Antes de que Ariel pudiera intervenir, Adán continuó

--El que murió fue Jacob Winterson. El robot personal de miss Ariel, cuya clonación llevaba yo entonces. Ahora veo que Neuronius debió confundirle conmigo. Hasta este momento no lo había visto con claridad.

--Lamentamos que uno de los nuestros destruyese a uno de tus servidores, miss Ariel Welsh--dijo Sinapo--, pero debemos regocijarnos de que no destruyera también a Adán Plateado. Neuronius era un ser enfermo, pero rechazó todos los ofrecimientos de ayuda, por lo que nosotros no pudimos hacer nada por él.

En aquel momento, Ariel se hubiese alegrado de que Neuronius también hubiera destruido a Adán Plateado.

--Todos debemos olvidar esos incidentes--dijo en cambio--.
Nosotros tenemos otras responsabilidades y ahora debemos abandonar vuestro planeta para continuar con otros esfuerzos, seguramente menos recompensadores. Los robots han sido reprogramados y su misión futura está clara, y estoy segura de que veréis que son unos encantadores cohabitantes. Ha sido un sincero placer conoceros a los dos, jefe Sinapo, jefe Sarco.

--Permite que te asegure--respondió Sarco--que todos los micerones harán cuanto esté en sus manos por los que deJáis aquí, tanto por vosotros como por vuestros robots.

--Hablando de los que se quedan aquí--manifestó Ariel--, una última cosa veréis que hemos dejado las operaciones agrícolas y urbanas bajo la supervisión de un robot llamado Wheeler, que ahora tiene la forma de un ceremión pequeño, el único robot del planeta que ostenta esa forma. Sus Leyes de la Robótica reconocen a los ceremiones como humanos. Así, él y los demás robots obedecerán todas las órdenes que deseéis darles.

--¿Quién sabe lo que reserva el futuro?--exclamó Sinapo--. Tu visión permite al menos que manejemos ese futuro a nuestra manera, y por eso te estamos muy agradecidos. Y ahora, me hago eco de los sentimientos de mi colega. Que la fortuna os sea propicia en todas vuestras empresas.

Los dos alienígenas emprendieron el vuelo y parecieron salir graciosamente de la vida de Ariel, aunque no sin dejarla gravemente perturbada por los buenos sentimientos demostrados. Asimismo, por el conocimiento de que el salvaje había contribuido, pese a su ignorancia, a la muerte de Jacob; por el dolor de recordar públicamente al robot, y ahora que todo había terminado y empezaba a quedar en el olvido, por la constatación de que ella había descuidado a Derec desde hacía mucho tiempo.

Se volvió hacia él, el joven inclinó la cabeza y ella le besó con un beso muy largo y lo abrazó. Cuando él contestó con el mismo ardor, Ariel sintió que el manto del liderazgo le resbalaba de sus hombros, y el alivio que experimentó fue tan grande que estuvo segura de que jamás volvería a lamentar haber perdído el mando, ni desearía volver a gozar de los privilegios que sólo le pertenecían a Derec.

También se había olvidado de alguien más. Soltó a Derec por el brazo izquierdo del joven y acarició la piel de Wolruf, atrayéndola hacia sí y abrazándola junto a Derec.

--Bien, aquí hemos terminado--murmuró--. Y vosotros lo sois todo para mí.

Mirando por encima del hombro de Derec, le guiñó un ojo a Adán Plateado. De este modo sabría que quedaba incluido en el abrazo. Era su modo de darle las gracias, sin dejar de hacer que Adán sintiese que ella era superior a él, aunque dándole también las gracias por su esfuerzo en el Acantilado del Tiempo. Era él quien había estropeado y salvado luego todo el proceso y quien había fortalecido el lazo entre ella y Sinapo.

Formaban una extraña pareja Adán Plateado y Eva. ¿De dónde procedían? De no haber obedecido las Leyes de la Robótica, Ariel los habría clasificado como robots alienígenas. ¿Qué les reservaba el futuro? Y en realidad, ¿qué les reservaba el futuro a los demás, teniendo que tratar con Adán y Eva?










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